En el bufet del Virreyes Rugby Club hay una lámina que enumera los valores del tercer tiempo. Está enmarcada y cuelga de una pared, a la vista de todos. El lugar es cómodo, agradable, pero sin detalles suntuosos ni elegancia forzada. Hay un mostrador, una parrilla enorme que espera al batallón de rugbiers y muchas mesas con bancos. La lámina tiene un texto que habla de reencuentro, de agradecimiento, de celebración y de lazos de amistad. Y finaliza: “No participar del tercer tiempo es no haber entendido el juego. Más aun: no se habrá gozado plenamente de la maravillosa aventura del rugby”