CULTURA
libros y olimpíadas

Los bouquinistes ganan la partida: sus puestos seguirán junto al Sena

En agosto del año pasado, en vista de los preparativos de los Juegos Olímpicos de París que tendrán lugar este año en el mes de julio, el Ministerio del Interior y la Policía francesa resolvieron que los vendedores de libros que se encuentran a lo largo del Sena deberán remover sus puestos, ante la amenaza latente de que alguien decida esconder un aparato explosivo en ellos. Pero los libreros decidieron no moverse. Finalmente, con la ayuda de Macron, no se irán de allí.

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Bouquiniste significa en francés “el que vende libros viejos, bouquins”. En París, a orillas del río Sena, desplegaron su actividad durante 450 años hasta la actualidad, ocupando una extensión de 3 kilómetros con casi mil puestos o cajas pintadas de color verde como el subte, que desde fines del siglo XIX “duermen” en la zona. Los 365 días del año abren para su público interesado en libros, pero también para el turismo. Como mal de época, venden todo tipo de material impreso, incluyendo serigrafías y souvenirs referidos a la ciudad.

El establecimiento en ese espacio de estos libreros ambulantes se remonta a 1859, año en que Napoleón III autorizó que quedaran allí de manera permanente. Tal vez, lo hizo en homenaje a su tío, el verdadero Napoléon, ávido lector, quien transitaba hacia los campos de batalla con una carreta munida de una nutrida biblioteca. A los efectos de resonancia cultural, el conjunto de puestos frente al río se lo considera el mayor mercado de libros al aire libre de toda Europa. Testigos de la historia de la ciudad, los bouquinistes cuentan como clientes a escritores y celebridades, desde presidentes franceses como Jacques Chirac y François Hollande al cineasta Steven Spielberg.

Desde agosto del año pasado –incluyendo un ensayo organizado por las autoridades, nocturno y cuasibochornoso (el operativo emulaba el traslado de algún material peligroso)–, la organización de los Juegos Olímpicos y Paraolímpicos pretendía sacar los puestos por motivos de seguridad. A raíz de ello, la protesta incluyó a casi todo el espectro intelectual parisino y a la Asociación Cultural de Bouquinistes. Luego de reuniones con las autoridades y ante la falta de acuerdo, amenazaron con presentarse a la Justicia.

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Finalmente, a mediados de febrero, el presidente Emmanuel Macron intervino calificando a los libreros como “un patrimonio vivo de la capital” y, emulando a Napoleón III, deja que sigan allí, a orillas del río. Una nota publicada por el “New York Times”, da una versión romántica de tal decisión: sugiere que Sylvie Mathias, bouquiniste desde hace más de 20 años, se acercó al presidente cuando pasó frente a su puesto rodeado por la custodia. “¿Quitarán mis cajas?”, preguntó la mujer al borde de las lágrimas. Macron, afectado por la emoción en la pregunta, contestó: “No, no te quitaremos tus cajas”.

El triunfo de los bouquinistes significa una modificación de las medidas de seguridad para el acto inaugural de los Juegos Olímpicos que tendrá como escenario el mismo río, la misma zona, y contará con 300 mil personas. Como si fuera una maldición haberse atrevido a cuestionar su lugar histórico, el martes de esta semana los organizadores sufrieron un bochornoso suceso, al mejor estilo “Misión Imposible”: un ingeniero denunció que le habían robado un bolso en el tren, que el mismo contenía una notebook y memorias USB con información operativa de la seguridad olímpica. La Policía de París desplegó un operativo desmesurado y, ya el jueves, comprobado que era un funcionario de otra área, las autoridades aclararon que se trataba de información de tránsito, nada que afectara la custodia.

La suma de crispaciones no cesa en la capital cultural de Europa, al punto que la defensa de los libreros informales parisinos dejó al descubierto un lado B de las Olimpíadas. Mustapha Saha sociólogo, escritor y figura de la rebelión estudiantil conocida como Mayo del 68, denunció en su artículo “Fetichismo olímpico y delirios de grandeza” (Actualitte.com): “Un contrato con el Ayuntamiento autoriza al fabricante alemán de equipamiento Adidas a poner su nombre en el edificio durante cinco años. El negocio del deporte contamina a toda la sociedad. Todo se vende. Todo está mercantilizado. Todo está privatizado. Patrimonio cultural, bibliotecas, museos, escuelas, plazas… Nunca los asuntos públicos y capitalistas han ido tan bien juntos. La Porte de la Chapelle sigue siendo un lugar de angustia.”

“Debajo del puente que cruza el bulevar Ney viven personas sin hogar y drogadictos. Un lema grabado en la pared recuerda: La Chapelle, puerta al infierno. Los refugiados ignorados por las instituciones mueren de hambre y de frío. Los crackers se dedican a un tráfico miserable. Violencia de privación. Los inmigrantes hambrientos, exhaustos y enfermos son en su mayoría eritreos, iraquíes, afganos y malienses. Algunos son marroquíes.”

En otro artículo, publicado en la revista “Politis”, titulado “Bouquinistes, la protesta vino del extranjero”, Saha denuncia la primera víctima del intento de desalojo: “Domingo 3 de diciembre de 2023, el fetichismo olímpico hace su primer mártir. Me enteré de la muerte de Tai-Luc a la edad de 65 años. Nguyen Tan Tai-Luc fue un rockero franco-vietnamita, figura emblemática del movimiento punk y fundador del grupo La Souris déglingué. Doctor en lingüística, profesor del Instituto Nacional de Lenguas y Civilizaciones Orientales, se convirtió en librero en 2017 en el Quai de Gesvres. Durante una semana, antes de desmantelar sus cajas, llevó a casa todos los libros que allí guardaba. Un esfuerzo físico que resultó fatal.”

Esta semana, Macron generó más incertidumbre en los organizadores olímpicos, declaró que Francia puede enviar tropas a Ucrania. Ante la posible intervención de la OTAN en el conflicto, Putin amenazó con el uso del arsenal nuclear ruso. Semejante retórica agita el fantasma de la suspensión del evento por inseguridad bélica.