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sábado 22 diciembre, 2018

El verano caliente en el que nació el 'Perón vuelve'

En 1959, la huelga del Frigorífico Lisandro de la Torre rompe el pacto Perón-Frondizi, y así nace una nueva consigna de la resistencia peronista, que dominaría hasta 1973.

Santiago Senen González / Fabián Bosoer

Avisos. Los trabajadores ocupando la planta del tradicional frigorífico en el barrio de Mataderos, que los apoyó durante semanas. Foto: cedoc
sábado 22 diciembre, 2018

La huelga en el Frigorífico Nacional Lisandro de la Torre, en 1959, marcó un hito en la historia de las movilizaciones obreras y, también, en el desgaste que conducirá a la caída de Arturo Frondizi. Se anticipaban en esos días los escenarios políticos y sindicales, conflictos y actores que se desplegarían durante la década del 60.

Ocupación. El año se inicia con un grave conflicto que marcó el comienzo de un período agitado  en la historia de las luchas obreras en el país, al contar con participación de otros sectores en la protesta. El gobierno de Arturo Frondizi, que había asumido el 1º de mayo del 58, había dispuesto la privatización del Frigorífico Nacional Lisandro de la Torre y su cesión a la Corporación Argentina de Productores de Carne (CAP). Los 9 mil trabajadores del frigorífico, encabezados por el dirigente Sebastián Borro, denunciaron este acto como “entreguista” y “lesivo a la soberanía nacional”, y ocuparon las instalaciones, con el apoyo de otras organizaciones gremiales y de vecinos de la zona de Mataderos y aledaños.

En la calle, mas de 30 mil personas se movilizaron en apoyo a la acción que se prolongó por dos meses y medio, mientras que el comercio minorista cerró sus puertas en adhesión a los trabajadores. Tras tres días de ocupación, la noche del 17 de enero llegaron a las puertas del frigorífico cuatro tanques pesados Sherman, el primero de ellos conducido por el teniente coronel Jorge Cáceres Monié,  y alrededor de 1.500 efectivos de Gendarmería y Policía Federal para cumplir la orden de desalojar a los ocupantes.

Cuando las fuerzas de seguridad avanzaron se encontraron con 5 mil vacunos que fueron soltados en los amplios espacios del frigorífico. La tarea de encerrarlos de nuevo en los corralones fue ardua, mientras que con el auxilio de una usina de bomberos que iluminaba la escena la policía desalojaba a dirigentes y activistas que ocupaban la sede del sindicato, a unos cien metros del frigorífico.

Uno de los jefes de la represión fue el comisario Luis Margaride, que luego ocupó, junto a Villar, la temible Superintendencia de Seguridad Federal

En las calles vecinas se sucedía una verdadera batalla campal entre manifestantes y fuerzas policiales, que se extendió hasta la avenida General Paz. Una parte de la policía era conducida por el comisario Luis Margaride, conocido años más tarde cuando secundaba al comisario Alberto Villar durante la dictadura de Onganía y luego, durante el tercer gobierno peronista, al frente de la temible Superintendencia de Seguridad Federal de la Policía. Cuando se corría a los manifestantes, estos levantaban los adoquines de las calles para que los coches policiales no pudieran avanzar. La Avenida del Trabajo –hoy Eva Perón– fue uno de los epicentros de los combates callejeros.

Huelga. Las protestas fueron sofocadas, pero la huelga prosiguió por otros dos meses a pesar de que los miembros de la comisión directiva estaban detenidos o prófugos. Finalmente el frigorífico fue intervenido y se despidió a la casi totalidad de los operarios, hecho que desencadenó una acción conjunta de las 62 Organizaciones Gremiales Peronistas, el MUCS (Movimiento de Unidad y Coordinación Sindical, comunista) y algunos sindicatos independientes, declarando una huelga general, que se cumplió entre los días 18 y 21 de enero de 1959, cuando, por diversas deserciones, se dio por levantado el movimiento. La huelga del Frigorífico Nacional demostró la capacidad de movilización de la protesta gremial y significó el fin del pacto Perón-Frondizi.

Mientras el MUCS, que conducía pocos gremios, apoyaba mantener la acción, las 62 Organizaciones optaron por un compás de espera para negociar, una táctica que a través del tiempo sirvió para que el movimiento obrero organizado “golpeara y negociara”, como sostenía Vandor, obteniendo resultados favorables.  

A partir de esa negociación obtuvieron el levantamiento de las intervenciones a los sindicatos de metalúrgicos, textiles y carne. A partir de esta movilización, el gobierno de Frondizi debió enfrentar numerosos movimientos huelguísticos: los paros bancarios y del seguro, que duraron casi setenta días; el movimiento de los trabajadores azucareros de Tucumán, que conquistó un aumento de salarios del 70%, entre ellos.

Patria sí, colonia no”. Analizando el conflicto de enero de 1959, resalta el grado de apoyo que tuvo la toma del establecimiento entre los trabajadores del mismo. Durante diciembre de 1958 se habían realizado las elecciones en el gremio. Se habían presentado tres sectores: una lista comunista y dos listas peronistas.

El conflicto gremial y un nuevo planteo militar impusieron un nuevo ministro de Economía, un monetarista del gusto del FMI: Álvaro Alsogaray

Aparte de la comisión directiva como instancia de dirección, la organización gremial se complementaba con un cuerpo de delegados por sección y la realización de asambleas periódicas. Como semejante concentración obrera estaba, además, ligada al barrio circundante por lazos de parentesco y vecindad, y dado que el centro de la vida de Mataderos estaba constituido por la actividad del Mercado Nacional y el Frigorífico, cualquier conflicto en el establecimiento necesariamente afectaba al barrio en su conjunto. Para ello, se requería que la dirección sindical fuera representativa de la voluntad del conjunto de los afiliados.

