La promesa aparece con frecuencia en redes sociales: dejar el trabajo, generar ingresos mientras se duerme y alcanzar la denominada “libertad financiera” a partir de una inversión inicial. Sin embargo, detrás de buena parte de las propuestas que se presentan como mecanismos para obtener ingresos pasivos pueden existir riesgos que los inversores no siempre identifican.
Así lo plantea Matías Daghero, especialista en inversiones, quien advierte que el concepto de ingreso pasivo suele ser utilizado para promocionar desde negocios que requieren una gestión constante hasta inversiones con problemas de liquidez, rentabilidades difíciles de sostener e incluso estructuras fraudulentas.
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“El ingreso pasivo real no es mágico, es lento, y arranca siendo activo”, resume Daghero, a partir de su experiencia de 15 años analizando carteras de inversión.
Su principal advertencia apunta a una tendencia cada vez más visible: la búsqueda de rentabilidades elevadas y rápidas puede llevar a los inversores a priorizar la promesa de ganancias por encima del análisis sobre el riesgo, el origen de los rendimientos y las condiciones bajo las cuales el capital podría perderse.
Los cinco “ingresos pasivos” que generan dudas
Entre las alternativas que Daghero invita a analizar con mayor cautela se encuentran, en primer lugar, los alquileres temporarios. Aunque la compra de una propiedad para ofrecerla en plataformas de alojamiento suele presentarse como una fuente automática de ingresos, el especialista considera que la realidad es bastante más compleja.
Limpieza, mantenimiento, coordinación de ingresos y egresos, comisiones de las plataformas, períodos de baja ocupación y gastos fijos son algunos de los factores que deben contemplarse.
“No es un ingreso pasivo. Es un segundo trabajo con forma de departamento”, sintetiza.
Otra de las alternativas que menciona es el crowdfunding inmobiliario. La posibilidad de ingresar a proyectos con montos relativamente bajos y participar de desarrollos que prometen rentabilidades de dos dígitos puede resultar atractiva, pero también implica riesgos.
La falta de liquidez durante el desarrollo de una obra, los posibles atrasos, la dependencia del desempeño del desarrollador y la estructura jurídica de cada inversión son aspectos centrales para evaluar. En este sentido, Daghero alerta sobre la importancia de analizar si una aparente diversificación realmente existe o si diferentes proyectos están expuestos a un mismo riesgo empresario.
También incluye en su análisis las propuestas de inversión en desarrollos inmobiliarios en Estados Unidos que circulan por redes sociales y aplicaciones de mensajería.
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El atractivo del mercado estadounidense y de las inversiones en dólares puede funcionar como un elemento de confianza para los inversores, aunque eso no elimina los riesgos propios de cualquier negocio inmobiliario: vacancia, mantenimiento, impuestos y ciclos del mercado.
Daghero advierte especialmente sobre las propuestas que prometen una renta fija elevada sin explicar con claridad cómo se genera ese rendimiento ni cuál es la estructura de propiedad del inversor.
Rentabilidades garantizadas, multinivel y bots de trading
El listado también incluye los esquemas multinivel que prometen independencia financiera a través de la incorporación de nuevos participantes.
En estos modelos, sostiene, el problema aparece cuando el sistema depende más del reclutamiento de nuevos integrantes que de la comercialización real de productos o servicios.
La sostenibilidad del esquema se vuelve entonces una cuestión central, ya que el crecimiento permanente de participantes tiene un límite y, en determinados casos, la mayoría de quienes ingresan termina sin recuperar el dinero invertido.
La quinta advertencia está dirigida a los bots de trading, las señales automatizadas y las estrategias que prometen rentabilidades garantizadas.
El argumento es sencillo: ningún algoritmo o estrategia puede garantizar de manera permanente una rentabilidad elevada sin asumir riesgos.
“Nadie tiene un algoritmo, robot o ‘estrategia secreta’ que le gane al mercado de forma consistente y garantizada”, señala Daghero.
Los casos de plataformas que inicialmente permiten realizar pequeños retiros y luego suspenden las operaciones constituyen, según el especialista, una de las principales señales de alerta. En algunos esquemas fraudulentos, las ganancias iniciales funcionan como un mecanismo para generar confianza y atraer nuevos fondos, hasta que los retiros dejan de estar disponibles.
La pregunta clave antes de invertir
Para Daghero, una de las herramientas más simples para detectar riesgos consiste en cambiar la pregunta.
En lugar de concentrarse exclusivamente en cuánto dinero puede ganarse, recomienda preguntar de dónde sale exactamente la rentabilidad y qué ocurre con el capital si el proyecto no funciona como fue prometido.
La falta de una respuesta clara sobre esos dos puntos debería funcionar como una señal de alerta.
El especialista también plantea que las tasas de referencia de instrumentos considerados de bajo riesgo permiten dimensionar mejor las promesas de rentabilidad. En ese sentido, sostiene que toda rentabilidad superior a la ofrecida por activos considerados más seguros implica necesariamente una mayor exposición al riesgo.
El problema aparece cuando esa relación no es explicada de manera transparente y se presenta una rentabilidad elevada como si fuera simultáneamente segura, garantizada y fácilmente accesible.
El valor del interés compuesto y la inversión de largo plazo
Frente a las promesas de ganancias rápidas, Daghero propone mirar una de las estrategias más tradicionales del mercado financiero: la reinversión sostenida de los rendimientos.

Como ejemplo, cita un estudio de Hartford Funds sobre la evolución del BSegún el análisis, una inversión de USD 10.000 realizada en 1960 habría alcanzado cerca de USD 982.000 hacia 2022 sin reinvertir dividendos.
En cambio, con la reinversión de esos dividendos, el capital final habría superado los USD 6,3 millones.
La diferencia refleja el impacto del interés compuesto y del tiempo sobre una cartera de inversión.
“El ingreso pasivo real es aburrido, transparente y verificable”, plantea Daghero, en contraposición con los modelos que basan su atractivo en promesas de ganancias extraordinarias o en la urgencia por ingresar a una oportunidad antes de que sea demasiado tarde.
El concepto también puede observarse en empresas que mantienen una política sostenida de distribución y crecimiento de dividendos. El punto, sin embargo, no es buscar un resultado inmediato, sino construir una estrategia que permita acumular capital y reinvertir rendimientos durante períodos prolongados.
Antes de invertir, ordenar las finanzas personales
Para Daghero, otro de los errores más frecuentes consiste en buscar “el instrumento perfecto” antes de resolver cuestiones básicas de la situación financiera personal.
El primer paso, sostiene, debería ser contar con un fondo de emergencia que permita afrontar entre tres y seis meses de gastos y que esté disponible en instrumentos líquidos.
De esa manera, un imprevisto no obliga al inversor a vender activos en un momento desfavorable del mercado.
El segundo punto es el nivel de endeudamiento. Buscar una rentabilidad anual de un dígito en una inversión mientras se mantienen deudas con tasas significativamente superiores no resulta, desde el punto de vista financiero, una estrategia eficiente.
Finalmente, Daghero remarca la importancia de conocer el verdadero perfil de riesgo.
“Hay gente que se cree agresiva hasta que ve caer su cartera un 15% en un mes y vende todo en pánico”, advierte.
A partir de esa base, el mercado ofrece diferentes alternativas de acuerdo con el horizonte de inversión y el nivel de riesgo que cada persona está dispuesta a asumir. Entre ellas pueden encontrarse instrumentos de renta fija, como Obligaciones Negociables o bonos ajustados por inflación, y activos de mayor volatilidad y potencial de crecimiento, como acciones.