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CULTURA / Efemérides
viernes 29 mayo, 2020

Quién apuñaló al cineasta argentino Jorge Cedrón hace 40 años en París

Pasión, destierro y enigmática muerte en París de un icono argentino del cine militante de los años 70.

“Operación Masacre” fue su obra más importante, basado en el libro del periodista Rodolfo Walsh con quien escribió el guión Foto: Shutterstock
viernes 29 mayo, 2020

El 1 de junio de 1980, a los 38 años, Jorge Cedrón, refugiado en Francia desde 1977, fue abatido de varias puñaladas, en el 36 de la Quai des Orfèvres, cuartel general de la policía en París. En la versión original en francés, el film de Olivier Marchal que lleva solo por título el celebre domicilio, lo muestra como una cuna de bajas pasiones. El crimen sucedió a los nueve días que secuestraran en la capital francesa a Saturnino Montero Ruiz, ex intendente de Buenos Aires y suegro de Cedrón.

El aniquilamiento del realizador cinematográfico terminó siendo atribuido a una insólita conjura entre la Marina argentina y el grupo político de los disidentes montoneros, escindidos “a finales de 1978”, liderados por Rodolfo Galimberti, entonces desparramados por Europa, formación que supo integrar el poeta y periodista, Juan Gelman. (1) Al cisma lo acompañó Patricia Bullrich, cuñada de Galimberti, tal vez paradójicamente -y proyectada a un futuro inimaginable cuatro décadas atrás- se acomodó, en tanto ministra de Seguridad del Presidente Mauricio Macri.

Jorge Cedrón (25/4/1942) dirigió el documental Operación Masacre. Se estrenó en 1973, con guión de Rodolfo Walsh, y las memorables actuaciones de Norma Aleandro, Carlos Carella, Walter Vidarte, Victor Laplace, Ana María Piccio y José María Gutierrez. A semejante elenco se incorporó Julio Troxler, uno de los sobrevivientes de los fusilamientos de José Léon Suarez, en la madrugada del 10 de junio de 1956, responsabilidad de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, ejecuciones extrajudiciales aludidas en la película.

Los fusilados fueron patriotas acusados de participar en el levantamiento del General Juan J. Valle contra la “Revolución Libertadora”, consecuencia del golpe de Estado dirigido en 1955 por el Teniente General R, Pedro Eugenio Aramburu, para derribar al Presidente constitucional Juan Domingo Perón. En 1971, Cedrón se había hecho conocer por Los senderos del Libertador, film consagrado al prócer, José de San Martín, en cuyo guión colaboró Paco Urondo.  

Al cisma lo acompañó Patricia Bullrich, cuñada de Galimberti, tal vez paradójicamente -y proyectada a un futuro inimaginable cuatro décadas atrás- se acomodó, en tanto ministra de Seguridad del Presidente Mauricio Macri.

Mientras Montero Ruiz continuaba en poder de los secuestradores, el 31 de mayo arribó a París procedente de Buenos Aires, su hija Marta Montero, compañera sentimental de Cedrón. Al promediar la madrugada del día siguiente, el cineasta la aguardaba en la sala de espera de la central policial frente a la catedral de Notre Dame, a que ella finalizara una entrevista con autoridades policiales, susceptible eventualmente de disuadirla, si tenía intención de pagar el rescate de 1.200.000 dólares que reclamaban los captores para liberar a su padre. Pero al salir de la reunión y buscar a su marido, no lo encontró.

Al rato, despuntando el alba del 1 de junio de 1980, la policía le dio la terrible noticia que yacía inanimado en un baño. El agente que descubrió el cuerpo sin vida, primero manifestó que la puerta del baño estaba abierta. En una segunda versión, rectificó. Señaló que la puerta estaba cerrada. La contradicción fue revelada el año pasado por Carlos Saglul, en Canal Abierto. Esta publicación vinculada al mundo del cine nacional, identificó además al jefe policial que llevó adelante la pesquisa en Francia, un tal Marcel Leclerc, otrora miembro de la OAS, una organización paramilitar de extrema derecha. (2)

En aquella irremediable escenografía de terror, el despojo de Cedrón mantenía aferrada a su mano derecha una arma blanca francesa denominada lagiole (cortapluma-puñal). La víctima era zurda. Quizá intentaron hacerlo pasar por un suicidio, como si se hubiera autoinfligido las heridas. De hecho, una consulta profesional especula que a continuación de una primera puñalada atizada a uno mismo, entre el dolor y la entrada de aire en el tórax, es prácticamente imposible acabar con la vida por propia mano.

