Falta menos de un mes para que empiece el Mundial, pero la fiebre albiceleste ha invadido las calles. Porque sí, somos argentinos -carajo- y toda la galaxia debe estar pintada con nuestros patrios colores hasta que ganemos la Copa o, al menos, hasta que perdamos en primera ronda y debamos enrollar la bandera y metérnosla justo ahí, donde Febo no asoma.