El femicidio de Agostina Vega (14) abrió un panorama sobre la noche de Córdoba que todos dicen que existe, sobre el que muchos opinan de oídas y algunos mencionan datos que merecerían ser investigados. Es lo que, se cree, debe suceder con el bar Wachitas, que funcionó —alternando habilitaciones y clausuras temporales— hasta el 15 de junio cuando la Municipalidad de Córdoba comunicó que revocó definitivamente la autorización.
La semana pasada surgió un testimonio espontáneo de “Carla” —nombre de fantasía— quien declaró en el expediente por el femicidio de Agostina. Dijo haber sido trabajadora sexual en Wachitas entre 2020 y 2024, aproximadamente. Señaló a Soledad Andreani como la gestora, responsable, jefa de un staff de seis mujeres que ofrecían sexo y entre las cuales, había por lo menos una joven de 17 años, menor de edad.

Es la misma persona que se encuentra detenida e imputada por presunto encubrimiento agravado del crimen de la adolescente, donde su novio y amigo Claudio Barrelier está acusado por abuso sexual y homicidio triplemente agravado, por alevosía, criminis causae y por mediar violencia de género.
Andreani le facilitó el auto Ford K a Barrelier para trasladar los restos de la adolescente y estuvo a su lado en horas posteriores al crimen, incluso el lunes cuando los desechó pensando que dificultaría su hallazgo. Después de que él fue detenido, inicialmente sospechoso de privación ilegal de la libertad mientras se seguía buscando a la víctima, Andreani no lo delató. Brindó notas periodísticas recién cuando su casa fue allanada y comenzó a verse cercada. Tras ese derrotero terminó detenida.

El fiscal Raúl Garzón que investiga el femicidio le tomó declaración indagatoria el viernes pasado. Ella negó haber encubierto a Barrelier y se abstuvo de declarar. Fue el consejo de defensores, quienes aún no tuvieron acceso al expediente por el secreto de sumario.
El testimonio de “Carla” aportará elementos al fiscal Garzón para describir el entorno de Andreani, su actividad y, posiblemente, rasgos de su personalidad. Pero, al mismo tiempo, corrió un velo sobre las actividades del bar que regenteaba: Wachitas, en Ituzaingó 521, el corazón de Nueva Córdoba.
Esa será una investigación aparte porque constituyen delitos independientes, ajenos al femicidio de la adolescente. Serán dos pesquisas paralelas, a partir de la intervención de las fiscales de Narcotráfico, Milagros Rivas, y de Delitos contra la Integridad Sexual, Ingrid Vago (actualmente sustituida por Claudia Romero).

Qué pasaba en Wachitas Bar
El testimonio de “Carla” describe una dinámica delictiva dentro del establecimiento que incluiría la presencia de menores de edad y el uso de estupefacientes como parte de pago. Son los aspectos centrales que justifican abrir nuevos expedientes.
Por otro lado, el fiscal Garzón también remitió a la Fiscalía de Delitos contra la Integridad Sexual los informes municipales sobre las reiteradas clausuras administrativas que sufrió el local por ruidos molestos o infracciones edilicias, con el fin de aportar un contexto sobre las irregularidades bajo las cuales funcionaba el bar frente a la falta de controles efectivos.

El riesgo legal para Osvaldo Fassetta
Dentro de la causa principal por el femicidio de Agostina, la situación de Osvaldo Fassetta podría agravarse. Continúa imputado y detenido por presunto encubrimiento agravado. El jueves pasado fue indagado por ese delito. Cuando su abogado defensor Eduardo Medina Allende fue consultado por la prensa antes de ese acto procesal, un periodista le preguntó si temía que le agravaran la carátula, de encubrimiento a partícipe del crimen. “Viendo cómo viene la cosa, es muy posible”, respondió.

¿Qué diferencia hay entre ambas figuras legales? El encubrimiento se aplica cuando una persona presta ayuda posterior a la comisión del hecho sin haber tenido conocimiento previo del plan. En este caso, el encubridor sabe del delito recién cuando este ya fue ejecutado. La pena máxima para un encubrimiento agravado es de seis años de prisión.
La participación secundaria de un homicidio, en cambio, tiene una diferencia técnica fundamental: el conocimiento previo. En este caso, si hay pruebas de que Fassetta sabía de antemano que se iba a cometer un ataque o un hecho violento, su ayuda —aunque sea mínima o posterior— lo coloca como partícipe del femicidio. El pronóstico punitivo es sensiblemente superior. ¿Fassetta supo de las intenciones de Barrelier de abusar de Agostina, para lo cual la llevó engañada a su casa? La investigación develará cuándo y qué grado de información tuvo sobre las acciones del presunto femicida.

“Carla”, una mujer “desaparecida” y sin trabajo
Perfil CÓRDOBA dialogó con “Carla”, quien próximamente cumplirá 32 años. Vivió en la calle, pasó por diferentes casas, con un hijo a cuestas ejerció la prostitución para darle, por lo menos, de comer. Consumió drogas, en muchas ocasiones por el asco que le daba entregar su cuerpo a hombres que le pagaron por minutos de sexo.
Con esa historia de vida, llegó a Wachitas Bar para ofrecer servicios sexuales —“simples o completos”— bajo las directivas de Andreani, según su relato. Dijo que la mujer se quedaba con la mitad de los pagos que ella recibía por su trabajo, que vio a chicas de 17 años, menores de edad, y consumo de estupefacientes en el local. No identificó a presuntos proveedores. Además, explicó que el bar tenía dos áreas, una pública donde se presentaban bandas de música y otra privada a la que sólo accedían los conocedores de la oferta sexual. En la parte superior había una habitación con una cama donde las trabajadoras llevaban a sus clientes.
Por su testimonio, ahora se abren pesquisas penales para desentrañar si hubo prostitución y aprovechamiento de chicas menores de edad y si se consumaron transas de drogas en el local.
Hay dos datos de “Carla” que estremecen: cuando llegó a la Policía para declarar como testigo, la semana pasada, le informaron que figuraba como “desaparecida” desde el año 2019. Le entregaron la constancia de la búsqueda de su paradero. El hecho la conmocionó y preocupó. El segundo, después de dar su testimonio en forma pública, el negocio para el que trabajaba la desafectó y quedó sin trabajo, con cuatro hijos a cargo.
Está preocupada y tiene miedo. Conoce la noche, quiénes se mueven en ella. “Si me matan fue porque quise justicia por todas”, fue la última frase de la conversación con este medio.