viernes 12 de agosto de 2022

Argentina y la crisis alimentaria global: los “ArgenJapans”

La Argentina está saliendo del barranco, pero el mundo entrará en un periodo de fuerte desaceleración de la tasa de crecimiento, con alta inflación. Paradójicamente nuestro país puede constituirse en la mejor opción de inversión productiva del mundo. Justo ahora, cuando todo es posible.

26-06-2022 00:24

La crisis alimentaria mundial, es una gran coyuntura para impulsar el mediano y largo plazo. Inversión, industrialización, innovación tecnológica y exportación de valor agregado. El precio del trigo se proyectó como nunca. La India suspendió las exportaciones de trigo. La guerra entre Rusia y Ucrania conllevará una masiva hambruna en todo el mundo, según el presidente del Banco de Inglaterra. O “la catástrofe alimentaria que se avecina”, según The Economist.

El sistema financiero internacional es inflexible, debemos ir por la industrialización y el comercio exterior con propuestas originales. Un diseño a medida de nuestro perfil. Podemos dejar atrás la amenazadora y permanente posibilidad de default, mediante un proyecto original de industrialización acelerada, exportaciones e inversiones con empresas de un país complementario experto y rico, que no presenta controversias ideológicas.

La Argentina necesita inversión productiva para seguir generando empleo, en medio de un país y un mundo que necesita alimentos. Las nuevas inversiones son posibles, porque los inversores están donde perciben potencial. Ninguna otra opción que no sea “crecimiento”, restablecerá la confianza en la Argentina.

No se enoje con Arcor y Molinos, hágalos competir. Las exportaciones de productos alimenticios pueden ser industrializadas

Una alternativa “inexplorada”

Nunca pudimos realizarla porque para el mundo Argentina permanecía en default con los fondos buitres, o estaba reestructurando su deuda externa. Hoy Japón no tiene el obstáculo de su legislación que impide invertir cuando el Club de Paris es un freno. Eso nos relataba el presidente de un conglomerado japonés en la Argentina, trece años atrás.

Inversiones de capital, ampliación de la oferta en el mercado interno y un fuerte superávit comercial industrial: son las claves de la desaceleración de la tasa de inflación y un crecimiento sostenido del salario.

Vamos a volver a renegociar las condiciones acordadas con el FMI en forma exitosa después de otro trimestre, pero es necesario demostrar que la economía real es la garantía de sustentabilidad de la deuda. La generación de un flujo anexo -antes inexistente-, para considerar la reprogramación o cancelación creciente, es posible a partir de un “boom de inversiones y exportaciones industriales”.

La Argentina necesita inversión productiva para seguir generando empleo, en medio de un país y un mundo que necesitan alimentos. Las nuevas inversiones son posibles 

Economía Matrix

La economía Matrix es el contexto de relación y sucesos económicos creados y controlados artificialmente por nuestros economistas “Matrix”, de quienes llego la hora de prescindir. Nuestra riqueza natural le ofrece pista de aterrizaje al denuedo japonés. Solo necesitamos despojarnos del prejuicio “no se puede” para encarar un acuerdo disruptivo con empresas japonesas, obteniendo inversiones, know how industrial y comercial. Hablamos del principal modelo industrial exportador del mundo. El país que creó hace décadas el concepto alimentario: “fresco, natural y sano”.

Necesitamos una alianza estratégica para exportar industria. Imagínese la firma de un acuerdo con un conglomerado de empresas japonesas. Vea como regresan los capitales y el financiamiento que necesitamos y aprehenda entusiasmo. 

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Desde ahora hay que competir con empresas japonesas 

No se enoje con Arcor y Molinos Rio de la Plata, hágalos competir. Las exportaciones de productos alimenticios pueden ser industrializadas por empresas japonesas en la Argentina. Necesitábamos a quienes lo hicieran mejor, con economías de escala (industrializan, exportan a nuevos mercados y rebajan el precio de los alimentos en el mercado interno).

El contexto BANI expresa momentos quebradizos, ansiosos, no lineales e incomprensibles. Son tiempos de caos. Y la pandemia mas el BANI, traerán disrupciones conformando un mundo más dinámico junto con la guerra. Podremos utilizar el conocimiento, la experiencia y la creatividad de las empresas del país que más sabe (Japón). Hacer negocios con empresas japonesas es escoger una “alianza distinguida”.

Hay más de 70 empresas de origen japonés en Argentina como Mitsubishi Corporation, Itochu, Marubeni, Mitsui, Sumitomo, Toyota Tsusho, Sojitz, Kataoka, etcétera. 

Una opción sólida con socios confiables disminuye el riesgo soberano y baja la carga de intereses

Innovación y Creatividad

Estamos enredados con el oligopolio de empresas alimenticias para las cuales la competencia no existe. Los japoneses no le temen a la competencia. Pensemos en más oferta y facturación, mediante revolucionarias acciones de transformación de negocios. 

