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opinión

El Mundial y la publicidad patriotera

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Facturar. ¡Hasta Thiago Almada publicita una bebida! | afp

Me imagino que en el tiempo libre que le queda al director técnico de la selección argentina, a sus asistentes y a la mayoría de los jugadores, luego de grabar y grabar y grabar y grabar y grabar y grabar y grabar y grabar y grabar publicidades de todo tipo, ya deben estar pensando en el Mundial. Al menos eso espero.

Un amigo me dijo que hacen las publicidades ahora, porque si les llega a ir mal en el torneo (¡Ah, el fantasma del 82!) después no los van a llamar más. Para mí que exagera, aunque es cierto que yo no entiendo nada de marketing y esas cosas. Puedo decir, sí, que ver la tele se convirtió en algo abrumador. O, mejor dicho, mirar las tandas publicitarias. ¡Hasta Thiago Almada publicita no sé qué bebida! Y, antes y después, es una tras otra, tras otra, publicidades con jugadores. Y cuando eso no ocurre (como en la que están Ginobili y hasta…¡Charly García!) todo tiene igualmente, recurrentemente y hasta de un modo francamente insoportable, un espíritu patriotero, un chauvinismo hueco (valga la redundancia) y un nacionalismo de mercado. El clima publicitario en torno al Mundial no deja resquicios: nosotros tenemos que consumir ese nacionalismo de pacotilla y ellos nos quieren vender hasta latitas vacías, si pudieran.

Permítanme contar una anécdota, es decir, un hecho que me ocurrió hace años. Era también la previa de un Mundial, y había también bastantes publicidades sobre o con ese tema (aunque no tantas como ahora, por supuesto). Había una de un auto que andaba por una calle rodeada de banderas celeste y blancas, con una música electrónica (era lo que estaba de moda entonces) y un texto en off que hacía referencia a la “pasión argentina”. Por razones que no vienen al caso ahora, en esa época viajé a México y gran sorpresa me llevé al ver, en la tele de mi habitación, la misma publicidad de ese auto, pero ahora rodeada de banderas mexicanas, y con un texto en off que hablaba de la “pasión mexicana”. La pasión por el Mundial era un curro publicitario que se repetía de país en país, con el mismo producto que solo cambiaba la escenografía de fondo.

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Y mientras la televisión –y demás soportes mediáticos– rebalsan de tanta pasión argentina, de los colores patrios y de futbolistas y celebrities que se hacen unos (o muchos) dólares, por afuera, en la calle, en la ciudad, ¿hay clima de Mundial? No sé si mis amigos son ejemplo de algo (es más, pienso que no son ejemplo de nada) pero nosotros todavía estamos hablando de cómo perdió River con Belgrano, y de la actuación de Boca en la Copa Libertadores.

Del Mundial recién empezamos a hablar ahora. Muy de a poco. Entre tanto, a mí me preocupan las lesiones o los jugadores que llegan tocados (aquí el fantasma sería el del Mundial 90). Messi, obviamente. Pero también el arquero Martínez, con un dedo roto. Y varios otros más. Y también, la falta, durante los últimos años, de partidos amistosos contra equipos importantes. Argentina es 50% candidata y 50% un enigma. El Mundial, en tierras de Trump (y países vecinos), está a la vuelta de la esquina. Y, pese a todo, nos despierta pasión.