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CORONAVIRUS / Pandemia mundial
martes 7 julio, 2020

Cómo hace Suiza para controlar el rebrote de coronavirus

Con 40 nuevos casos cada 24 horas, inquieta el contagio de personas jóvenes. Controles en discos y horarios restringidos.

RESILIENCIA. El otro nombre de la Sustentabilidad en pandemia Foto: SHUTERSTOCK

Con unos 40 nuevos casos cada 24 horas durante los últimos días, Suiza comienza a controlar el rebrote de coronavirus, que llegó a trepar a casi 150 contaminados hace una semana. No obstante la situación está aún lejos de la decena de infectados cotidianos, al promediar el desconfinamiento por etapas, cuando declinara la pandemia hacia fines de abril y comienzos de mayo últimos. Por lo pronto, inquieta que en la mayoría de nuevos casos predominen personas jóvenes o activas en el mercado de trabajo, mientras que en pleno estallido de la epidemia en marzo pasado predominaba una “población a riesgo” mayor de 65 años, con agravantes crónicos de mala salud, aquejada paralelamente de diabetes, obesidad y problemas cardiacos.    

Se atribuye a la obligación de llevar máscaras en los transportes públicos este primer resultado, dispuesta a partir de este lunes, pero anunciada con anticipación para preparar psicológicamente a la población de 8,5 millones de habitantes , que varios de los 26 cantones suizos están comenzando a reforzar imponiendo además los barbijos en comercios, oficinas y supermercados, mientras que las asociaciones de médicos quisieran extenderlos a la totalidad del espacio público. Sin embargo, no hay multas para los infractores, a los cuales por el momento se les pide solo descender de tranvías, colectivos y trenes. El Partido Comunista, aquí denominado Partido del Trabajo, ha pedido al gobierno desbloquear fondos para que los sectores sociales de bajos recursos, y los jubilados que reciben una subvención del Estado por sus insuficientes rentas, se beneficien con la gratuidad de las máscaras. 

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La apertura de sus fronteras a los vecinos de la Unión Europea (Francia, Alemania, Italia y Austria) y la extensión de la medida a los otros tres países, que como Suiza, integran el “espacio Schengen” (Islandia, Noruega y Liechtenstein), ha generado dispositivos de cuarentenas de diez días para los viajeros procedentes de Suecia, Serbia y Kosovo, países actualmente con indices altos de COVID-19, al igual que para con Rusia y Estados Unidos. 

De hecho, una minuciosa reglamentación afecta a las discotecas, luego de contaminaciones que alarmaron a las autoridades en Zurich y Ginebra, las dos principales ciudades del país. Horarios restringidos de 18 horas a medianoche son impuestos por el gobierno federal, dejando la libertad a los establecimiento controlar la temperatura de los clientes a la entrada, verificar que han instalado la aplicación gratuita para detectar la propagación del virus, ofrecida por la central sanitaria estatal para los teléfonos celulares, y que los danzantes se distancien de dos metros entre ellos pese al ritmo de la música. 

Por cierto, estas limitaciones, sumadas a la anulación masiva de los festivales musicales al aire libre, que incluye también a los grandes eventos deportivos, habría provocado el nuevo fenómeno que se observa recientemente, de concentraciones juveniles en plazas públicas, con sus propios aparatos de música, donde la consumación de alcohol suele regar situaciones incontroladas que han terminado alertando la intervención de la policía. Por lo pronto, cines y museos, no son objeto de exigencias preventivas . En cambio, los lugares de culto, deben registrar los datos de los fieles.

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Los 1500 lagos que hacen a la riqueza ecológica y al atractivo turístico de Suiza -un país cuya superficie es poco más de la mitad de kilómetros cuadrados que la provincia argentina de Entre Rios- con una red de rutas y ferrocarriles inmejorables, plantea el inédito desafío de que estos lagos con bordes paradisiacos no resulten focos de propagación del coronavirus, a raíz del no respeto potencial por parte de los numerosos veraneantes de las distancias individuales de dos metros, y otras normas sanitarias de origen urbano, especialmente el asiduo lavado de manos. El estrecho contacto humano que se puede gestar durante las imprevisibles diversiones deportivas en las playas, el atractivo de los bares y confiterías aledañas, y los improvisados lugares de reunión que pueden gestarse, parecen haber despertado el apetito de asimismo reglamentar allí la circulación de personas, lo cual puede quitarle el efecto seductor a la libertad, rodeada de la salvaje naturaleza a cielo abierto.               

La sede de la ONU en Ginebra, Suiza, mantiene la reapertura parcial de sus actividades, en base a los debates en línea. Se encuentra en su segunda semana de sesiones el Consejo de Derechos Humanos, integrado por 47 Estados miembros que se van rotando anualmente, elegidos por el voto secreto de la Asamblea General, máximo órgano en la materia. Cada país puede tener un solo diplomático en su escaño, y deben quedar dos lugares libres entre ellos, sin olvidar que todos deben llevar máscaras. Las intervenciones de expertos, representantes de oeneges y altos dignatarios se hace por videoconferencia. Los periodistas miramos y escuchamos desde una grada varios pisos más arriba. En ese contexto, la imagen y la voz del Relator Especial contra la extrema pobreza, el belga Olivier de Schutter, alertó hoy desde la pantalla, con traducción simultanea en los tres idiomas oficiales de la organización supranacional (ingles, francés y castellano), que la pandemia de coronavirus empujó a más de 250 millones de personas en el mundo “al borde de la inanición”. Remató que se han frustrado las esperanzas de Naciones Unidas de erradicar la extrema pobreza para el 2030.   


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