COLUMNISTAS
LA NOVELA NEGRA DEL AMBICIOSO SIMEONE

Víctor Hugo y la gallina

Deber ser culpa de este diario, donde abundan los amantes de los acápites (allá arriba siempre hay uno) y las citas (Fontevecchia, Edi Zunino, Nelson Castro, entre otros). La moda llegó al mundo del fútbol, parece.

|

El policía sostiene la estatua
del halcón maltés y dice:
“Esto pesa, ¿de qué está hecho?
Bogart: “De la misma materia de
la que están hechos los sueños”.
El Halcón Maltés
(1941, John Houston)

Deber ser culpa de este diario, donde abundan los amantes de los acápites (allá arriba siempre hay uno) y las citas (Fontevecchia, Edi Zunino, Nelson Castro, entre otros). La moda llegó al mundo del fútbol, parece.
Previsible, Miguel Micó, con su plantel recién ametrallado y los cuerpos aún tibios, eligió una frase de la más famosa escritora de policiales, la inglesa Agatha Christie, y la exhibió frente a la puerta del vestuario el día de su primer entrenamiento en Racing, con Costas ya fugado al Paraguay. “Aprendí que no se puede dar marcha atrás. Que la esencia de la vida es ir para adelante. La calle es en realidad una calle en sentido único”, decía doña Agatha, ultraofensiva. Funcionó, o algo así, porque sus muchachos ganaron. La fuerza infinita de la palabra, vaya uno a saber. Así las cosas, Micó, un sofisticado Hércules Poirot perdido en esta novela negra de Racing tan llena de truhanes y mercenarios, contratado por el enigmático monsieur De Tomaso –todo amante del género policial sabe que solo él tiene un móvil– intentará evitar más crímenes en serie (incluyendo el suyo) en un nuevo e inquietante escenario lleno de jóvenes, como en Martes 13, Halloween o Scream. Inspector Micó, no le será fácil. Sépalo: si algo sobra en ese extraño lugar, son los muertos y las balas.
Desde que se fue de Estudiantes, Simeone calló. Mutó en efigie, en símbolo. Es un chico hábil, maneja bien su poder y los riesgos legales. Tiene instinto. Se sabe: a la hora de negociar –y seducir–, lo mejor es que la fantasía la tenga el otro. A la prensa no le quedó otra que decodificarlo, traducirlo, en su sombrío camino hacia River. “El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad”, decía una tarjeta de fin de año que, con su firma, envió a sus periodistas más cercanos. Wow. “¡El Cholo nos confiesa el porqué de su decisión, define su filosofía de vida!”, se iluminaron muchos. Linda frase, pero no suya. Ignoro si Simeone lo aclara o no en su prematuro mensaje navideño, pero es de Víctor Hugo. No el uruguayo, admirado vecino de columna, sino el francés; célebre escritor de Les misérables, un romántico del siglo XIX que escribía, se puede decir, con el cuchillo entre los dientes. Inesperado gusto literario el del Cholito, ¿verdad? Quizá se deba a su profunda pasión por los clásicos, que tan bien los jugaba.
Valentía. Oportunidad. De eso habla Hugo; es decir, Simeone. El chico se fue a Europa con menos de 20 años, una audacia que le salió perfecta. Allá fue campeón, ganó fortunas y volvió a Racing, su amado club. Se retiró de un día para el otro y se animó a debutar como técnico en medio de una crisis. De Tomaso prefirió la estatua de Merlo, él sacó campeón a Estudiantes y ahora llega a River como top. Lo logró en tiempo récord, a los 37. Sin heridas. O casi. Es que siempre hay débiles o temerosos que huyen del futuro, no como él. En su momento me conmovió su ilusión de hincha, aunque sé que en Racing algunos lo acusaron –sin pruebas, es cierto– de regresar sólo porque tenía la idea de invertir en la gerenciadora. Quién sabe.
El que no fue amable con él fue Pablo Alvarez, lateral de Estudiantes, tentado con ofertas del exterior hace un semestre y presionado por Simeone para quedarse. “Es un egoísta; me dijo que no me podía ir, que siempre hay que respetar lo firmado, y mirá lo que hizo. Pedir jugadores que ganan fortunas afuera fue una excusa para irse a River. ¡Y yo no tengo 20 o 30 millones de dólares en el banco como él!”, explotó, sin metáforas. Bien podría, Pablito, imitar el saludo navideño de Simeone, con la frase de otro francés, el político Georges Clemenceau (1841-1929): “Un traidor es un hombre que deja su partido para inscribirse en otro. Un convencido es un traidor que abandona su partido para inscribirse en el nuestro”.
¿Qué es, entonces, Simeone? ¿Un mercenario, un traidor? No exactamente. Es un hombre, digamos, adaptado al medio. Todos conocen sus reglas. A esa curiosa ley de la selva sin límites, palabra o piedad para el otro se la conoce como “pragmatismo profesional”. No es, justamente, un invento argentino; aunque acá hace furor y se practica a lo bestia. A ver, repasemos. Passarella se fue por no ganar algo y Russo quizá se vaya con algo ganado, lo mismo da. Babington, ahora presidente de Huracán, lo “caminó” a Ardiles como antes lo hizo con su amigo Chiche Sosa y con Mohamed, que renunció, digno, para después ser apalabrado por esos perversos inversores que querían limpiar a Costitas de Racing y que ahora, insistentes, volvieron a llamarlo aunque él –con Micó beatificado– prefirió el Veracruz mexicano, que le trajo los refuerzos exigidos como condición para renovar; ¡oia!, igual que Simeone, al que River le dará su millón, sí, pero ahorrándose lo que planeaba arrancarles el voraz de Ramón, que firmó en Ideas del Sur por amor, como todos. Uf.
Da para un guión de película negra, con mentiras, malos, traiciones y vueltas de tuerca, aunque... sin ningún papel para actores de imagen tierna como Cabrero o Alfaro; maldición, esos tipos raros que al final terminan quedándose con la muchachita.
OK, aceptémoslo. Algo falló, muchachos. Corten, que va de nuevo.