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COLUMNISTAS / poetas
sábado 7 septiembre, 2019

Un Astroboy nacido en Almagro

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por Fabián Casas

default Foto: CEDOC

Alberto Girri nació en 1919 y se lo considera parte de la generación del 40. Pero como dice Joaquín Giannuzzi: “Hay algo en uno que no encaja en nada”. Girri no encajaba en ninguna generación, no tenía el paraguas protector de un movimiento poético.

Estudió Filosofía y formó parte del grupo Sur, pero siempre trabajó solo. Vivía en un pequeño departamento frente a la Plaza San Martín y solía tomar sol en ella, obteniendo un tostado natural, no como el de Mariano Closs que es producido por lámparas. Para Girri, Borges fue un escritor fundamental, el que le prestó una sintaxis a partir de la cual él iba a empezar a escribir sus poemas extraños, como si fueran los pensamientos melancólicos de un robot budista, un Astroboy nacido en Almagro.

Borges fue una vez lapidario con él: “Alberto Girri, ese poeta que se lo olvida a medida que se lo lee”, dijo. Si embargo, bien mirada, esa crítica puede ser un elogio supremo. Partiendo del romancismo especulativo de sus primeros libros –desde Playa sola (1946) hasta Escándalos y soledades (1952)–, un poderoso programa poético surge por primera vez en su libro El ojo (1963). Ascetismo, precisión, falta del yo poético y cierta sintaxis arrevesada que hace que uno tenga que volver a leer el poema una y otra vez hasta llegar a comprenderlo.

Alberto Girri es de esos poetas que necesitan tener un stalker que nos ayude a avanzar entre sus versos. A veces, uno lee el poema y siente que no le pasó nada, pero –como el famoso golpe que aplica Beatrix Kiddo en Kill Bill– el efecto es retroactivo y uno ya abandonó el poema y puede estar haciendo otra cosa cuando la conmoción del golpe de Girri llega y cambia la percepción, la expande.

Este poema, “Cuando la idea del Yo se aleja”, es el que inaugura un período extraordinario de la poesía de Alberto Girri y de cualquier poesía escrita en el mundo: “De lo que va adelante/ y de lo que sigue atrás/de lo que dura y de lo que cae/ me deshago,/ abandonado quedo/ al fuerte soplo/ del suave viento/ y quieto las espaldas/ puestas las manos hacia arriba/ apoyo en el suelo/ corazón/ Abjurando de armas, faltas/ de oraciones donde borrar faltas, blando organismo, entidad/ que ignora cómo decir: ‘Yo soy’/ y en la enfermedad y la muerte/ vejez y nacimiento/ ya no encontrarán lugar,/ como no lo encontraría el tigre/ para meter su garra/ el rinoceronte el cuerpo/ la espada su filo./ Antes hacía, ahora comprendo”.


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