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catastrofes

Xynthia, Chile, Soho

¿Qué pasó en Chile? Debo recurrir a Internet porque estoy en Berlín y acá tienen su propia catástrofe natural: Xynthia. Es un tornado bautizado –como siempre– sobre el pucho y siguiendo un orden alfabético que reclama una equis como inicial.

Rafaelspregelburd150
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¿Qué pasó en Chile? Debo recurrir a Internet porque estoy en Berlín y acá tienen su propia catástrofe natural: Xynthia. Es un tornado bautizado –como siempre– sobre el pucho y siguiendo un orden alfabético que reclama una equis como inicial. Los estragos en España y Francia, sumados al caos aéreo por el cierre de aeropuertos, hacen que peligre este festival de teatro porque varias compañías están varadas. Y han hecho pasar a un modesto segundo plano las otrora alarmantes noticias de Chile. Que, a su vez, ha desplazado a Haití, y así.
Esta atracción por la catástrofe tiene una raíz muy humana. Somos animales de razón, por eso nos fascina lo que escapa de ella. Tenemos una coartada moral dudosa, porque leer sobre desastres no hace que necesariamente ayudemos a los damnificados, más bien satisface esa curiosidad morbosa que surge de sospechar que habitamos una superficie irracional y caprichosa, amoral y desorganizada.
Y también está el “etnocentrismo de las periferias”, que consiste más o menos en sobreimprimir la noticia local por sobre el panorama de desastres mundiales. ¿Recuerdan cómo las funestas imágenes de aquel tsunami fueron absorbidas raudamente por las de este Cromañón? No digo que esté mal, ¿por qué habría de estarlo? Sólo trato de pensar hasta qué punto ocurren esas sutiles preponderancias de lo cercano por sobre lo general, sobre todo cuando lo “cercano” queda para todo el mundo central, en el culo del mundo.
Así, la imagen más magnética es para mí la del tsunami en Palermo Soho, que veo con fruición cada vez que me conecto. Cruce de vía, Córdoba y Juan B. Justo; de pronto aparece una ola increíble, maravillosa, inexplicable, de unos seis metros de altura. Segundos después, comprendemos que es producto del tren que surca Palermo. La noticia es comentada así: “El paso de un tren en medio de las inundaciones sorprendió a un grupo de personas que esperaba en el paso a nivel.” Es falso: esta gente fantástica no se muestra “sorprendida”. Cuando salen de debajo de la ola, siguen cruzando la vía con una resignación ante la que es imposible no reírse como loco.
La vida continúa. La vida es tan irracional como la catástrofe.