La Selección Argentina clasificó a los 16avos de final del Mundial 2026 tras vencer a Austria y desató festejos no solo en territorio rioplatense, sino también a más de 20.000 kilómetros de distancia. Las calles de Bangladesh, país asiático de 177 millones de habitantes se llenaron de camisetas y banderas albicelestes.
Según una reciente investigación publicada por el diario británico Financial Times, el volumen de seguidores del combinado nacional supera a la población total de Argentina. Más de dos tercios de la población sigue el Mundial y cerca del 60% alienta por Argentina.
La razón inicial radica en un factor estructural: la selección de Bangladesh nunca clasificó a un Mundial. Ante la ausencia de un equipo propio al que apoyar en la competición, una inmensa base de hinchas locales optó por seguir a la Argentina.
El informe sitúa el punto de quiebre definitivo en el Mundial de México 1986. El histórico partido de cuartos de final en el que Argentina derrotó a Inglaterra con dos goles icónicos de Diego Armando Maradona se transformó en un hito fundacional para los bangladesíes.
Para una nación que sufrió casi dos siglos de dominación bajo el imperio británico y que arrastra profundas cicatrices coloniales, los goles del "Diez" fueron interpretados como una suerte de venganza poética. La victoria argentina ante el antiguo colonizador resonó con fuerza en la sensibilidad histórica de Bangladesh.

El fanatismo que nació en 1986 encontró una continuidad perfecta en el siglo XXI gracias a Lionel Messi. De acuerdo con el artículo, las generaciones más jóvenes de Bangladesh proyectan un eco de Maradona en la figura del actual capitán argentino, ya que representa una fuente de motivación y un impulso aspiracional.
La conexión se manifiesta con gigantescos murales de Messi y Maradona pintados por los propios hinchas. Durante el debut argentino en el Mundial 2026, miles de personas se congregaron frente a pantallas gigantes para celebrar el triplete del astro rosarino frente a Argelia.
La investigación también detalla que, mientras para los argentinos operó como un catalizador frente a crisis económicas y dictaduras, en Bangladesh el Mundial funciona como un motor tras haber atravesado 15 años de un régimen autoritario y durante la Guerra de Independencia de 1971 contra Pakistán.
La magnitud del arraigo es tal que la autoridades nacionales de ambos países tomaron nota del impacto de la pasión compartida. Tras la consagración albiceleste en Qatar 2022, el gobierno argentino reabrió su embajada en Dhaka, la capital, formalizando un puente institucional.