CORONAVIRUS
Mal pandémico

La soledad en tiempos de aislamiento

Los desafíos de esta situación de pandemia podría ser pensar en compartir nuestra vida para aumentar las defensas psíquicas y sentirnos mejor.

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Sólo en la Ciudad de Buenos Aires, casi cuatro de cada diez hogares son unipersonales. | Cedoc

Aislamiento y soledad no son palabras ajenas. Los números del consumo de alcohol y psicofármacos que se han incrementado en esta cuarentena nos llevan a reflexionar acerca de si la precipitación acelerada de estas cifras no son más que la muestra de una tendencia constante en nuestra forma de vivir: ¿tal vez una forma de soportar el dolor de existir? ¿Un modo posible de sentirnos anestesiados para mitigar la soledad?

Está claro que lo que aumentó es el consumo en soledad, no el social. Cada vez somos más y cada vez más solos. La soledad es el mal pandémico del capitalismo.

Está claro que lo que aumentó es el consumo en soledad, no el social

Si bien ahora, el otro aparece como un posible vehículo de la enfermedad, antes del coronavirus, la ingeniería social del individualismo del estado de bienestar, forjó con fuerza la idea del elogio de la soledad, (tan duramente retratado en el documental La teoría sueca del amor) que nos muestra lo que hoy sucede sin velos en la pandemia biológica: vivir y morir solos. Esto se encuentra en nosotros desde hace tiempo. Cuando la comunidad humana dejó de ser necesaria para el sistema productivo.

Freud nos enseñó que los seres humanos somos gregarios por condición psicológica, nuestra existencia se construye en relación. Pero nuestro maestro nunca fue ingenuo: no por esta condición nos prometió la felicidad. Aún así vivir juntos no estaba en cuestión.

La moda de renunciar a la felicidad

Pero cuando para los sistemas de producción capitalista la familia ya no fue necesaria, surgió con fuerza la excesiva defensa de “lo propio”, nos quedamos solos no pudimos ceder ni compartir y la sociedad se transformó en un conjunto de niños que no supimos qué hacer con nuestro tiempo no productivo: vivir con otros se tornó en una esclavitud, una traición a la supuesta individualidad libre. Así valores como el dar, resignar y permitirnos perder cayeron en desuso. Pero este aumento de la soledad y el egocentrismo nos achicó el mundo y nos transformó en sujetos más inestables y sintomáticos. La soledad y la sociedad atomizada van de la mano.

Tal vez este virus nos indica que nuestro desafío de hoy puede ser pensar y así mantener una comunidad y compartir en ella parte de nuestra vida

La renuncia a los otros nos cercenó una parte de quienes somos.

El mundo individualista es meramente competitivo, no valora las producciones colectivas.

Si estamos solos no importa si le transmitimos algo a alguien.

Así en un mundo solitario, nuestro lenguaje se empobrece: no conversamos con otros, estamos desamparados entre muchos.

Tal vez este virus nos muestra que no contamos con más defensas biológicas que otras especies, pero nos indica que nuestro desafío de hoy puede ser pensar y así mantener una comunidad y compartir en ella parte de nuestra vida: de ese modo nos aumentarán nuestras defensas psíquicas, si logramos sostener proyectos con otros, como modo de vencer el aislamiento, la soledad y mediante la fuerza del Eros librarnos de nuestro dolor narcisista.

*Coordinadora del Centro Asistencial de la fundación Centro Psicoanalítico Argentino.