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CULTURA / Literatura
martes 19 noviembre, 2019

Luis Chaves, el autor de una región: "Escribir es provocar"

El escritor nacido en Costa Rica es una de las voces poéticas que se leen con mayor interés en el continente. "La literatura, en mi opinión, está en muchas partes y asume diversas formas", señala a PERFIL.

por Gustavo Yuste

Luis Chaves nació en Costa Rica en 1969. La historia de una hiedra (Overol) es un recorrido por gran parte de su obra poética. Foto: Alina Muñoz Knudsen

"De pie, en mitad del jardín,/ silenciosa como la fotosíntesis/ que ocurre a su alrededor". Con esos versos de su autoría podría describirse a la poesía de Luis Chaves, poeta y narrador nacido en Costa Rica en 1969 que logró cosechar lectores en todas partes del mundo. Con la atención puesta en lo cotidiano y las vicisitudes del afecto, en donde nunca queda congelado de la misma manera, su obra poética se puede conseguir en Argentina a través de dos libros que la reúnen -Falso documental (Seix Barral, 2016) e Historia de una hiedra (Overol, 2017). 

La relación de Chaves con Argentina es cercana: del 2003 al 2006 vivió en el país, en donde se codeó con autores y autoras locales que en cierta parte determinaron el rumbo de su obra. "Claro que hubo influencia sobre todo en una época de otra velocidad, de una comunicación (lectura, correspondencia, proyectos conjuntos) más intensa", señala en diálogo con PERFIL. Ganador del Premio Hispanoamericano Sor Juana Inés de la Cruz en 1997 por su primer libro de poesía Los animales imaginarios, también vivió en Berlín y Nantes como residente de de programas artísticos. En 2011, la Akademie Schloss Solitude de Stuttgart le otorgó la beca Jean Jacques Rousseau. 

Con recursos como el humor, la ironía y la provocación, la poesía de Chaves no descuida la sensibilidad y la precisión necesaria para mostrar detalles en los elementos más comunes y ordinarios que forman parte de la vida cotidiana. Sus poemas, que pueden resultar igual de eficaces que un videoclip, demandan al lector varias lecturas no por dificultad, sino por profundidad. Además, abundan una suerte de crossovers al interior de sus poemas que, una vez descubiertos, hacen las delicias del lector.

Otro rasgo de su obra es cómo la política y la realidad social se entremezcla con sus intereses, aunque siempre de una manera solapada. Al respecto, destaca: "De entrada, elegir la escritura ya es un gesto político. Como parte de una comunidad, de un lugar, tengo, como todo mundo, mi posición frente a estas situaciones. Lo que se vuelve complicado, por lo menos para mí, es la manera en que dichas posiciones se filtren en la escritura". Después de todo, parafraseando a uno de sus poemas, toda situación se puede reducir a una simple enumeración sin perder su potencia. 

"Tal vez lo único que puedo decir es que con el tiempo me fui moviendo hacia otras zonas donde, creo, esos mismos elementos cotidianos están ahí pero no como experiencia si no como pregunta". 

— ¿Creés que la poesía está viviendo un momento más vital tanto a nivel de producción como de interés por parte del público lector?
— Si pensamos en "poesía" no solamente como la impresa o publicada en formato libro o revistas, diría que sí, por lo menos esa sensación tengo (lo digo por el contacto con jóvenes que me permite el trabajo de profesor de literatura y escritura  en una universidad). Me refiero principalmente a generaciones más jóvenes, menos prejuiciados por el vehículo en el que se transporte la poesía.

— En relación con la anterior pregunta, ¿las redes sociales aportan algo positivo para esa producción y difusión o pueden traer algún problema?
— Pero claro, son más canales abiertos para ese intercambio que es, en definitiva, la escritura. ¿Problemas? Ninguno mayor a los que existían antes de las redes sociales. 

