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CULTURA / muestra de diana aisenberg
domingo 29 diciembre, 2019

El enhebrado colectivo

Con el aporte de amigos y alumnos cercanos, la artista recolectó todo lo que había roto o en desuso. Luego se sumaron colaboradores a través de las redes sociales, y el material se utilizó para generar una nueva red en la que los afectos estén presentes como base de su construcción. Eso se encuentra en la base de “Economía de cristal en los tiempos de Toroide”.

por Laura Isola

Trabajos. Diana empezó con esta recolección en el año 2000 porque quería hacer una cortina para su casa y fue juntando las piezas de colores para componerla. Foto: Aldo De Sousa
domingo 29 diciembre, 2019

Para explicar su método, Diana Aisenberg la hizo fácil. Llamó Economía de cristal en los tiempos de Toroide al conjunto de piezas que presenta en una muestra en la galería Aldo de Sousa y mantuvo conversaciones con Edgardo S. Cheb-Terrab, doctor en Física, por los que nos enteramos, entre otras cosas, que el matemático francés Jules Henri Poincaré imaginó la posibilidad de medir el caos, pero no cualquiera sino el verdadero caos, en términos de deformaciones de toroides. Por medio de una rueda –un toroide no es otra cosa que la superficie de revolución generada por un polígono o una curva plana cerrada simple que gira alrededor de una recta exterior con la que no se intersecta, es decir argollas, anillos, aros, incluso los ricos donouts–, Poincaré explica que el comportamiento puede indicar, tanto en su trayectoria perfecta como en sus deformaciones, aunque imperceptibles, sistemas no caóticos o un caos camuflado, ordenado y previsible, que en esos pequeños cambios llevarán a un estado final de grandes modificaciones, incluso a su desintegración.

¿Acaso hablar de toroides no es algo de todos los días? ¿Cómo pasamos de estas deliciosas e incomprensibles teorías con nombres inusuales a una práctica artística? La belleza, justamente, está en esto. Para Diana, la forma que actúan los toroides es similar o análoga a la que entablan relaciones los seres vivos y ese tránsito de uno a otro, de una pieza a la que sigue, es cambio que no distingue el comienzo del final: “Mi método es súper metódico y asistemático. Lo que no quiere decir que sea un antimétodo. Porque hay una búsqueda explícita de ir en contra de la burocracia y de la institución. Para eso tenés que armar un sistema que no es anárquico. Tengo una pedagogía que pongo en práctica hace muchos años y por mis talleres han pasado muchísimos alumnos, artistas, amigos”.

Para ellos, confeccionó unas credenciales MDA (Método Diana Aisenberg) que “no sirven para nada, pero son muy importantes para mí y para el refugio de estos 20 años de intercambios. De muchos me acuerdo y otros se acuerdan de mí y me hacen acordar. Daniel Joglar, por ejemplo, sostiene que él quiere haber sido parte del taller en algún momento. Ya no importa si vino o no”. Todo se resume en el siguiente acuerdo: “te la quiero dar y vos la querés.”

De la teoría de los toroides a las clases que da en su casa-taller hay una continuidad, ya que no se concibe una práctica artística sin una educativa de ahí, entonces, nace el pensamiento colectivo que está en su docencia y sus obras: “Las piezas se realizan con donaciones que hace la gente. Todo eso es lo que fuimos juntando, seleccionando de las bolsas y bolsitas que me traen con toda clase de anillos, suvenires, pulseras, collares rotos, cuentas de colores, cosas y cositas de plástico, de goma, de madera. Todo eso se lava y luego se van enhebrando. Hay días de seleccionar y días de enhebrar. El contenido de una bolsa de estos objetos es como si leyeras las manos. Te dicen todo de la persona que lo juntó.”

Ella empezó con esta recolección en el año 2000 porque quería hacer una cortina para su casa y fue juntando las piezas de colores para componerla. Así nació el enhebrado colectivo que es esa economía de cristal de objetos cargados de afecto: “Tengo un principio que es que la obra está para dar alegría. Estuve muy avergonzada mucho tiempo de querer hacer un arte feliz. Pero me di cuenta que yo crecí con obras serias y solemnes, tipo el cine de Bergman, y no lo aguanto. No soporto el arte serio.”

Todo ese espíritu gregario, cooperativo y de ida y vuelta está puesto en estas tareas y no lo quiere pasar a otros planos: “Nunca me llevé bien con ninguna militancia. No soporto al burócrata y solo pido producción personal. Banco las búsquedas de las mujeres, pero el escrache y el juicio sin pruebas me destrozan. Con los colectivos de artistas mujeres no estoy de acuerdo con muchas de las cosas, pero tampoco quiero discutir. Con los años te cansás de ir en contra.”

Economía de cristal en los tiempos de Toroide
Diana Aseimberg
Galería Aldo de Sousa, Arroyo 858
De lunes a viernes de 11 a 19


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