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Promesas incumplidas

El fracaso (peronista) del camino del medio

Desde 2015, con eje en los sectores peronistas no representados por el kirchnerismo, se intentó construir una fuerza política que transitara la “ancha avenida”, alejada de los extremos.

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Promesas incumplidas. | cedoc

Hablar de la grieta es tan cliché que ya perdió interés, incluso para aquellos que planeaban cerrarla. Desde la consolidación nacional del macrismo en 2015 el escenario político se vio fragmentado en dos bandos principales: el PRO, encabezados por Mauricio Macri, y el kirchnerismo, encabezado por Cristina Fernández de Kirchner, presidenta durante el período 2007-2011 y 2011-2015. Este duelo siguió más allá de sus candidaturas: Alberto Fernández en el caso de la señora, Milei, en un segundo momento, en el caso del caballero.

Descontento. Para muchos, tanto el macrismo como el kirchnerismo eran alternativas insuficientes. Sobre todo, para un peronismo disidente que veía en la figura de Cristina el fracaso de un modelo federal, industrialista e inclusivo. En su carácter sectario, el kirchnerismo se tornó en una agrupación endogámica, intolerante y corrupta. La demagogia de su líder se derramó en sus estructuras convirtiendo a La Cámpora, una agrupación que nació de un grupo de jóvenes intelectuales que soñaba con un país mejor, en una máquina de coerción y creación de cargos públicos. Los famosos “ñoquis” de La Cámpora. 

A partir de ese descontento con el kirchnerismo, y las diferencias ideológicas con el macrismo, en 2015 surgió una fuerza política que soñaba con ser quien aglutine a todo ese peronismo disidente, sosteniéndose principalmente en los gobernadores, quienes estaban cada vez más cansados de los destratos de la entonces presidenta Cristina Fernández. 

Esa fuerza, que se llamó Unidos por una Nueva Alternativa se componía de diversos partidos, entre sus principales: el Frente Renovador encabezado por Sergio Tomas Massa y el Partido Demócrata Cristiano encabezado por José Manuel de la Sota. Además, contaban con figuras como Roberto Lavagna, Gustavo Sáenz y Graciela Camaño.

Esta fórmula fue la esperanza para el peronismo que, cansado del modelo kirchnerista, buscaba una nueva alternativa, valga la redundancia. En las elecciones nacionales de 2015 la fuerza política “del medio”, tuvo una gran elección, colocándose en tercer lugar con 21,39% de los votos.

Elecciones. Dos años después, las elecciones legislativas de 2017 eran el puntapié para que esta fuerza siga afianzándose en el poder. El PRO, liderado por su presidente Mauricio Macri estaba comenzando a mostrar lo difícil que le sería cumplir sus promesas de campaña. El kirchnerismo, por su parte, aún no había logrado recuperarse del bofetazo que le significó la derrota de 2015. El terreno no podía ser más propicio para una alternativa que lograse aglutinar a los descontentos de ambos lados. En esa línea deciden aliarse con GEN, el partido de Margarita Stolbizer y formar 1País. La alianza hace su debut electoral en once provincias, pero los resultados no son los esperados. Luego de las generales, termina sin acceso a renovar ninguna banca en el Senado y renovando tan solo veinte bancas de Diputados de las 37 que tenían a nivel nacional.

La fragilidad en las convicciones o la ambición por el poder, escondido bajo la “estrategia política” hicieron que tan solo dos años después, para las elecciones presidenciales de 2019, la alianza se disolviera. Massa, quien había prometido enjuiciar a Cristina y a toda su prole, decide unirse a una nueva agrupación llamada Frente de Todos, que reunía al kirchnerismo más duro, bajo la promesa de tener a un candidato para presidente dialoguista. Este candidato era Alberto Fernández. Se privilegió la victoria por sobre la contrucción de una alternativa. 

Roberto Lavagna, uno de los principales miembros del expartido 1País, se une a Juan Manuel Urtubey, entonces gobernador de Salta para formar el frente Consenso Federal y competir como presidente y vicepresidente, respectivamente. Se suman además el partido GEN de Stolbizer y los gobernadores Sergio Uñac de San Juan, y Miguel Lifschitz de Santa Fe.

Nuevamente, se presentan bajo la promesa de ser la alternativa del cambio real, la famosa “avenida del medio” que venía a cerrar la grieta y unir al país de una vez por todas (o al menos, a su pata peronista). Pero la partida de Massa los había herido casi de muerte por lo que significaba su figura en el principal distrito electoral que era la Provincia de Buenos Aires. En parte, esa fue la razón por la cual los comicios nacionales de 2019 tampoco fueron favorables para la “alternativa del medio”. Con tan solo 6,2% de los votos, cerraron su participación en los comicios generales.

