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Democracia en el continente / Urgidos y postergados

Entre las urnas y las calles

Mientras Bolivia sigue bajo la tensión de masivas protestas contra el gobierno de Rodrigo Paz, hoy se realiza la primera vuelta para elegir al sucesor de Petro en Colombia y Perú entra en la última semana previa al balotaje del 7 de junio.

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Protestas en Bolivia. | AFP

Sudamérica atraviesa horas decisivas de cara a su futuro político e institucional inmediato y, por circunstancias diversas, los virajes ideológicos, las irrupciones de candidatos supuestamente disruptivos o outsiders que se ofrecen como lo “nuevo o distinto”, pero enarbolando viejos discursos y recetas económicas, agitan a un continente que tendrá su pulseada mayor dentro de poco más de cuatro meses en Brasil.

Mientras, Colombia irá hoy a una primera vuelta para la que, en un menú de 14 fórmulas presidenciales, aparecen dos nombres en las antípodas como favoritos para el casi inevitable segundo y decisivo round, previsto para el 21 junio.

Antes de esa fecha, el domingo próximo, Perú dirimirá en balotaje la más fragmentada de sus elecciones presidenciales entre Keiko Fujimori, vencedora del primer turno del 12 de abril con apenas 17,19 por ciento de los votos, y Roberto Sánchez, heredero político del derrocado presidente izquierdista Pedro Castillo, y quien hace casi dos meses terminó segundo con un 12,03 por ciento de los sufragios que se repartieron entre 35 aspirantes.

Un poco más al sur, Bolivia se debate por estas horas en una crisis marcada por masivas movilizaciones, bloqueos, desabastecimiento y exigencias de renuncia al presidente Rodrigo Paz Pereira, inesperado vencedor en octubre de los sempiternos candidatos de la derecha tradicional de este país, que no capitalizaron el suicidio político del entonces gobernante Movimiento al Socialismo, diluido hasta casi su desaparición por el enfrentamiento fratricida entre el ex presidente Evo Morales y quien fuera su exitoso ministro de Economía y luego primer mandatario, Luis Arce.

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Tras un mes de cortes, en 64 puntos de bloqueo en todo el país, las manifestaciones se multiplican contra las medidas de ajuste, el alza de precios, la escasez de combustible y la falta de otros insumos básicos que diferentes sectores achacan a Paz Pereira, hijo del ex presidente Jaime Paz Zamora y nacido en Santiago de Compostela, quien al asumir hace apenas seis meses prometía un “capitalismo para todos”.

Ahora, el jaqueado gobernante que llegó al Palacio Quemado como abanderado del Partido Demócrata Cristiano, y que tiene como opositor hasta a su propio vice, Edmand Lara, endilgó a Evo el estar detrás de las protestas y manifestaciones callejeras. Paz calificó a Morales como “un enfermo embrutecido por el poder”

Desde su cuasi clandestinidad en la región cocalera de El Chapare, Evo afirmó que está en marcha “una rebelión contra el neoliberalismo y el Estado neocolonial” y acusó al presidente de ser “un gobernante totalmente sometido a Estados Unidos”.

Lo cierto es que entre las columnas que bajan desde El Alto hacia La Paz están los seguidores de Morales, pero también quienes hace tiempo responden a otros liderazgos. Así como los mineros, campesinos, obreros de la COB, o diversos sindicatos combativos marchan contra Paz y sus fuertes recortes aupados por el Fondo Monetario Internacional, también fustigan al mandatario muchos de quienes lo avalaron en las urnas y hoy lo acusan de traicionar sus promesas.

Con un canal de diálogo semiabierto por el vicepresidente, un jefe de Estado que alega que no quiere reprimir, pero promueve el uso de las fuerzas armadas para retomar “el orden”, y un ex gobernante y líder cocalero que asegura que Estados Unidos busca apresarlo o matarlo, Bolivia parece haber retrocedido más de 20 años, a los tiempos de la “guerra del gas” o la “guerra del agua”.

