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CULTURA / Figura del Renacimiento italiano
miércoles 8 mayo, 2019

Filosofía en 3 minutos: Maquiavelo

En 1513 escribió El príncipe, su obra magna; un tratado político vigente e influyente durante 5 siglos.

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Rubén H. Ríos*


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Nicolás Maquiavelo Foto: Cedoc Perfil

Como dicen todos los manuales, Nicolás Maquiavelo (1469-1527) es el gran maestro de la filosofía política moderna, pese a la mala imagen que ha acompañado su pensamiento más o menos desde la publicación de sus dos libros póstumos: Discursos sobre la primera década de Tito Livio (1531) y El Príncipe (1532), este último un anexo o apéndice del primero. De cualquier manera, es difícil soslayar la influencia de Maquiavelo sobre la concepción del Estado y el ejercicio moderno del poder político, para mal y para bien. Pero quizá ese es el destino de todo gran pensador, y más en el caso de Maquiavelo que subordinó toda moral, al menos hasta cierto punto, a la preservación del Estado como el bien supremo. Por lo tanto, el príncipe maquiaveliano no carece de ética sino requiere de una “virtud” (y pocas veces incluye también “fortuna”) que se dirige, antes que nada, a conseguir la gloria mundana, el reconocimiento de aquellos que gobierna.

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Como la mayor parte del pensamiento de Maquiavelo, esta apelación a la gloria mundi a la que todo gobernante debe aspirar proviene de sus lecturas de los clásicos grecorromanos: Virgilio, Ovidio, Horacio, Cicerón, Séneca, César, Tácito, Platón, Isócrates, Herodoto, Tucídides. Los notables Discorsi – una obra típicamente renacentista – sobre la historia de Roma escrita por Tito Livio (59 a. C-17 d. C) prosigue, de lleno, esos estudios de las fuentes clásicas en búsqueda de enseñanzas y principios para pensar su propio tiempo. La obra de Tito Livio abarcaba desde la fundación de la ciudad hasta la muerte de Nerón Claudio Druso en el 9 a. C., pero de los 142 libros originales divididos en décadas sólo se conservaron 35, los numerados del 1 al 10 y del 21 al 45. El trabajo de Maquiavelo, que se ocupa de esa primera década, se justifica, a su juicio, en que no encuentra príncipe o república que recurra al saber de los antiguos, mientras que el orden jurídico se basa enteramente en los antiguos jurisconsultos del derecho romano.    

Entre otras, una de los preceptos primordiales que obtiene Maquiavelo de los clásicos antiguos, confirmada por los ejemplos que halla en la obra de Tito Livio, es que quien gobierna una república y dispone leyes debe necesariamente presuponer que los seres humanos son malos. Este presupuesto acerca de la maldad intrínseca del género humano, que recorre los Discorsi, tiene por consecuencia inmediata que el príncipe o aquel que gobierna una república debe aprender a ser malo, ya que no se trata simplemente de ser cruel o brutal sino de regular la capacidad destructiva del gobierno según determinados fines políticos. Un príncipe que es violento todo el tiempo se gana el odio del pueblo y, a la inversa, aquel que se destaca por su debilidad no consigue más que la desobediencia. Los consejos y sentencias que componen El Príncipe, que dista de hacer una apología del absolutismo, tienen su fundamento en este presupuesto acerca del carácter maligno de la naturaleza humana.

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No obstante, en Maquiavelo, si bien todos los hombres son malos y nunca actúan bien sino obligados –de ahí la necesidad de las leyes y del recurso de la religión para gobernar–, debido a que lo desean todo pero no pueden conseguir todo lo que desean, la maldad de los ricos y poderosos es más perjudicial para la república que la del pueblo. Para Maquiavelo, que se apoya en sus reflexiones sobre el conflicto entre la nobleza y la plebe romanas, todas las leyes favorables a la libertad surgen de esta diferencia entre los ricos y el pueblo o, mejor dicho, del avance de las pretensiones de este limitando las ambiciones de los primeros. Según los Discorsila mayoría de los desórdenes y tumultos en una república son originados por quienes poseen riquezas y temen perderlas, y por ese motivo, en cuanto los seres humanos no se sienten seguros de lo que poseen sino adquieren más, se lanzan a la conquista de nuevas posesiones, con el resultado de provocar en el pueblo deseos de tener más y vengarse de ellos.

 Según Maquiavelo, de la misma manera que el enfrentamiento entre la nobleza y los plebeyos hace grande a la república romana –en cuya estructura se combina principado, aristocracia (cónsules y senado) y gobierno popular (tribunos de la plebe)–, la conducen también hacia su derrumbe con la ley agraria que ataca el patrimonio de los nobles. Estos, no sólo ante la pérdida de sus tierras en manos de la plebe sino ante la imposibilidad de poseer más, reaccionaron asesinando a los tribunos que implantaron la reforma. Para Maquiavelo, estos hechos no sólo muestran hasta dónde pueden llegar los poderosos para defender sus privilegios, sino la excesiva ambición de la plebe (también, al fin y al cabo, humanos) que no se conformó con los derechos que había logrado, aunque señala que sin ella la república romana hubiera caído mucho antes bajo la codicia de los ricos, porque simplemente para ellos sus riquezas valen más que el honor.   

 

*Doctor en filosofía, escritor y periodista

Blog: https://riosrubenh.wixsite.com/rubenhriosblog

 


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