“Presten atención” es una de las expresiones más habituales escuchadas en el aula. Tal vez es por eso que definir la atención parece, a primera vista, algo sencillo, un concepto que todos conocemos y que depende de nuestra voluntad. Es algo palpable en nuestra vida diaria cuando estamos leyendo, trabajando o simplemente conversando, sabemos que la atención juega un papel central para sostener con eficiencia esas actividades. (…)
Concebimos la atención como una capacidad de concentrarse en aquello que estamos haciendo, de dirigir nuestra mente hacia una porción de realidad, pero que tiene límites y es compleja.
Como otras funciones cognitivas refiere a un conjunto de procesos cerebrales interconectados, influenciados por factores internos (emociones y pensamientos) y externos (percepciones a través de los sentidos). Es una función que nos permite tomar decisiones en cuanto a la regulación de nuestro comportamiento y sostener así una conducta dirigida a metas. Como se demuestra en la experiencia del “gorila invisible”, de todo lo que perciben nuestros sentidos, solo una pequeña porción de esa realidad llega a nuestra conciencia, y esto está determinado principalmente por la dirección y el foco hacia el que se dirige nuestra atención. (…)
Considerando el uso corriente que en los ámbitos educativos tiene el término atención, vale la pena examinar ciertos aspectos de los estudios históricos, para comprender que algunas de estas teorías aún persisten y que deben ser revisadas con el objeto de asumir su complejidad y mejorar las intervenciones en el aula.
Uno de los primeros en hacer referencia a la atención fue William James, quien, en 1890, en su libro Principios de psicología se refirió a esta facultad diciendo: Todos sabemos lo que es la atención. Es que la mente tome posesión, en forma clara y vívida, de uno entre los que parecen ser varios objetos simultáneamente posibles, o trenes de pensamiento. De esta forma, James ponía el acento en la relación de la atención con la conciencia y el esfuerzo por la selección de partes de la realidad, en contraposición a quienes se referían al ser humano como un receptor pasivo de información. Una de las investigaciones más conocidos es el modelo de filtro de Broadbent, quien conceptualizó la atención como un cuello de botella, haciendo también referencia al aspecto selectivo de la atención, pero agrega que el procesamiento de información es realizado por un mecanismo de capacidad limitada que supone la existencia de una estructura denominada filtro. El modelo de filtro de Broadbent se relaciona con la teoría de la memoria en tres estructuras: memoria sensorial, a corto plazo y a largo plazo, por lo que, con el fin de no sobrecargar la información del canal central de la memoria a corto plazo, se dispone de un filtro selectivo rígido que deja pasar solo la información relevante de la memoria sensorial, mientras que el resto se pierde. Posteriormente hubo otros modelos que plantean la existencia de un filtro en etapas más tardías del procesamiento de la información o de filtros más atenuados.
La concepción actual de la atención es de un sistema que incluye más variables, que actúa controlando el procesamiento de información prácticamente en todos sus niveles, desde la selección de los estímulos, hasta las respuestas que damos con nuestra conducta, y que además tiene un sustrato neurobiológico específico del que cada vez se sabe mucho más. Por ejemplo, si en lugar de dejar el teléfono en la mesa lo guardamos en la heladera, vemos cómo en este caso la atención actúa más en nuestra conducta que en la selección de información del entorno.
Uno de las concepciones actuales con más peso en la literatura es el modelo de Posner. Michael Posner, Doctor en Psicología de la Universidad de Oregon, ha dedicado la mayor parte de su vida profesional a investigar este tema. Él propone un modelo integrador, que es actualmente considerado uno de los más sólidos y con más fundamento experimental. Una idea central de este modelo es mostrar que la experiencia atencional no depende de una zona específica del cerebro, sino que prestar atención es un trabajo esforzado que compromete a todo el cerebro.
Posner observa que en la atención se implican tres redes, es decir, tres circuitos que conectan áreas específicas del cerebro que funcionan de manera integrada y coordinada para sostener una conducta atenta y adaptativa, según las propias demandas y las del entorno. Su importancia (…) es que facilita la comprensión de ciertas dificultades que ocurren en el aula cuando pedimos atención a nuestros alumnos, para así poder intervenir de manera específica.
Posner describe tres redes:
1. Red de alerta: también llamada de vigilancia, es la que nos genera un estado de activación general para responder a las cosas que se nos presentan. (…)
2. Red de orientación: nos permite dirigir la atención a diferentes lugares (externos e internos).
3. Red ejecutiva o de control cognitivo: mantiene la atención en lo que seleccionamos como nuestro foco inhibiendo las interferencias (cosas que nos distraen).
*/**/*** Autoras de El cerebro en el aula, editorial Paidós (fragmento).