Luis Chaves

— En tus poemas lo cotidiano ocupa un lugar central, ¿qué lugar le das a la epifanía dentro de la poesía?
— Es difícil hablar sobre lo que uno escribe, o sobre cómo escribe. Tal vez lo único que puedo decir es que con el tiempo me fui moviendo hacia otras zonas donde, creo, esos mismos elementos cotidianos están ahí pero no como experiencia si no como pregunta. 

— En las dos recopilaciones que circulan en Argentina con tu obra, La historia de una hiedra y Falso Documental, se puede ver una postura melancólica con respecto al pasado. ¿Es algo que vos también percibís? ¿La melancolía es una forma clara o borrosa de la memoria?
— Como decía, qué difícil hablar sobre lo que uno escribe. Si me decís que se siente eso, supongo  que está ahí. Me alegra que al menos digas melancolía y no nostalgia. En narrativa, creo, le doy espacio, o se hacen espacio, otros registros, otros tonos. Me gusta cierto tipo de humor, de distensión, incluso de artesanía (ese concepto que usamos para diferenciar y blindar a "las artes mayores").

Lo que se vuelve complicado, por lo menos para mí, es la manera en que dichas posiciones se filtren en la escritura. Cuanto menos obvio, menos explícito, menos plano, mejor.

— ¿Cómo ves el presente latinoamericano con varios países viviendo distintos tipos de crisis institucionales? ¿Qué posición puede ocupar un escritor en ese contexto?
— De entrada, elegir la escritura ya es un gesto político. Como parte de una comunidad, de un lugar, tengo, como todo mundo, mi posición frente a estas situaciones. Lo que se vuelve complicado, por lo menos para mí, es la manera en que dichas posiciones se filtren en la escritura. Cuanto menos obvio, menos explícito, menos plano, mejor.

— ¿Qué recuerdos te quedan de tus años en Argentina? ¿Notás influencia de algunos autores y autoras de este país en tu obra?
— Más que recuerdos, tengo grandes amigas y amigos, gente muy querida, son parte de eso que llamo la familia molecular. Y claro que hubo influencia sobre todo en una época de otra velocidad, de una comunicación (lectura, correspondencia, proyectos conjuntos) más intensa, hablo del territorio que cubrió fines de los 90 e inicios de los 2000. Y diría que no solo de Argentina si no del Cono Sur en general. 

— ¿Qué lugar ocupa la provocación en tu obra?
— Ya escribir es provocar. Ese ejercicio sin justificación mercantil, fuera de toda lógica costo-beneficio. Ahora, si te referís a la escritura que tiene un destinatario (persona o grupo de personas) específico, pues la usé más cuando publicaba crónicas y columnas en diarios y revistas. La provocación es escribir para otros y como escribo poco ahora, cuando logro empezar algo trato de no desviarme.

— En reiteradas ocasiones mencionás que "todo ya está hecho" en literatura. ¿Cómo encontrás el impulso para escribir entonces?
— ¡Las cosas que uno dice y luego no recuerda haber dicho!. Pero es cierto también y se ha dicho desde siempre y eso no ha detenido a nadie que quiera escribir.  Ahora, como decía, escribo menos, pero por otras razones. No sé bien cuáles. Ya no tengo prisa, escribo lento, ¡tan lento que a veces parece que no escribo!  

Ya escribir es provocar. Ese ejercicio sin justificación mercantil, fuera de toda lógica costo-beneficio.

—¿Cuáles son los desafíos de la literatura en esta etapa de constantes estímulos escritos (medios de comunicación, redes sociales, smartphones, etc)?
— La literatura, en mi opinión, está en muchas partes y asume diversas formas.  No creo que haya ninguna amenaza, todo lo contrario. 

— Por último, llevás muchos años dando talleres de literatura. ¿Qué notás dentro de la escritura de las generaciones más jóvenes?
— Con el riesgo de generalizar, diría que se acercan sin solemnidad y eso, como punto de partida, me parece positivo.


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