viernes 09 de diciembre de 2022
COLUMNISTAS El fenómeno "Argentina, 1985"

Un aporte a la memoria

08-10-2022 23:55

Todas las obras artísticas sobre hechos históricos, libros, documentales, películas, etc., resignifican su dimensión y conducen a la construcción de la memoria. Nuestra visión de los hechos del pasado se encuentra, en buena medida, atravesada por la narración ulterior que han hecho los historiadores, el cine, la literatura. La película Argentina, 1985 es un aporte importantísimo a la memoria colectiva respecto de un hecho fundamental de nuestra joven democracia: el juicio a las juntas militares.

Además, se trata de una obra argentina que ya obtuvo reconocimientos internacionales y fue seleccionada para representar al país en el máximo galardón de la industria. La respuesta del público es impresionante, los cines donde se exhibe agotan localidades y es objeto de comentarios elogiosos en todos los ámbitos.

Por cierto, se trata a mi juicio de una muy buena película. La realización técnica es impecable, al igual que las interpretaciones, la recreación de la época refleja la ambigüedad de un clima que va de la esperanza a la incertidumbre por el futuro. En los primeros pasos de una todavía frágil democracia nada estaba asegurado.

Es muy justo el homenaje a una figura como Julio Strassera, y a su adjunto, Luis Moreno Ocampo, quienes tuvieron la difícil tarea de impulsar la acusación. La tarea que llevó adelante la fiscalía fue excepcional, con la ayuda de un grupo de entusiastas jóvenes con gran compromiso con la Justicia, seleccionaron entre los legajos de la Conadep los casos concretos que se iban a imputar a los ex comandantes. El inigualable alegato final de Julio, encendido y conmovedor, constituye ya una pieza de oratoria dentro de la historia argentina.

La película reivindica la importancia trascendente que tuvo el juicio a las juntas militares en la transición democrática. Describe las dificultades del momento, las amenazas de un poder militar todavía intacto y exhibe la enorme tarea que significó hacer el juicio de manera casi artesanal. Repárese que eran los tiempos de las ruidosas máquinas de escribir manuales, que utiliza Ricardo Darín en varias oportunidades, de los grabadores de casete, de los carbónicos. No existía internet, las redes, ni los celulares.

Se trata de una película comercial y de ficción, por lo que no es exigible a los guionistas rigor histórico. Tenían que contar una historia que mantuviera contactos con lo que pasó, que a la vez fuera atrayente, que tuviera momentos de intriga y de drama.

En mi opinión, un mayor apego a la realidad quizás hubiera proporcionado mejores elementos de tensión que los que la mente de los autores colocaron en la historia. También se critica a la película haberse centrado exclusivamente en los fiscales, sin destacar más el rol fundamental del presidente Raúl Alfonsín en el enjuiciamiento, la labor de la Conadep, y haber omitido mencionar los indultos posteriores.

Todo eso es cierto. Nada hubiera ocurrido sin la decisión audaz de Alfonsín de impulsar la realización de un juicio inédito, que permitió que la transición se construyera sobre el principio de no impunidad de los poderosos, de respeto a la ley y al Estado de Derecho. La enorme tarea de la Conadep, primera comisión de la verdad del mundo, fue particularmente importante para la tarea de la fiscalía, y quizás se pudo enfatizar más ese aspecto. Pero no estamos frente a un documental, sino a una película, repito, de ficción que cuenta la historia del fiscal del juicio a las juntas militares, recreando el difícil contexto en que este proceso fue llevado a cabo.

El interés que despierta el film en el público quizás obedezca a la necesidad de evocar un episodio de características épicas, en el que los argentinos pudimos concretar un hecho que genera admiración y reconocimiento en todo el mundo. Nadie había llegado tan lejos. Uno de los pocos casos en los que se pudo arribar a un consenso transversal, que se tradujo en el repudio a la violencia política y a los Golpes de Estado. La película nos hace reflexionar sobre el fuerte contraste con la época actual, de posiciones irreductibles, confrontaciones extremas y desacuerdos que parecen irreconciliables.

Otro tanto ocurre con la situación de la Justicia. En el año 1985 la credibilidad en el sistema judicial alcanzó los niveles más altos de aprobación popular. Se había satisfecho la demanda de justicia a través de un proceso inobjetable. Las diferencias con la actualidad también aparecen insoslayables. Infortunadamente esa confianza descendió de manera preocupante. No puede funcionar una democracia sin justicia.

Bienvenida entonces Argentina, 1985 que nos permite consolidar la memoria y reflexionar sobre el pasado para avanzar hacia un futuro mejor.

*Abogado. Ex integrante de la Cámara Federal que juzgó a los ex comandantes.