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CóRDOBA / Talleres
domingo 8 diciembre, 2019

El salto del Potro

A 20 años de la obtención de la Copa Conmebol 1999, Rodrigo Astudillo, de consagratoria actuación en ese torneo, revive un logro histórico para el deporte cordobés.

por Hugo Caric

Históricos. Julián Maidana, Pablo Renzi (kinesiólogo), Mario Cuenca, Gustavo Lillo y Rodrigo Astudillo, parte de la camada que ganó la Copa Conmebol ’99. Foto: CEDOC PERFIL
domingo 8 diciembre, 2019

Hace 20 años Talleres se consagró campeón de la Copa Conmebol y escribió una de las páginas más gloriosas de la historia del deporte cordobés.

Desde entonces, los protagonistas del único título internacional que ostenta el fútbol provincial destacan como cimientos de aquel logro la fortaleza del plantel, el respaldo de los hinchas, el liderazgo del DT Ricardo Gareca y la gran actuación del delantero Rodrigo Astudillo. 

“Mis compañeros siempre me lo hicieron saber y les agradezco, pero en el fútbol nadie juega solo. La realidad es que éramos un gran equipo y que cada uno puso su granito de arena para ganar esa Copa”, sostiene “el Potro” en una semana que se hizo agitada por los llamados de los periodistas, los exámenes finales del segundo año del curso de director técnico y un partido pendiente de “Los Amigos”, el equipo amateur donde juega en Jesús María. 

“Aquella vez tuve la chance de hacer un muy buen torneo, pero no hubiera logrado nada sin mis compañeros. Se armó un plantel muy importante, con jerarquía y personalidad, donde todos se llevaban bien y los más experimentados nos daban mucha confianza a los chicos”, precisa.

“Ricardo (Gareca) fue clave: él fue quien nos inculcó que podíamos ganar algo y quedar en la historia”, añade sobre el ex entrenador de la “T” y actual seleccionador de Perú. 

“En aquel momento mucha gente que no era de Talleres no le dio importancia a la Copa Conmebol y te diría que hasta nosotros mismos no éramos conscientes de lo que habíamos ganado. Con el tiempo se fue valorando ese título que fue muy importante para el club y para Córdoba, y que no fue fácil lograr”, enfatiza.

Al repasar la primera experiencia internacional del Albiazul, que arrancó con dos series ganadas por penales ante Independiente Petrolero de Sucre y Paraná de Curitiba, Astudillo señala como su mejor partido el 1-1 ante Deportes Concepción , en Chile, que le aseguró a su equipo el pase al mano a mano decisivo con Sportivo Alagoano de Maceió. “Hice un lindo gol de zurda y pasamos a la final”, recuerda.

“Lo que nadie supo nunca es que jugué todo el torneo con un dedo fisurado. Me infiltraban antes de entrar a la cancha y en los entretiempos, y en los últimos 10 minutos de cada partido el pie me explotaba de dolor. Pero no me importaba, quería estar y ganar algo”, revela.

Memoria y balance

“Hasta ahora me gusta”, afirma Rodrigo sobre la carrera de entrenador que proyecta terminar el próximo año. “No es lo mismo ser jugador que ser técnico, así que hay que prepararse muy bien”, añade sobre sus planes a futuro.

El presente está lejos del fútbol y tiene que ver con un emprendimiento inmobiliario que lleva adelante junto a su esposa Carina, que estudia para martillera pública: “No sé si es lo que más me entusiasma, pero eso me mantiene entretenido”, enfatiza.

Cuenta que su hija Lola (12) es la que heredó su amor por los caballos, ya que practica saltos hípicos, y que Martín (14), que juega de enganche en Bochas Sport Club, es el continuador de la dinastía futbolera que inició su padre Eduardo, lateral del célebre Talleres de los ’70. “Mi hijo se llama Martín por Gorocito, el único amigo que tuve en la vida”, dice sobre su excompañero de Talleres, quien falleció en un accidente automovilístico en 2000.

“El Potro” dice que dejo de jugar una década atrás, a los 32 años, “porque ya no lo sentía”, luego de una carrera que incluyó pasos por Cruz Azul de México, Estudiantes de La Plata, San Lorenzo, Alianza Lima de Perú, Nueva Chicago, Universidad de Chile, América de Natal, Millonarios, América de Cali, Colegiales, Colón de Colonia Caroya y una segunda etapa en Talleres en la B Nacional 2004/2005.

“Venía de una fractura de peroné y me apuré a jugar. Pero más allá de lo futbolístico, fue un momento muy complicado del club, muy feo, que desembocó en la quiera”, repasa. “Llegamos a estar cinco meses sin cobrar y hasta el agua nos teníamos que pagar. Nada que ver con lo que es hoy”, señala. 

“Talleres está bárbaro, aunque desde mi punto de vista le falta más sentido de pertenencia en las inferiores. Yo tuve a ‘la Wanora´ Romero, Bocanelli, Ocaño, Taborda, Oviedo, Baley… Personas con muchas vivencias en el club y que te transmitían un montón de cosas. Hoy se manejan de otra manera”, reflexiona.

A la hora del balance, Astudillo sostiene que su etapa de futbolista, que incluyó pasos por las selecciones juveniles, fue “lo que tenía que ser”. Y reflexiona: “Ya está, uno no puede dar marcha atrás. Lógicamente que hubiera cambiado algunas cosas. Yo era muy rebelde y con el tiempo me fui dando cuenta de cómo hay que manejarse en el fútbol y en la vida. No me quejo de nada, pero tengo claro que podría haber llegado muchísimo más lejos y haber sido un jugador de elite”.


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