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RUGBY FEMENINO

El Taborín y un logro internacional que excede el resultado

El club cordobés se consagró campeón sudamericano de rugby femenino en Chile. La capitana del equipo, Antonella Crosetto, cuenta cómo se va dando la evolución de esta disciplina en Córdoba. ‘Anto’ es referente dentro y fuera de la cancha, y una de las jugadoras con mayor proyección del país. “No buscamos ganar, buscamos crecer todo el tiempo y que crezca el rugby femenino en Córdoba, Argentina y Sudamérica”, señala.

Anto Crosetto
REFERENTE. 'Anto' Crosetto condensa en su relato la identidad de Taborín: viajes largos, sacrificio cotidiano y una convicción que trasciende resultados. | .

El rugby femenino está creciendo en el país y en Córdoba de manera muy especial. Claro, es un proceso que debe respetar el paso a paso, con historias de mujeres que se animan en medio de un contexto alejado de las luminarias. Se viaja, se entrena, se llega tarde a una cancha desconocida después de 20 horas de ruta y, aun así, se gana. En esos gestos, podría resumirse, también, lo que hizo el Club Taborín en Santiago de Chile, logrando un título internacional valiosísimo. Pero la capitana del equipo, Antonella Crosetto, prefiere contarlo sin épica impostada, con la naturalidad de quien todavía está procesando lo vivido. Eso también son los “valores” del rugby. “Fue un objetivo cumplido”, exclama, y la frase le sale limpia, sin adornos. Luego agrega: “Empezamos la pretemporada mucho más temprano justamente por esto y lograr el objetivo fue muy satisfactorio. Sobre todo porque pudimos plantear nuestro juego, ahí vimos el fruto del entrenamiento”. Cuentan que el nivel del equipo al otro lado de la cordillera de Los Andes fue más que muy bueno.

‘Anto’ tiene 21 años, juega de medio scrum y es la capitana. Habla con una cadencia tranquila, aunque detrás de cada respuesta asoma una intensidad que no se negocia. Nació en Villa Mercedes, San Luis, y empezó a jugar a los 13 en Puelches Rugby Club, “porque me llevó una amiga”. El dato podría ser anecdótico si no fuera porque, desde entonces, el rugby dejó de ser una actividad para convertirse en una forma de ordenar la vida.

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“A los 17 años me llamó el coordinador del Taborín para jugar acá. Comencé viajando porque estaba terminando la secundaria. Viajaba los fines de semana para jugar y cuando terminé la secundaria, en el 2024, me vine a vivir a Córdoba, comencé a estudiar el Profesorado en Educación física, hice dos años. Ahora estoy trabajando y entrenando, que lleva mucho tiempo. No se pueden hacer tantas cosas a la vez y opté por trabajar y entrenar, porque dejar el rugby no es una opción”, cuenta. Y agrega: “Hoy el rugby es todo para mí, es más que un deporte. Paso más tiempo con el equipo que con mi familia. Literal”, dice. Y no hay exageración en el tono: en Taborín, casi todas las jugadoras llegaron desde otros puntos del país. Cada una dejó algo atrás.

—¿Cómo es el día a día de una jugadora de rugby tratando de sostener un alto rendimiento, en un deporte que todavía está en desarrollo?
—Es complicado, porque algunas son mamás, otras tienen su trabajo, su carrera y entrenar como una deportista de alto rendimiento y a la vez trabajar ocho horas, algunas 10 horas, no es fácil. Es un sacrificio enorme, pero es a lo que aspiramos. En este momento, estamos siendo un equipo semi profesional.

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Enfocadas.

El sueño tuvo una escala concreta hace unos días en Chile. El Sudamericano de Clubes (una competencia joven, moldeada en buena parte por la propia iniciativa del club cordobés) reunió equipos de distintos países. Taborín no sólo compitió: dominó. Fueron campeonas en el Sudamericano A, subcampeonas en el B y campeonas en juveniles.

El equipo de Juan Arias se quedó con el campeonato luego de imponerse 17 a 14 ante Circulo de Tenis de Uruguay; 28-0 a un combinado local, y 17-0 a Minotauros de Colombia. Taborín fue el único representante argentino en el certamen que se llevó a cabo el 28 y 29 de marzo, además de la participación de equipos de Uruguay, Perú, Colombia, Paraguay, Costa Rica y Chile.

Cabe recordar que el año pasado se consagraron campeonas del Torneo Femenino de rugby tras ganarle a Córdoba Athletic en la final. Por eso, Crosetto dice: “Es más que un campeonato. Nosotras no buscamos ganar, buscamos crecer todo el tiempo. Y no sólo nosotras: buscamos que crezca el rugby femenino en Córdoba, en Argentina y en Sudamérica”. Hay en esa frase una noción de colectivo que trasciende la camiseta. Como si cada avance propio tuviera sentido únicamente si empuja al resto. Una idea que se confirma cuando se le pide elegir un momento del torneo.

Taborin Rugby femeninoCONVENCIDAS. “No buscamos ganar, buscamos crecer”: la voz de una capitana.
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“No somos Taborín si no nos pasa algo”, se ríe. Y entonces reconstruye la escena: “Llegamos tarde al primer partido porque no encontrábamos la cancha. Tuvimos que pedir que lo atrasen 15 minutos. Son cosas que influyen, pero supimos poner la cabeza en frío y salir a ganar. Eso nos representa”.

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La puntana Crosetto habla de entrenamientos individuales, de rutinas que se sostienen en paralelo a trabajos. En ese contexto, el título en Chile adquiere otra dimensión. No como punto de llegada, sino como parte de un proceso más amplio. El rugby femenino cordobés atraviesa una transformación silenciosa. Cambia el formato, se amplía la competencia, pero aparecen nuevas exigencias. “Estamos pasando del seven a jugar con 12, acercándonos al rugby de 15. Es un desafío táctico y mental muy grande”, explica. Y en ese cambio, torneos como el Sudamericano o los octogonales nacionales funcionan como laboratorios de crecimiento. “Son los torneos donde realmente mejorás. Donde te cruzás con equipos que ves una vez al año. Eso le da visibilidad y hace crecer a todos”, sentencia.

“Actualmente estoy trabajando y entrenando, pero mi sueño es jugar en el exterior, tener esa experiencia. Y también llegar a la selección, a Las Yaguaretés”, dice.

Porque hubo un momento, cuenta, que sintetiza por qué sigue. No fue en Chile, sino antes, en un torneo previo. Una revancha contra un rival que les había dejado una herida abierta. “Ganamos y fue muy especial. Ahí dije: por estas cosas juego al rugby. Porque es duro, entrenás y a veces te preguntás para qué. Pero después la felicidad te paga el doble”, rememora.

Taborín volvió de Chile con una copa. Pero también con la certeza de estar en la construcción de algo grande. Y ‘Anto’ Crosetto, la capitana del club cordobés, parece entenderlo sin grandilocuencias. “Esto recién empieza”, advierte.

trofeo rugby femenino en Chile