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ECONOMIA / REGIÓN EN CRISIS
jueves 8 noviembre, 2018

La desigualdad aumenta el hambre y la obesidad en Argentina, Venezuela y Bolivia

La FAO informó que por tercer año consecutivo aumentaron las cifras de malnutrición en América Latina y el Caribe. Nuestro país ocupa el podio.

Pobreza en la Argentina Foto: Cedoc

Argentina es uno de los tres países latinoamericanos, junto a Venezuela y Bolivia, donde el hambre y la obesidad aumentaron más a lo largo del año 2018, según un informe de la FAO que indica que en 2017 había 39,3 millones de personas subalimentadas y otras 3,6 millones se incorporaron a la epidemia de la obesidad, alertó este miércoles Naciones Unidas.

"Por tercer año consecutivo tenemos que darles malas noticias: han aumentado las cifras del hambre en América Latina y el Caribe", elevando a 39,3 millones en América Latina, dijo el director regional de la FAO, Julio Berdegué, en la presentación del Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional 2018, elaborado por la Organización de las Naciones Unidad para la Alimentación y Agricultura (FAO), la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), y el Programa Mundial de Alimentos (PMA)

El informe apunta a los cambios que sufrieron los sistemas alimentarios de la región. Sus resultados arrojan que el 7,9% de la población de la región y del Caribe se encuentra en inseguridad alimentaria grave, lo que significa 47,1 millones de personas, casi cinco millones más que en el trienio anterior, alerta el informe, de las que 29 millones están en Sudamérica.

"La obesidad está creciendo descontroladamente. Cada año hay 3,6 millones de obesos más en América Latina y el Caribe. 250 millones de personas viven con sobrepeso, el 60% de la población de la zona. La situación es espantosa”, declara el representante regional en América Latina y el Caribe de la FAO, Julio Berdegué.

Mientras tanto, la "epidemia" de la obesidad sigue imparable: 104,7 millones de adultos en la región son obesos, casi un cuarto de la población. "No hay razones técnicas ni materiales" para este aumento del hambre y la malnutrición, recordó Berdegué. "La obesidad se ha convertido en la mayor amenaza nutricional de América Latina y el Caribe [644 millones de personas]. Casi uno de cada cuatro adultos es obeso y el sobrepeso afecta a 3,9 millones de los niños menores de cinco años (7,3%), una cifra que supera el promedio mundial situado en 5,6%".

Los más pobres son las principales víctimas tanto de la malnutrición como de la obesidad, en particular las mujeres, los indígenas, los afrodescendientes y las poblaciones rurales. En diez países, el 20% de los niños y niñas más pobres sufren tres veces más la desnutrición crónica que el 20% más rico. "Los estamos condenando a un futuro tremendamente difícil", sostuvo Berdegué. Por ejemplo en Bolivia, el 25% de los niños quechua y el 23% aymara padece subalimentación crónica.

Venezuela a la cabeza

Con 600.000 personas más desde 2014 a 2015, Venezuela lidera el crecimiento de las personas subalimentadas, con 3,7 millones (11,7% de la población), seguido por Argentina y Bolivia, donde el incremento fue de 0,1% en ambos países. Solo Haití, México, Colombia y República Dominicana redujeron el hambre desde 2014. Otros once países siguen sin cambios, entre ellos Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras o Perú. Solo Brasil, Cuba y Uruguay tienen porcentajes de hambre inferiores al 2,5% de su población.

"La alimentación saludable sigue siendo un privilegio y debe ser un derecho humano", alertó la directora regional de Unicef, María Cristina Perceval. A título de ejemplo, el 27% de la población de Chile no tiene dinero para comprar una canasta saludable, recordó el funcionario de la FAO. La consecuencia es que las mujeres chilenas encabezan la lista de la obesidad de Sudamérica y los hombres chilenos ocupan el segundo lugar, por detrás de los argentinos, en la clasificación por género.

"Los gobiernos tienen una responsabilidad principal: erradicar el hambre o controlar una epidemia como la obesidad no se puede dejar solo a la sociedad civil o a las empresas. El liderazgo tiene que venir de los gobiernos", aseguró Berdegué. Y este liderazgo pasa por gravar la comida chatarra, regular el contenido de ingredientes nocivos en la comida procesada y emprender campañas de educación en los centros de enseñanza para integrar en las dietas la comida saludable.

 

D.S.


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