ELOBSERVADOR
Mieles del poder

Javier Milei, en el espejo de Jeanine Áñez

El autor cree que la experiencia de la expresidenta boliviana puede ser una advertencia para el futuro mandatario argentino: los apoyos pueden evaporarse.

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Balcón. “La Biblia regresó a la Casa de Gobierno”, proclamó Áñez cuando asumió tras la caída de Evo Morales. | cedoc

La noche que Evo Morales se exilió hacia México, en Santa Cruz de la Sierra se escucharon fuegos artificiales. Al día siguiente, participé de un almuerzo que se inició bendiciendo los alimentos y agradeciendo la partida del tirano. Horas más tarde, la ignota Jeanine Áñez asomaba por el balcón del Palacio Quemado con la Biblia en la mano. Las y los cruceños tenían muchas esperanzas en esa mujer rubia (“la Choca”) que venía de un departamento olvidado como es el Beni.

Rápidamente, los medios críticos se volvieron hiperoficialistas. Jeanine era una mujer bonita que hacía zumba, amaba a los perros y tenía las agallas suficientes para terminar con años de “dictadura”. En medio de la borrachera de poder, una revista del mundo de las finanzas estampó su cara sonriente en la tapa bajo el título “El poder es femenino”. Mientras bolivianos y bolivianas eran asesinados en Sacaba y Senkata, los medios hablaban de la “pacificación” del país.

Durante los primeros meses de 2020, Jeanine Áñez supo navegar en un mar de esperanza. Con sus altos índices de apoyo popular, rápidamente se lanzó como candidata a las presidenciales de ese año. Todo hacía suponer que Jeanine estaría muchos años en el poder, hasta que llegó la pandemia. Y, con ella, la confirmación de que no estaba preparada para ejercer el cargo que le habían delegado por la fuerza.

A días de su victoria electoral, Javier Milei goza de las mismas mieles del poder que supo probar Jeanine. Sería necesario precisar dos diferencias para nada menores: el León llegó bajo las reglas del juego democrático, mientras que Añez nunca ganó una elección y llegó por la ventana tras un acuerdo entre la oposición. Asimismo, la beniana tomó el control de una de las economías más estables de Latinoamérica, mientras que el economista tomará el timón de un país inestable, con una inflación del 150% anual y un dólar que no encuentra techo. 

Como decíamos, Milei disfruta el aroma del poder. Los chicos lo saludan por la calle, los líderes del mundo lo felicitan por carta o por teléfono y más de la mitad de las y los argentinos están esperanzados. Especialmente, goza del apoyo de los más jóvenes, que vieron fracasar a Mauricio Macri y Alberto Fernández, y confían en este economista que observan día y noche por los videos de Tik Tok. Vienen confiando en él desde hace años y están seguros de que no fallará.

Sin embargo, hay un talón de Aquiles en todo el proceso que atravesará la Argentina en los próximos meses. Javier Milei fue siempre sincero en que su plan se basaba en la motosierra. Hasta ahí no hay ningún problema. En lo que no fue sincero fue en que ese ajuste lo pagaría solamente “la casta”. En el país de la libertad, “el ajuste es el otro” y los votantes de Milei esperan que la angustia de los despidos y el recorte del salario real sea sufrido por un alguien que no sean ellos mismos.

Entonces, el talón de Aquiles del gobierno de La Libertad Avanza radica en que si el León lleva a cabo la política de shock que prometió en campaña es imposible que las clases medias y bajas que lo votaron no sufran ese ajuste. Los despidos, la suba de tarifas, la caída del salario real y el cierre de la obra pública impactarán indefectiblemente en una caída del consumo que afectará a la gran mayoría de los habitantes de la sociedad argentina.

Entonces, la pregunta es: ¿esos 25 puntos que sumó Milei entre las elecciones de octubre y el balotaje tolerarán un ajuste que no desean? ¿Cuántos meses esperará ese núcleo duro de 30 puntos que el León supo construir entre redes sociales y apariciones mediáticas? Para colmo, los líderes de todo el mundo conviven con sociedades líquidas que pasan de un estado a otro en cuestión de meses. Hasta el momento, los únicos incombustibles de la región parecen ser Andrés Manuel López Obrador en México y Nayib Bukele en El Salvador.

De este modo, en los próximos 12 meses, Javier Milei se juega gran parte de sus próximos cuatro años de gobierno. Tendrá que ser igual o más astuto que como lo fue hasta ahora para gestionar la frustración de un electorado que lo espera con mucha esperanza y que espera que el ajuste lo pague otro.

La llegada de la pandemia fue solo el inició de la descomposición de la imagen de Jeanine Áñez. Meses más tarde, también se supo que el gobierno de la mujer beniana que venía a refundar la política había comprado respiradores con sobreprecios. Millones de jóvenes bolivianos que solo habían vivido bajo el gobierno de Evo Morales comprendieron que no necesariamente otro presidente iba a ser mejor. De hecho, Añez estaba demostrando que se podía gobernar peor.

Áñez insistió con su candidatura a la presidencia hasta que comprendió que los números no le daban y se bajó de la contienda. La historia es conocida: el Movimiento Al Socialismo ganó en primera vuelta con más del 50 por ciento de los votos y Jeanine está tras las rejas. Salvo su hija, que ya recibe financiamiento internacional, nadie reclama por su liberación.

El domingo por la noche, desde la soledad de su celda, Jeanine Áñez utilizó su cuenta de Twitter para saludar al nuevo presidente de la Argentina: “Felicito a los flamantes presidente y vice electos de los argentinos @JMilei y @VickyVillarruel. Su victoria es la esperanza de los jóvenes y de un pueblo hastiado de populismo teniendo todo para ser potencia. Dios les dé sabiduría por el camino de la libertad y la Justicia”.

*Magíster en Ciencia Política y Sociología por Flacso Argentina, y editor de la revista Debates Indígenas.