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Un avión para cruzar la puerta

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Esa tarde aún no había escrito una línea y ellos comenzaron a tocar Perdido. En una parte, la letra dice: “... No me importan las noticias/ yo no sé quién mierda va a ganar/ te doy todos mis colores/ si encontrás/ un símbolo de paz(...) justo que estaba/ justo que estaba/ perdido acá”(...) tengo miedo del río/ que me vaya a tragar/ y alguien te pide/ por favor/ no te vuelvas normal...”.
En el cuarto contiguo ensaya la banda Nidos. Llevamos casi tres años compartiendo el lugar. Unas cuatro horas cada día. Los he visto y escuchado crecer, como personas y como músicos. Son serios, creativos, apasionados, admiradores de Charly, de Spinetta, de Cerati. Convocan a cientos de seguidores allí donde tocan. Acaban de grabar y editar su segundo disco: Un avión para cruzar la puerta.
A veces dejo de escribir y canto, bajito, algunos temas: “Estamos algo cansados/ de tener que escuchar/ todas las boludeces/ que se dicen acá...”. Esa se llama Vayámonos.
Sigue así: “Si hacemos lo que nos dicen/ vamos a terminar/ colgados de las pelotas/ por una puta verdad...”. Hay una palabra que aparece, como reclamo, en un tema de cada disco: “Paz”.
Como verdaderos artistas que son, vinculados en cuerpo y alma a lo que pasa, a la ciudad y al país en el que viven, interpretan y expresan, aun sin proponérselo a –¿parte de?–una generación. Se verá, se sabrá. Cada tema revela imágenes potentes. No hablan sólo de las relaciones conflictivas propias de su edad (promedio 22 años). Están ahí, con buenas voces, con buena música, desgarrándose, comprometiéndose, opinando, acompañando el grito de dolor con violentos cierres rockeros ante las tremendas injusticias sociales.
Los escucho de fondo, ahora. En Donde están los muertos, tema del primer disco, preguntan: “¿Donde están los muertos?/ salgan de la tierra/ vengan a mirar lo que hemos hecho (...) vuelvan por un rato/ quiero verlos viendo lo que veo (...) Nadie tiene nada/ pocos tienen todo (...) sangran las montañas por la espalda...”. ¿Hablan de los desaparecidos? ¿De los invisibles, de los abandonados en Chaco, en Formosa, en las villas de Rosario, de Buenos Aires, de los doce millones de pobres, de los miles de pibes que no tendrán educación ni destino?
“Sangran las montañas por la espalda”, dicen, un año antes de que la Barrick reconociera al fin que envenenaron el agua en la mina Veladero de San Juan. La metáfora de las montañas apuñaladas por la espalda denuncia, además, la traición de los gobernantes cómplices, sobornados por las empresas dispuestas a saquear recursos minerales de la cordillera hasta dejar cáscaras vacías como el cerro Potosí en Bolivia. En el tema que da título al segundo disco, advierten sobre la ambición descontrolada. Dicen: “Vos sabés/ no van a parar/ van a querer un avión/ para cruzar/ la puerta (...) Si alguna otra vez/ quizá fue demasiado/ haber creído que eran seres humanos (...) vos sabés/ no van a parar/ no van a parar/ y van a querer un avión para cruzar...”. La escucho y veo a Mariano Recalde, presidente de Aerolíneas, aterrizando en Plaza de Mayo el avión en el que viajan los contratados de La Cámpora para la liberación.
Les recomiendo el final de ese segundo disco (Un avión para cruzar la puerta), que se va a difundir por internet en pocos días más.
Hacen un mix entre ese tema y uno del primer disco, ¿Dónde están los muertos?, de tal modo que uno, entremezclado con el otro, estalla en significados. Es un final enérgico, emocionante, conmovedor, que provoca la reacción del oyente y anticipa... ¿qué?
 El viernes 16 de octubre, Nidos toca en el Konex junto con otra gran banda, Barco. Si pueden acercarse a escucharlos, suma también a la imagen el cuerpo que le ponen en escena. Por último, no va a faltar el que señale en los foros que escribí esto porque uno de mis hijos integra el grupo. Es verdad, de otro modo no los conocería tanto, pero la filiación no añade ni quita mérito. Se dio así, tal como está escrito.

*Periodista.

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