Catherine Millet descubrió algo en los cuadros de Paula Rego que hace que sea imposible volver a mirarlos sin pensar en esta idea de la escritora y pensadora francesa. En las obras de la pintora portuguesa hay mujeres que, en general, están sufriendo. De hecho, una de sus obras más famosas es Tríptico sobre el aborto, de 1998, cuando esta práctica era ilegal en su país y siguió siéndolo hasta que en 2007 se aprobó la legalización.
Son tres mujeres, una por panel, en diferentes posiciones tendidas o sentadas, solas, en referencia a situaciones de abortos clandestinos. Antes o después de él, las muchachas están desamparadas, tristes. Los elementos que están alrededor sugieren lo clandestino: un balde, la cama deshecha, lo precario del ambiente.
Sin embargo, Millet detecta la mirada directa, desafiante y provocativa, a pesar de la situación dolorosa en la que se encuentran. Miran a los ojos. Nos miran a los ojos. Aunque son víctimas de la ley que no les permite abortar, del mandato, de la prohibición, según cada caso, no bajan la vista y presentan batalla como quien “toma las riendas de su destino”.
En ese sentido, Rego transforma su experiencia de vida en los temas de su arte, ya que tenía solo dos años cuando el Estado Novo, un régimen político autoritario, se instauró en Portugal y duró 48 años, hasta 1974. La mitad de su vida en un contexto opresivo y militarizado que, según parece, no logró que bajara la vista.