Dadas las circunstancias y pormenores del sangriento drama, se impone conjeturar los motivos de un probable homicidio: ¿Cedrón fue testigo de alguna escena que comprometía a sus protagonistas?, ¿percibió a alguien que no debía en esa ocasión?, o ¿escucho algo detrás de las puertas que no tenía que oír? Con todo, el despliegue de la fatídica muerte parece demasiado improvisada para soslayar estas preguntas, y aceptar que se lo acallara para siempre de manera muy extraña, y en tan inquietante escenario. De todos modos el procedimiento judicial no produjo ningún resultado conocido públicamente. Sin que el rescate fuera pagado, a Saturnino Montero Ruiz lo soltaron el 3 de junio de 1980, al cabo de once días atado a una cama y encapuchado. Oportunamente exculpó de su privación ilegal de libertad a su difunto yerno. (3)

Existieron contradicciones en las declaraciones del agente que encontró el cuerpo de Cedron, sin vida, en un baño. El jefe de la pesquisa fue Marcel Leclerc, miembro de la OAS

Las suspicacias en derredor de las teorías urdidas para explicar lo acontecido confluyen en una hipotética connivencia de Rodolfo Galimberti y Juan Gelman, ambos ahora fallecidos, con el Centro Piloto Paris, esa suerte de célula multipropósito de la Marina argentina en Francia durante la dictadura, al margen de la diplomacia oficial de Buenos Aires. En ella intervinieron ex represores. Destacaron Antonio Pernias, Enrique Yon, Ernesto Frimon Weber, alias 220, un policía de la Federal que les enseñó a picanear a los oficiales de la Armada en la ESMA, y Ricardo Cavallo, galardonado por Francia en 1985 con la Orden Nacional del Mérito, recientemente descondecorado, a solicitud del gobierno del Presidente Alberto Fernández. A ese Centro Piloto le reprochan haber digitado con anterioridad, el asesinato en Buenos Aires de la diplomática argentina en Francia, Elena Holmberg, en 1978.

Por comentarios que circulaban en el exilio europeo, cuyos epicentros fueran Madrid, Roma, París, y Ginebra, alrededor de la fecha del homicidio de Jorge Cedrón, era un secreto a voces que no simpatizaba políticamente con la dirección de Montoneros, instalada en Europa al declinar 1976. Se lo consideraba un anarquista que no toleraba depender de ninguna estructura, ni ser orgánico a militancia organizada alguna. Acaso por razones encontradas, se había peleado con Firmenich y Galimberti, no obstante mantener su amistad personal con Gelman. Realizó dos documentales en París.

Resistir es vencer lo hizo en 1978, con el seudónimo de Julian Calinki, financiado por Montoneros, con quienes tuvo conflictos para que le cubrieran los gastos de producción. El otro fue Gotan (1979), en alusión al café concert de los Cedrón en Buenos Aires, antes que estos huyeran a Francia amenazados por la Triple A. En esa desafiante coyuntura de precariedad y exilio, se lo notaba particularmente dolido por la pérdida de gente que le era muy querida, en virtud de un pasado común: Paco Urondo, Walsh, Haroldo Conti, Miguel Briante, y varios más.

Suspicacias en derredor de las teorías urdidas para explicar lo acontecido confluyen en una hipotética connivencia entre Galimberti, Gelman y el Centro Piloto Paris, celula multipropósito de la Marina argentina en Francia durante la dictadura 

Las sospechas sobre Galimberti y Gelman surgen de la biografía de Galimberti, escrita por Marcelo Larraquy y Roberto Caballero (Editorial Norma, 2000), investigación periodística, que se sepa, no cuestionada en tribunales. Los autores advierten que Juan Gelman no quiso darles una entrevista sobre el caso Cedron para el libro. Manifiestan que Gelman no concurrió al entierro, que congregó mucha gente en el cementerio Montparnasse, de París.

