En el Capítulo XVIII (“Tensión y calma”) de su De la guerra, Carl von Clausewitz sostiene que en la mayoría de las campañas la acción siempre estará interrumpida por pausas en las que predomina el equilibrio, “donde no sólo se tienen en cuenta las fuerzas físicas y morales, sino todas las circunstancias e intereses”. Y corona su idea: esta distinción especulativa entre equilibrio, tensión y movimiento es esencial para la actuación práctica. Ideas muy útiles para hacer un recorrido crítico por los avatares políticos del programa nuclear de Irán.
La administración Obama ha dedicado en los últimos días una considerable dosis de recursos diplomáticos renovables para endurecer el régimen de castigos a Irán en el seno del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. El borrador de diez páginas que está circulando bascula desde la habilitación a que buques iraníes puedan ser inspeccionados en alta mar hasta la sanción a sus bancos. La secretaria de Estado Hillary Clinton anunció que no sólo Francia, el Reino Unido y Alemania acompañaban la posición de Washington, sino que el categórico texto recogía la cooperación de Rusia y de China (el llamado Grupo 5+1, conformado por los cinco países con poder de veto en el Consejo de Seguridad, más Alemania).
El presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad, no hesitó en empuñar el alfanje persa de su lengua. Al comenzar esta semana, durante un discurso televisado, se dirigió al presidente ruso, Dmitry Medvedev, quien, dijo, se había doblegado a la presión de Estados Unidos. “Si fuera el presidente ruso, al tomar decisiones sobre temas relacionados con una gran nación (Irán) (...) actuaría con más cuidado”, declaró. De inmediato, Serguei Prikhodko –asesor en política exterior de Medvedev– repuso que “nadie ha logrado nunca preservar su autoridad con demagogia política”. Según los analistas, se trata del mayor desacuerdo en años de dos de los más grandes productores de energía del mundo.
El borrador impulsado por Estados Unidos supone desautorizar en la práctica el acuerdo alcanzado el lunes 17 de mayo entre Irán, Turquía y Brasil, por el cual Ahmadinejad se comprometió a enviar 1.200 kilos de uranio enriquecido al 3,5% a Turquía, a cambio del reembolso de 120 kilos, pero enriquecidos al 20%, bajo supervisión de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA). La satisfacción del presidente de Brasil fue radiante: “Fuimos (a Teherán) para intentar convencer a Irán de que aceptara una propuesta de Turquía y Brasil de sentarse a la mesa de negociaciones y lo conseguimos”, dijo. Por el contrario, sin dejar de reconocer los “esfuerzos sinceros de Turquía y Brasil para encontrar una solución” al conflicto nuclear con el régimen de los mullahs, Hillary Clinton advirtió que no resolvía el desafío fundamental. “Hay una serie de preguntas que permanecen sin respuesta.”
Tal vez Clinton no estuviera pensando en interrogantes domésticos, pero lo cierto es que el Washington Post, en su edición del 21 de mayo, y bajo una fotografía que mostraba en el centro a Ahmadinejad, con Luiz Inácio Lula da Silva a su izquierda y el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, a la derecha, preguntaba a sus lectores: “¿No cree usted que esta foto indica que los aliados tradicionales de los Estados Unidos han decidido que no tiene costos alinearse con los enemigos de Estados Unidos?”. Para decepción de Lula, el mismo Barack Obama, que lo ungió con los óleos de ser el político más popular del planeta, decidió no viajar a Brasil antes de las elecciones presidenciales del próximo octubre. Por entonces, el “Tifón Clinton” ya había comparecido ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado y había tirado de la cuerda al congratularse en confirmar que existía un acuerdo sobre un borrador contundente con el aporte tanto de China como de Rusia. Es que, como escribió en el mismo Capítulo XVIII Von Clausewitz, “toda medida tomada en estado de tensión es más importante, más exitosa, de lo que sería la misma medida en estado de equilibrio, y esta importancia crece infinitamente en los máximos grados de tensión”.
Antes de aportar al borrador trashumante, el ministro de Relaciones Exteriores chino, Yang Jiechi, se había mostrado entusiasmado por el acuerdo iraní-turco-brasileño. El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Ma Zhaoxu, dijo que su gobierno esperaba que el acuerdo de intercambio de combustible “beneficie el proceso para resolver pacíficamente el tema nuclear de Irán a través del diálogo y las negociaciones”. Pero ¿por qué no entusiasmarse por un acuerdo y también por un desacuerdo? Todo remite a la literatura sobre la que se conforma la matriz de formación de sentimientos y de toma de decisiones. En El arte de la guerra, Sun Tzu escribe: “Cuando proyectes un ataque en los alrededores, aparenta que te dispones a ir lejos; cuando proyectes atacar un lugar distante, finge que vas a hacerlo muy cerca. Desanima a los enemigos, con la perspectiva de tu victoria, sorpréndeles mediante la confusión”.
El martes 18 de mayo, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, se recluyó con asesores clave para evaluar el acuerdo entre Irán, Turquía y Brasil. Recientemente, y luego de diversos reportes en los que se afirmaba que Hezbollah habría obtenido misiles Scud de largo alcance capaces de tocar objetivos en el Estado judío, el secretario de Defensa norteamericano, Robert Gates, y el ministro de Defensa israelí, Ehud Barak, afirmaron que Siria e Irán entregaban a Hezbollah armas de capacidad siempre creciente. Es un hecho que Hezbollah dispone de cohetes y de misiles; sin embargo, Gates no identificó a qué tipo de misiles se refería y Barak desestimó la posibilidad de un conflicto por dicha razón. El borrador que se apresta a tratar el Consejo de Seguridad, y las refriegas entre Ahmadinejad y Medvedev y entre Lula y Obama, deben de haber sonado a los oídos de Netanyahu como las Variaciones sobre un tema rococó, de Piotr Chaikovski.
Von Clausewitz termina el Libro Tercero afirmando que “todo lo que tenemos que decir sobre la relación entre ataque y defensa y sobre la ejecución de este doble acto se refiere al estado de crisis en el que las fuerzas se encuentran durante la tensión y movimiento”. Hemos tenido un buen caso de estudio a propósito del programa iraní de enriquecimiento de uranio, el desarrollo del tema y sus variaciones.