CULTURA
muestra

Teoría del cielo

Con la nueva exposición que puede verse en Fundación Andreani, en el barrio de La Boca, un corpus de obras realizadas por medio de impresiones de cartografías antiguas que están intervenidas y se proyectan sobre papeles y vidrios, el artista argentino Marcelo Grosman propone que la manera en la que se ha narrado el cielo puede volver a contarse. Que la bóveda celeste puede seguir produciendo discursos sobre nuestra existencia, el amor, el futuro, la belleza.

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Cosmos. “¿Qué pasaría si dibujáramos nuevas constelaciones, otras versiones del cielo y el Cosmos dejándonos guiar por una lógica contra-hegemónica que convocara a la celebración de los cuerpos, la amistad y el cuidado?”, se preguntan Grosman y Virginia Castro. | gza. fundación andreani

Para hacer filosofía, lo que sería atreverse a saber y conocer el conocimiento, Immanuel Kant miró el cielo. Un cielo estrellado de la ciudad de Königsberg, entonces capital de Prusia oriental, donde había nacido el 22 de abril de 1724. Sería siempre el mismo firmamento, ya que, cuenta la leyenda, nunca salió de ahí, aunque su biógrafo mencione los seis años que estuvo trabajando en otro lado. A partir de esa observación escribió en Crítica a la razón práctica: “Dos cosas llenan mi ánimo de creciente admiración y respeto a medida que pienso y profundizo en ellas: el cielo estrellado sobre mí y la ley moral dentro de mí. Son cosas ambas que no debo buscar fuera de mi círculo visual y limitarme a conjeturarlas como si estuvieran envueltas en tinieblas o se hallaran en lo trascendente; las veo ante mí y las enlazo directamente con la conciencia de mi existencia.” 

Pero esta inquietud que “ensancha el enlace en que yo estoy hacia lo inmensamente grande con mundos y más mundos y sistemas de sistemas, y además, su principio y duración hacia los tiempos ilimitados de su movimiento periódico”, según sigue escrito de 1788, está en los comienzos de su sistema de pensamiento, en lo revolucionario de la nueva organización que le imprime al conocimiento. Con una cita de Alexander Pope, el poeta inglés que escribió Ensayo sobre el hombre y con el que pensó la relación entre la humanidad y el universo, en 1755 había terminado de redactar Historia universal de la naturaleza y Teoría del cielo. La tercera parte tiene el título “Contiene un ensayo de comparación entre los habitantes de diversos planetas, basado en las analogías de la naturaleza”, y un apéndice “Sobre los habitantes de los astros”. 

Entonces, la curiosidad por la pregunta sobre la vida en otros planetas, y las condiciones de esos seres, se percibe en la admiración hacía los astros y también, esta indagación le posibilita expandir el concepto de racionalidad. Para rubricar que no existe la posibilidad de conocer las cosas como son, que sólo se accede, desde el sujeto, a cómo se produce ese conocimiento y que la realidad es un proyecto que sale del sujeto, dicen que dijo: “No hace falta salir de mi habitación para conocer el mundo”. Lo que sí sabemos es que, por lo menos debe haber visto desde el patio una noche estrellada.  

Marcelo Grosman parte de la idea de que el cielo, tal como se lo conoce, se puede cambiar con arte. Desde La invención del cielo, un corpus de obras realizadas por medio de impresiones de cartografías antiguas que están intervenidas y se proyectan sobre papeles y vidrios, propone que la manera en la que se ha narrado el cielo puede volver a contarse. Que la bóveda celeste puede seguir produciendo discursos sobre nuestra existencia, el amor, el futuro, la belleza. Así como el gráfico de estrellas que se conoce como el más antiguo, una pieza de 32 mil años descubierta en Alemania, está tallado en un colmillo de mamut y las estrellas de las Pléyades están dibujadas en las paredes de las cuevas de Lascaux en Francia, hay un vínculo poderoso entre arte y astronomía, en tanto representación de lo infinito, lo desconocido, para adaptarlo los ojos humanos. 

Sobre todo, en relación con el cuerpo. O dicho desde Kant, si a partir de los juicios y categorías que señaló el filósofo para conocer los objetos, desde las impresiones sensibles en un tiempo y espacio hasta los conceptos propios del entendimiento, conocer la realidad es conocer al sujeto: para conocer hay que conocerse. Esto está en la mirada que renvía a un universo mayor de sentido y forman un sistema acumulativo y entre todas las obras, confluyen en un caleidoscopio que agrupa y desorganiza, alternativamente, armando un nuevo mapa del cielo. Una manera de responder a la pregunta que se hacen Grosman y Virgina Castro en el texto que acompaña la muestra: “¿Qué pasaría si dibujáramos nuevas constelaciones, otras versiones del cielo y el Cosmos dejándonos guiar por una lógica contra-hegemónica que convocara a la celebración de los cuerpos, la amistad y el cuidado?” Algo que está en ese ensayo de Pope tan inspirador para Kant cuyo aliento estaba hasta el final, una suerte de conócete a ti mismo en clave demoledora: “¡Ey, estupenda criatura! remóntate adonde las ciencias te guían. Mide la tierra, pesa el aire, y calcula las mareas. Demuestra qué leyes siguen los errantes planetas en sus órbitas; corrige el tiempo, y marca al sol su camino. ¡Ey, elévate con Platón a la esfera del empíreo hasta llegar al bien primero, a la primera perfección y belleza primera, o penetra en el laberinto hollado por sus sucesores, y di que el desentenderse de los sentidos es imitar a Dios, a la manera que aquellos sacerdotes orientales, que después de dar sus vueltas al rededor, y andárseles la cabeza, se imaginan imitar al sol! ¡Ey, ve, enseña a la eterna Sabiduría cómo debe gobernar, y entra luego dentro de ti mismo, y nota tu imbecilidad!”.

 

La invención del cielo

De Marcelo Grosman. Hasta marzo de 2023, de jueves a domingos y feriados de 12 a 19.

Fundación Andreani, Av. Pedro de Mendoza 1981