Existen abundantes argumentos para pensar que esta es la solución más adecuada de los problemas de la economía argentina.

A los oligopolios les pedimos “competencia”

Tenemos restricción alimenticia y una enorme prosperidad dormida por desconocimiento, resistencias ideológicas, falta de exploración, coraje y fe en nuestros recursos. Agreguemos a esta actitud, falta de interés empresario, incentivado por la tentación de la ganancia financiera hace 46 años.

Si seguimos la lógica y podemos negociar un acuerdo piloto argentino-japonés con participación del Mercosur, se puede llegar hasta México, otorgándole a empresas industriales japonesas la locación un “fondo de comercialización internacional de exportaciones”.

Una apuesta disruptiva que puede generar muchas familias de productos nuevos y la diversificación de los portfolios de las empresas argentinas 

Dado nuestro potencial comercial, una propuesta de este tipo, en el actual momento de estancamiento que atraviesa Japón, sumado a la escasez alimentaria en el mundo; sería de una escrupulosidad insuperable. Las probabilidades comerciales argentinas son mayúsculas. Las empresas japonesas invierten y absorben trabajadores en la industria de la alimentación.

Un negocio win win

Vamos a bajar el precio de los alimentos para los argentinos con mayor producción (aumento de la oferta) y en base a la mejor tecnología del mundo; por todo ello aumentamos la productividad.

Para las empresas japonesas representa la posibilidad de integrarse industrialmente en forma vertical en nuestro país, desde la materia prima hasta la exportación de agro alimentos terminados (su especialidad). Claramente, habrá muchas familias de productos nuevas. Se diversificará su portafolio de negocios para competir con los europeos que subsidian cierta ineficiencia de sus actividades, compensando a la vez su excesivo enfoque en electrónica, metalmecánica e informática, hoy altamente saturadas y commoditizadas.

Japón carece de recursos naturales, nosotros tenemos en sobre abundancia. Se abre un horizonte inexistente, incluyendo la posibilidad de fabricar y exportar inclusive -no exclusivamente- a Japón, sus propios productos, además de accionar la llave exportadora que poseen en el Sudeste asiático.

Empresas japonesas exportando a Japón su propia manufactura de alimentos argentinos

¿Quién puede dudar de las normas de calidad, producción y salud si una empresa japonesa pone su sello? Para Argentina, conseguir incorporar empresas versadas en exportaciones de manufactura, que aporten inversiones, tecnología y know how, es una jugada magistral. Para las empresas japonesas el ingreso a nuevos mercados y apertura de inversiones es lúcida y racional.

Lo dijimos en enero, la configuración de la economía global -apenas suban las tasas de la FED-, disminuirá las posibilidades de ingreso a los mercados voluntarios de crédito. Pasará tiempo hasta que podamos volver con alguna emisión de bonos. Tenemos que iniciar una estrategia innovadora que conduzca un mayor aprovechamiento de los recursos. Encontrar financiamiento sustituto y genuino de divisas no tiene nada en contra. La desaceleración del consumo doméstico por la inflación y la falta de financiación pueden hacer un coctel explosivo.

La última oportunidad de intentar algo sin dolor

Imagine el siguiente escenario: firmamos un acuerdo con empresas japonesas autorizando beneficios para la inversión directa, para las importaciones destinadas al desarrollo y la exportación de productos “Made in Argentina”. A cambio y como “prima de ingreso” pueden avalar una emisión de bonos argentinos “ARGENJAPANS”, con garantía de exportaciones. A cambio, Argentina le garantiza a Japón el cumplimiento de la amortización con el “superávit excedente” -creado- de nuestra balanza comercial. Los mecanismos: cuenta de garantía (escrow account) o fideicomiso.

Incentivos para empresas japonesas

Ofrecemos un mercado interno con demanda insatisfecha, pero además le pagamos una comisión de gestión o “management fee” a las empresas japonesas que exporten -sobre el aumento de las actuales exportaciones- por los próximos 10 años. Es más razonable que pagar comisiones a la banca para seguir realizando canjes y comisiones. Por utilizar el know how industrial-exportador japonés, por un tiempo determinado y previsto (además de las externalidades a que accedan las empresas japonesas que se instalen en la Argentina), estimulamos el interés de diversificar la oferta de exportación de las empresas japonesas. 

Preveamos una opción al final del acuerdo para que renueven los plazos por 10 años más, a cambio de un fee decreciente mediante el pago de una prima como anticipo de los próximos, para rescatar los títulos emitidos.

Una opción sólida con socios confiables disminuye el riesgo soberano, baja la carga de intereses y consecuentemente el déficit fiscal que generan los servicios de la deuda. Judo a la crisis alimentaria, derribamos al enemigo (la crisis alimentaria) aprovechando su propio impulso para potenciar exponencialmente la oferta agroalimenticia y el comercio internacional para siempre.

(*) Profesor de Posgrado UBA y Maestrías en universidades privadas. Máster en Política Económica Internacional, Doctor en Ciencia Política. @PabloTigani