Último intento. Para las elecciones de este año, una nueva alternativa del medio prometió dar batalla: Hacemos por nuestro País. Liderada por Juan Schiaretti e impulsados por la victoria de su candidato a gobernador en Córdoba, Martín Llaryora, el cordobés prometía ser el candidato de un peronismo racional, industrialista, tecnológico e innovador. Soñaba con llevar su modelo cordobés que acababa de ser ratificado a nivel provincial, a un nivel nacional. Para eso, se apoyó en parte del peronismo disidente al gobierno de turno, en el Partido Socialista, en el Partido Demócrata Cristiano, en el Partido Autonomista y en algunas fuerzas provinciales como el exgobernador de Salta Juan Manuel Urtubey, quien hasta entonces hacía gala de sus valores innegociables por un cambio real, por una “avenida del medio”. Omar Perotti de Santa Fe fue otro de los que coqueteó con la idea, aunque nunca terminó de jugársela. 

Sin embargo, las rupturas no tardaron en llegar. Nuevamente, disfrazado como “estrategia política” los coqueteos de Schiaretti, Florencio Randazzo y Diego Bossio con Juntos por el Cambio, terminaron en la salida de Juan Manuel Urtubey, que luego de un posteo en sus redes, afirmó que era intransigente con su decisión de ser una alternativa distinta, que no defraudaría sus convicciones ni a su electorado, por reducido que este fuese y que por eso, ante los rumores de una alianza con Juntos por el Cambio, rompía con Hacemos por nuestro País.

Finalmente, la unión con JxC nunca se concretó y Schiaretti dio su batalla en las generales, pero mucho más debilitado. Su propuesta tuvo salida muy tarde, y si bien el debate lo favoreció, su resultado no fue el mejor (6,73%). Muchos fueron los que consideraron a Schiaretti la opción más razonable, pero no elegible dada la coyuntura o su edad avanzada. 

La “avenida del medio” encabezada por el peronismo cordobés, a pesar de su derrota, se paraba así para ser la nueva fuerza peronista que encabezara el cambio que el partido a nivel nacional necesitaba. Más aún, si Milei ganaba las elecciones, como efectivamente sucedió.

Pero, nuevamente, los egos pudieron más que las convicciones. El estandarte de “la avenida del medio” que venía pretendiendo ser Juan Manuel Urtubey, se transformó de un día para el otro, convirtiéndose en un vocero de Sergio Massa, el candidato de Union por la Patria. No sólo llamó a votarlo, sino que lo hizo enfáticamente y a través de todas sus redes. Lo mismo hizo Verónica Tenaglia, candidata a Diputada Nacional, quien prometió ser “la semillita de algo diferente” y terminó posteando una foto con Malena Galmarini en apoyo a la candidatura de Frente de Todos. Con menos furor y más cautela se expresó Diego Bossio afirmando que si bien no coincidía en muchas cosas con Massa, lo votaría. La potencial victoria por sobre la trabajosa construcción de algo distinto volvió a ganar. 

Primero el partido. El afán de los peronistas de querer ser una agrupación que pone al partido por sobre todo, les hizo olvidar que, a veces, poner al partido por delante es decir las cosas que no gustan. Y no solo decirlas, sostenerlas. Incluso aunque eso signifique caminar solo por momentos. Algunos dirán que, en la política real, a veces, hay que hacer concesiones. Es verdad, para formar un partido de alcance nacional, es probable que haya que reunir a gente que tenga ideas distintas a las de uno. Pero eso tiene un límite. Porque cuando te estirás lo suficiente como para abandonar tus principios, te diluís. La identidad se construye. Es trabajoso y muchas veces requiere de muchas horas gastadas en explicar a los demás una y otra vez lo mismo, en sostener las mismas ideas, aunque los demás no coincidan. En perder, en animarse a perder.

¿Hace cuánto venimos escuchando la creación de un peronismo disidente? Pero por cobardía o por conveniencia, esto siempre queda trunco. Sí, aún queda Schiaretti/Llaryora, pero no han podido siquiera sostener a los propios en una misma posición.

La “avenida del medio” es el gran fracaso argentino pero, sobre todo, el gran fracaso peronista. Una vez más prometieron ser al electorado eso que no pudieron ser en los últimos años. El electorado, tantas veces defraudado, no compró. El tiempo (más temprano que tarde) terminaría dándoles la razón.

*Politólogo UCA.