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Nueve minutos feroces y a pensar en River

El equipo del mellizo arrancó perdiendo, pero lo dió vuelta en una ráfaga y después lo controló. El domingo, el superclásico.

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Fue un minuto. Los 30 segundos finales del primer tiempo, y los 30 segundos iniciales del segundo. Ahí, en esos 60 segundos separados por 15 minutos de descanso, Boca resolvió el partido contra Aldosivi, que había empezado mal y terminó mucho mejor de lo esperado: en goleada 4 a 1. Una buena manera de esperar el superclásico con River del próximo fin de semana.

Ayer, la Bombonera ofreció un césped más cercano al de sus épocas de crisis que al de este presente, en el que arquitectos de todo el mundo la visitan con la intención de convertirla en la meca restaurada del fútbol sudamericano. Y como había más barro que césped, el partido se jugó con una dinámica propia de ese terreno: mucha fricción, mucha imprecisión, y pocas situaciones claras. De esas pocas situaciones, sin embargo, surgieron los dos goles del primer tiempo: el de Aldosivi, a través de Bandiera, y el de Chávez, en el segundo final, luego de una perfecta asistencia de Meli. Chávez lo gritó como en una final del mundo, quizás porque para él era algo parecido a eso: desde que llegó al club no pudo demostrar lo que sí demostró en Banfield, lo que le valió la pena perpetua del banco de suplentes –y a veces ni siquiera eso–.

Si Chávez suavizó la sorpresa en el final de la primera parte, a los pocos segundos de empezado el complemento, el que hizo que todo se volviera lógico fue Lodeiro, que ya había hecho felices a los bosteros por el gol a Racing en la Libertadores.

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Tras el gol de Lodeiro, Boca tuvo una ráfaga de buen juego y pragmatismo. Quedó representado en una gran jugada de Meli que terminó Messidoro. Después, Aldosivi mereció acortar la distancia. Pero primero Orion, y después Sara (Orion se fue lesionado) taparon lo que hubiese sido un descuento merecido. Al final, para decorar el resultado y hacer de este partido una historia pendular, Chávez gritó el cuarto. Con su grito, esa Bombonera mojada se acordó de que a pesar del barro, Boca vive momentos felices.