jueves 26 de mayo de 2022
COLUMNISTAS crisis
04-03-2022 23:55

Una guerra en clics

04-03-2022 23:55

Con una demora que hace coincidir la agenda con la guerra en Ucrania, me llega desde Madrid una revista formidable del Centro Dramático Nacional. Es una publicación de antología que me produce envidia; entre nuestros teatros no hay nada similar. Un teatro público elige un tema espinoso y recoge impresiones de una veintena de artistas. Espinoso es una manera de decir; lo es solo para quienes hacemos teatro. Para el resto somos una manga de quisquillosos que se inventan problemas inexistentes para apaciguar la angustia de lo que se está gestando. El tema de la antología es la “autoficción”, una tendencia más bien oriunda de Europa, que, si bien viene estructurándose desde muchos costados performativos ya desde los 70, hoy encuentra quizás en el francouruguayo Sergio Blanco su exponente más definido y militante. La autoficción, definida poética y políticamente como un espejo de Narciso (el yo del autor es metido en situaciones ideológicas nodales ficticias), capaz de transformar la biografía del artista grande o chico en materia de relato, es coetánea de unos fenómenos paralelos, que no son lo mismo pero que se retroalimentan: redes sociales, donde el usuario arma su cuentito de vida en un recorte de fotos y experiencias (filtradas y predigeridas por moldes empresariales); youtubers reaccionando a cosas, donde lo que importa no es la cosa sino la reacción (casi siempre idiota) de quien construye el espectáculo; facebookeros que militan en política opinando sobre una matriz de odio, un oleaje que los precede y los hamaca.

Ya analizaremos pros y contras de esta práctica escénica que las redes achican y atontan; sin embargo –decía–, la superposición de tales ociosas lecturas con la guerra descarnada me ha hecho pensar en un cambio simbólico obvio. Recuerdo súbitamente los años de las bombas sobre Bagdad, que vimos con asombro por primera vez en vivo por TV. Ya en su momento nos parecía un horror editado: asistir a una guerra lejana en la pantalla y pasar de ella a otro programa cualquiera haciendo zapping. Pues ahora el cambio de signo es el de las fake wars, donde toda la información fáctica es amasada y distorsionada cada cinco minutos dondequiera que hagas clic. A veces hay bases de la OTAN en la frontera; a veces no las hay. A veces Rusia entra en Ucrania a zapatazos, a veces no está entrando. A veces Zelenski empuña una metralleta y mata a todos, a veces es una película y él, solo un comediante.

No estamos preparados para leer esta guerra que se pone en escena a sí misma como una autoficción, un monstruo que muerde su propia cola. Hay demasiados imperialismos y Gea se sacude algunos para restablecer el magro equilibrio. En realidad, no estamos preparados para ningún tipo de guerra, aunque estas signifiquen para el mundo capitalista unos negocios millonarios que sirvan para saltar la última crisis cíclica.

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