En el funeral, Pino Solanas entonó un encendido discurso. Sobresalía la presencia de Julio Cortazar, amigo de los Cedrón, quien paralelamente encabezó las firmas de un testimonio escrito de solidaridad para con el trágicamente fallecido, junto a otros intelectuales parisinos, que publicó el diario francés Le Monde el 17 de julio de 1980, edición ya citada en las fuentes documentales de esta crónica. Galimberti y Gelman terminaron rompiendo políticamente en 1983. (4) El primero expiró en Buenos Aires en 2002 debido a complicaciones cardiacas. Al segundo lo mató un cáncer el 14 de enero de 2014 en México.

En el cuarteto Cedrón, fundado en 1964, hubo una separación que llamó la atención. Fue la de  Cesar Stroscio, el bandoneón, al que se lo sindicaba como muy amigo de Juan Gelman. Trascendió que Juan Carlos Cedrón, apodado el Tata, referente del grupo, no lo podía soportar, a partir del martirio de su hermano. Incluso rondaba el comentario de una escena a la luz pública en París, donde el Tata Cedrón le enrostró a Gelman en alta voz haber estado de algún modo implicado en el horrendo final de su hermano. Al tiempo, corría el significativo rumor que Gelman había cultivado un trato asiduo con Montero Ruiz. Ninguno de los dos ocultaba que se frecuentaban seguido a tomar whisky y hablar de política, pues se solían ver en un bar conocido de París.

Las sospechas sobre Galimberti y Gelman surgen de la biografía de Galimberti, escrita por Marcelo Larraquy y Roberto Caballero

Canal Abierto destapó también que Armando Lambruschini, otrora Comandante en Jefe de la Marina que, de 1978 a 1981, sucediera a Eduardo Emilio Massera en la Junta Militar, -condenado a ocho años de cárcel en 1985 por delitos de lesa humanidad durante la dictadura militar (1976-1983)-, le informó ulteriormente a Montero Ruiz en Buenos Aires, que “yo ordené ponerlo a usted en libertad”. Indicios concordantes sostienen la intervención de la Marina, indudablemente a través del Centro Piloto París, cuyos personeros habrían conseguido un apoyo militar local para secuestrar a Montero Ruiz, fruto de la codicia anudada con Galimberti para sacarle plata. (5)

Por cierto, Cedrón estaba escribiendo el guión de un nuevo documental cuando lo mataron. Iba a ser una coproducción entre Holanda y Francia, titulada El Asilo. Al parecer el libreto lo estaba redactando junto a una mujer francesa, cuya identidad no ha podido todavía confirmarse definitivamente. Sin embargo, resulta de sumo interés, el papel que pudo haber jugado en los velados entretelones de las últimas horas de Cedron, la francesa Marie-Pascale Chevance Bertin, tenida por su amante, y de Galimberti, todo esto con posterioridad a que ella dejara de ser la esposa del actor Norman Briski, este último de conocida militancia montonera en aquel lugar y época. (6)

El padre de esta Marie-Pascale, el general Maurice Chevance Bertin, héroe de la resistencia francesa contra el nazismo, habría sido “protector” y una especie de supuesto contacto privilegiado de Galimberti en Francia, a quienes los biógrafos Larraquy y Caballero los involucran a duo, en un engaño financiero al economista Oscar Braun, quien el 9 de enero de 1981 sucumbió en un dudoso accidente automovilístico en La Haya. Al menos lo más notorio del libro al respecto es que bastante después que lo liberaron el 3 de junio de 1980, Montero Ruiz  apuntó: “creo que estuve en un cuartel militar porque pude ver un pabellón francés… En un momento perdieron las llaves de las esposas y me llevaron a un cuarto que tenía elementos de cerrajería”.

 

(*) Autor de Montoneros, final de cuentas, reeditado por Estela Eterna en 2020

 

(1) Mario Vargas Llosa, El País, Madrid, 12 de abril de 1987.

(2) Carlos Saglul, Canal Abierto, Argentina, 8 de julio de 2019. Le Monde, 17 de julio de 1980.

(3) Galimberti De Perón a Susana De Montoneros a la CIA, Biografía no autorizada, de Marcelo Larraquy y Roberto Caballero, Norma, 2000.

(4) Galimberti… , ya citado y entrevista a Juan Gelman de Roberto Mero, en Caras y Caretas de diciembre de 1983, copia en el archivo del autor. 

(5) Canal Abierto, y Galimberti ... ya citados

(6) La voluntad, Tomo III, Eduardo Anguita y Marín Caparrós, Norma, 1998.

(7) Galimberti ya citado.

 

 


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