La reivindicación de los trabajadores del frigorífico apelaba al rol que el gobierno peronista le había otorgado al Estado en la actividad económica. La misma concepción nacionalista que había defendido Frondizi en su libro Petróleo y política, antes de llegar a la presidencia, unificó un frente opositor sindical en su contra y brindó unanimidad a la medida de fuerza. Se expresó en las consignas y los carteles de los días de la ocupación: “Defensa del patrimonio nacional”, “No me vendan, quiero ser nacional” y el grito de “Patria sí, colonia no”.

Pero había otras cuestiones en danza, en el país y en el continente.  Durante varios días, policías, obreros y vecinos libraron batallas propias de una insurrección urbana, similares a las que diez años después se verían en el Cordobazo, mostrando los límites de los regímenes de fuerza impuestos por las dictaduras militares. En Cuba, habían llegado al poder en esos días las fuerzas guerrilleras lideradas por Fidel Castro.

Gremios, militares y FMIMientras el conflicto del Frigorífico Lisandro de la Torre acaparaba la atención pública y escalaba en tensión, el gobierno estaba a cargo del presidente del Senado, José María Guido, ya que el presidente Frondizi había emprendido viaje a los Estados Unidos el 18 de enero. Las negociaciones para levantar la protesta tuvieron varios protagonistas, entre ellos el presidente del bloque de la UCRI, el partido oficialista, senador Héctor Gómez Machado, y el jefe de la Policía Federal, capitán de navío Niceto Vega, el subsecretario de Defensa, Bernardino Larroudé, y el ministro de Trabajo –ex dirigente del gremio del seguro que participó en el Congreso Normalizador de la CGT de 1957–,  Alfredo Allende, quien renunciaría poco después al encontrarse con la situación de huelga sin resolución.

Tres días más tarde se conoció el anteproyecto de la Ley de Carnes, que permitía la privatización del Frigorífico. Según información de fuentes sindicales, el titular de la CAP, Manuel Busquet Serra, había ofrecido a la cúpula del sindicato participar en la conducción de la empresa, y hasta se habló de una suma millonaria para el manejo del gremio, que fue rechazada.

El 20 de febrero fueron detenidos Sebastián Borro y los miembros de la comisión directiva. Las cesantías en el frigorífico iban en aumento y ya sumaban 2 mil trabajadores. De todas maneras, a fines de febrero solo 3 mil obreros concurrieron a su trabajo. Frente a la gravedad de los sucesos, el nuevo ministro de Trabajo, David Blejer, escuchó a los empresarios que presionaban porque se habían comprometido con el plan de asistencia financiera acordado por el gobierno con el Fondo Monetario Internacional. El conflicto gremial, sumado a un nuevo planteo militar, impuso un nuevo ministro de Economía, que a su vez asumió también como ministro de Trabajo, desplazando a Blejer. El nuevo “doble ministro” era un partidario de la ortodoxia liberal monetarista que pretendía el FMI. Se trataba del ingeniero Álvaro Alsogaray, que ya había ocupado la cartera de Industria durante el gobierno de la Revolución Libertadora y luego sería embajador en Estados Unidos durante la dictadura de Onganía.

Protagonistas. Los más importantes dirigentes que protagonizaron de una u otra forma los movimientos, huelgas y movilizaciones años más tarde, y que reclamaban  el regreso de Perón, estuvieron presentes en las jornadas del frigorífico. Desde John William Cooke, delegado de Perón en la Argentina, hasta dirigentes de gran peso en el gremialismo como Augusto Timoteo “el  Lobo” Vandor y  Avelino Fernández, ambos de la Unión Obrera Metalúrgica, Eleuterio Cardoso del gremio de la carne y ex agregado obrero en Polonia, de las 62 Organizaciones, Amado Olmos de Sanidad, Miguel Gazzera de los fideeros. Pero la “figura estelar” de estas jornadas fue Sebastián Borro.

Borro, que integró la delegación del  charter con el que regresó Perón a la Argentina en 1973, y en 1983, tras la recuperación de la democracia, ocupó una banca del Concejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires.

Hay un dato pintoresco que se recuerda porque no era frecuente en la época: la transmisión por radio, casi como un partido de fútbol, de esta toma obrera de un establecimiento. Tal fue el caso del Lisandro de la Torre, y ocurrió a través de Radio Rivadavia y en la audición de la Mesa Redonda de Radio Splendid.

Los límites del pacto Perón-Frondizi

Como resultado del acuerdo entre Perón –en el exilio, en Madrid– y Frondizi, que le abrió al dirigente radical su camino a la presidencia en 1958, el Congreso sancionó un nuevo régimen de Asociaciones Profesionales, la Ley 14.455, que restableció la legislación vigente durante el período peronista: el régimen de sindicato único; es decir, el reconocimiento legal de un solo sindicato dotado de derechos de negociación en cada industria.

Las 62 Organizaciones –nacidas, como los restantes agrupamientos, del frustrado congreso de la CGT de 1957– saludaron la nueva legislación laboral como una rehabilitación del decreto 23.852 de 1945 que, recordaban, había posibilitado la creación de un sindicalismo “fuerte, unido y nacional”. También se derogaron las inhabilitaciones políticas y sindicales y se sancionó una ley de amnistía.

Pero la proscripción del peronismo, impuesta por las fuerzas armadas, sería un límite infranqueable para Frondizi.

*Periodistas e historiadores, autores de La lucha continúa. 200 años de historia sindical en la Argentina, entre otros libros.


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