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COLUMNISTAS / propuesta de reestructuración
viernes 8 mayo, 2020

Negociación por la deuda | Las 10 lecciones de un resultado postergado

Qué nos deja como conclusión la falta de adhesión a la propuesta del Gobierno a los acreedores.

Martín Guzmán Foto: CEDOC
viernes 8 mayo, 2020

La fecha del 8 de mayo fue el plazo autoimpuesto por el Gobierno para que los acreedores privados de deuda externa adhirieran a la propuesta de reestructuración que oportunamente hiciera conocer. Al cierre de hoy, el porcentaje de contestación positiva de los bonistas no alcanzaba para incluir a todos los tenedores en las acciones de clase y cerrar este capítulo, que desde un inicio el Presidente Alberto Fernández consideraba un lastre para romper con el estancamiento argentino.

Aun sin conocer el resultado final, quedó claro durante la última semana que las cartas que iba jugando el equipo negociador encabezado por Martín Guzmán iba preparando el terreno para un final adverso. Desde su “decepción” por la dureza del corazón (y de bolsillo) de los acreedores que no entendían la situación argentina, el memo de la oferta del fondo BlackRock cuidadosamente descuidada en su filtración, la carta firmada por economistas internacionales reconocidos y también locales embanderados en un apoyo global a la gestión y la conferencia virtual que dio el ministro organizada por su universidad (Columbia) en la que volvió a explicar el desafío de la negociación.

En la última jornada, la de hoy, los trascendidos y frases apuntaban a que el plazo era muy argentino: podría cambiar. La ahora amiga de la casa, la directora del FMI, Kristalina Georgieva, también se refirió a que es optimista a un acuerdo final luego de este paso en falso para saber la real voluntad negociadora de los acreedores. Y también la capacidad de maniobra política que le queda al Presidente dentro de la colación gobernante.

 

Cerró el canje con baja adhesión externa y Economía admite que siguen las conversaciones

Si lo de hoy era un cálculo previsible también es útil para anotar algunas diferencias con otras reestructuraciones y amagues de default en las que la Argentina tiene oficio de sobra. Pero si fue una derrota, en el mejor de los casos ajustada, también hay lecciones para tener en cuenta:

  1. El timing de negociación. Es clave para tomar la iniciativa y también para poder cerrarla satisfactoriamente. Lo negativo de no haber lanzado la propuesta ni bien empezó este mandato presidencial tuvo como costo haber pagado vencimientos para no patear el tablero, se compensó con que luego de la pandemia, la resistencia a la reestructuración fue menor por parte de todos los acreedores.

  2. La división del trabajo. El Gobierno se ocupó de no dejar cabos sueltos en el proceso de negociación. No había un coro de voces discordantes y hubo una argumentación uniforme en cuanto los objetivos a alcanzar y los motivos de la decisión. Eso ayuda a trasmitir y empodera al negociador.

  3. Aliados se necesitan. También, a diferencia del año 2005, su buscaron sociedades en personajes claves que apoyaran la iniciativa y que oficiaran amicus curiae en los foros internacionales y las tribunas de opinión.

  4. Diversidad de pensamiento. Lo que a primera vista aparece como una unidad monolítica, nunca lo es. Ni los acreedores son todo lo mismo, ni el Gobierno presentan un frente homogéneo a la hora de poner los límites en el proceso de negociación.

  5. El pasado no se repite. La proyección de otras negociaciones pasadas no suele ser lineal. En especial, los acuerdos del año 2005 que ponían del otro lado de la mesa a miles de bonistas minoristas (jubilados italianos, alemanes o japoneses) que incluso se consideraban estafados por sus propios bancos colocadores. Hoy está mucho más concentrado en gestores de cartera “profesionalizados”.

  6. Radiografía del acreedor. Para entender la posición de los bonistas, además de sus diferencias, hay que comprender qué son, sobre todo en el tramo internacional, fondos que administran fiduciariamente, dinero de otros fondos muchas veces de tenedores institucionales, con reglas que deben cumplir y que necesitan su propio consenso para apartarse de lo previsto.

  7. La voluntad de pago. En la propuesta oficial, no hay pagos hasta terminar este mandato. El mensaje no es el mejor en cuanto a un gesto de asumir una responsabilidad pagadora. Una pequeña corrección en ese sentido, ayudaría a los acreedores en su tarea de convencer a la propia tropa.

  8. El efecto conejillo de indias. Argentina sería el primer país en ingresar en una reestructuración de deuda soberana en plena pandemia. Además del excelente caso de laboratorio para la academia, también será mirado con sumo interés por otros acreedores e instituciones financieras internacionales por la cantidad de otros casos que han pateado su situación para más adelante.

  9. El rol del FMI. Hasta ahora consiguió que su propia deuda no fuera reestructurada, como indica la tradición y su carta orgánica. Pero de ahora en más debería asumir un rol de componedor eficaz en su condición de garante de una pax económica mundial ante la crisis post pandemia.

  10. La pregunta de mañana. ¿Para qué endeudarse? Esta renegociación también servirá para replantearse la naturaleza del financiamiento del Estado, justo cuando la caída abrupta del ingreso necesitará de más recursos simplemente para reestablecer el nivel de actividad. Argentina convirtió en ordinario los medios extraordinarios para alcanzar los equilibrios.

En definitiva, este no terminó siendo el partido final. Hay suplementario, que se extenderá por 14 días más, al menos. El tiempo de la negociación que seguirá trayendo más idas y vueltas para un resultado en el que muchos pujan que haya más de un ganador.

CP


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