viernes 24 de septiembre de 2021
COLUMNISTAS
28-07-2013 05:47
28-07-2013 05:47

Un líder carismático

28-07-2013 05:47

Francisco es una figura compleja en la que convergen las tres formas de autoridad: tradición, burocracia y carisma. En su caso, no son sino aristas de una misma imagen asociada por buena parte de la feligresía –y por muchos de quienes no adhieren a ella–, tanto al cambio como a la utopía verosímil de una nueva Iglesia. La convivencia de esos modos de autoridad, en apariencia contradictoria, responde a la lógica que rige la estrategia de la presentación pública del pontífice argentino. Por efecto de una heredada costumbre vaticana, sobre el Papa recae un tipo monárquico de liderazgo que lo ubica en la cima de un reinado que no reconoce las fronteras de los Estados-nación. Por ello, a través de la Jornada Mundial para la Juventud celebrada en Río de Janeiro, la Iglesia expresa una vez más su carácter ecuménico y transnacional así como su legitimidad política y simbólica en el terreno nacional e internacional. Esta asentada tradición que rige su organización es acompañada por un mandato burocrático sujeto a imperativos contextuales que condicionaron el lugar del Santo Padre como funcionario episcopal. Por ejemplo, las denuncias sobre casos de corrupción y abuso de menores por parte de miembros del clero en los que se produjo su asunción marcaron, al menos en un aspecto, su papado. Sobre ellas viene tomando medidas que lo vinculan con el ejercicio esperado de un agente de una estructura burocrática racional y legislada por normativas y procedimientos específicos. Por último, sin embargo, es la tercera forma de autoridad –la carismática– la que hace de él una personalidad heterodoxa en el paisaje eclesiástico. Puede decirse aquí que el carisma del Papa es producto de una triple articulación. La primera socava varias de las críticas referidas a la riqueza de la jerarquía, las cuales resultan ensombrecidas bajo un imaginario de pobreza que el Papa exalta en cada presentación. La segunda es su procedencia periférica; no sólo por ser latinoamericana, sino por su apostolado en barrios marginados. La tercera, en tanto, es la renuncia a la hiper-liturgización de la aparición pública de los sucesores de Pedro. Este carisma apuntala dos procesos que la Iglesia pretende enfrentar: los efectos inhumanos del capitalismo tardío que advierte a escala planetaria y la divulgación del mensaje evangélico bajo renovados modos de comunicación. Respecto al primero, es esperable que la Iglesia refuerce su presencia discursiva en el escenario económico internacional con el fin de acrecentar su lobby sobre la riqueza, comprometer a los Estados en políticas de inclusión social y humanizar el espíritu capitalista del lucro a través de una moral que denuncia como ajena al mundo de los negocios. En este orden, el Papa no dudó en decir en Río que “esta civilización se pasó de rosca” con el culto al “dios dinero”. Del segundo, puede esperarse una profundización de la presencia católica en la esfera pública a través de un cambio sustancial en la divulgación de su mensaje.


*Doctor en Antropología y experto en religiones.

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