Entonces, alguien supo sintonizar el reclamo de miles de sus compatriotas y con apoyo de esos Movimientos Sociales se convirtió en diciembre de 2005 en presidente. Ahora, la incertidumbre crece sin liderazgos nuevos y nítidos a la vista.

El sucesor de Petro

Hoy, sin embargo, la atención en el continente está puesta en Colombia, donde comenzará a dibujarse el perfil del sucesor o sucesora del actual presidente izquierdista Gustavo Petro. Un perfil que quizá no acabe de definirse esta noche sino dentro de tres semanas, ya que ningún aspirante pareciera contar con más de 50 por ciento de los votos necesarios para ganar la pelea por nocaut en la primera vuelta.

Aunque compiten en esta jornada catorce binomios presidenciales, casi todas las encuestas apuntan a dos candidatos como favoritos. Uno de ellos es el senador Iván Cepeda Castro, del Pacto Histórico. Líder por diferentes márgenes en casi todos los sondeos previos, Cepeda Castro es filósofo y docente como su padre, Manuel Cepeda, asesinado cuando él llegaba a la Universidad hace 32 años. El senador promete mantener o profundizar medidas exitosas de Petro en lo social, pero busca distanciarse de quien sería su predecesor desde el 7 de agosto, para evitar cargar con el desgaste de estos años en el poder.

Un poco más abajo y como candidato de la ultraderecha aparece Abelardo Gabriel de la Espriella Otero, candidato ultraderechista de “Defensores de la Patria”, que ha desplazado del segundo lugar a la aspirante del uribista Partido del Centro Democrático, Paloma Valencia, y a Sergio Fajardo, de Dignidad y Compromiso. El porcentaje o caudal de votos que sumen estos dos candidatos, a los que ningún sondeo visualiza en segunda vuelta, pueden ser más claves en ese balotaje dentro de tres semanas.

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Espriella, al que un conductor de CNN en español describió días atrás como el producto que resultaría de meter en una licuadora a los presidentes de Argentina, Javier Milei, y El Salvador, Nayib Bukele, se autopromociona como un disruptivo, “el único verdadero outsider”, que no piensa ni actúa como político, sino como emprendedor o empresario.

Cepeda, impulsa la “paz total” para alejar cualquier rebrote violento que puedan impulsar fuerzas disidentes de los grupos armados que firmaron en 2016 el fin de la guerra interna que desangró al país. Además, el profesor de Filosofía sería el continuador de la obra de un Petro, que comenzó su mandato tras el histórico triunfo de la izquierda por primera vez en 2022 y se despide con casi el 48 por ciento de imagen positiva, pese a que desde Washington y las usinas de pensamiento y acción de la nueva derecha mundial han torpedeado su figura, al final de mandato.

Como muestra de esas acciones de demonización coordinada de los líderes de izquierda regional basta con asomarse a las declaraciones del ex presidente hondureño, Juan Orlando Hernández, condenado por narcotráfico en Estados Unidos e indultado por Donald Trump. En un audio filtrado por Radio Red América Latina, que dirige el ex vicepresidente español y ex líder de Podemos, Pablo Iglesias, Hernández confiesa su papel en una trama destinada a fabricar fake news para dañar la imagen referentes de izquierda latinoamericana como la presidenta mejicana Claudia Sheinbaum o el colombiano Petro.

La “confesión” de Hernández expone como beneficiarios de la operación anti-progresista al gobierno de Trump y al de Israel, pero también al de Milei, a quien se agradece el haber aportado 350 mil dólares a la causa de esta propaganda oscura. Tan oscura como las razones que no terminan de explicar algunos vaivenes políticos y retrocesos en materia de derechos y conquistas sociales que cada tanto atrasan otra vez los relojes del desarrollo y la igualdad social en el continente.