ELOBSERVADOR
Patricia Bosch

“La pedofilia no es una orientación sexual”

Una entrevista sobre un tema tabú como pocos: la recuperación de pedófilos y pederastas con terapias especializadas, que a partir de la vergüenza por sus actos y la empatía por el daño que le han hecho a la víctima, entre otras herramientas, logran que controlen sus impulsos. Algo particularmente necesario ante la falta de severidad en las leyes de nuestro país. Y un delito que se basa en un mito: que todos han sido abusados de niños. La importancia de trabajar sobre las redes que distribuyen online material con fotografías de abuso sexual infantil. Bosch advierte: “Debemos dirigirnos a la raíz del problema, es decir, a las personas que potencialmente podrían cometer estos abusos y brindarles herramientas para que aprendan a gestionar su impulso sexual de una manera adecuada”.

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Los delincuentes sexuales de menores que saben desde temprana edad hacia quiénes están dirigidas sus fantasías y atracción son pedófilos primarios. Algunas veces, los adultos consumidores de pornografía adulta acceden a través de foros o páginas a material de explotación sexual infantil, o MESI, y es recién entonces cuando descubren que su atracción sexual se diversifica hacia esta parafilia o perversión e incluso, puede quedar estancada allí. Un pedófilo secundario es un consumidor de todo tipo de pornografía y que incluye, por ejemplo, a la zoofilia. Esta entrevista no está orientada al perfil de los pederastas o aquellas personas que han pasado al acto y concretaron un ataque sexual cometiendo un delito hacia la integridad sexual de un menor, sino que es sobre los pedófilos o pederastas online que descargan y consumen MESI. Si bien según el criterio, polémico para algunos, del DSM V o “Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales”, el trastorno de pedofilia es una enfermedad mental, al consumir y descargar este material, están contribuyendo al incremento de la explotación sexual infantil, aunque considero que es más bien una forma de esclavitud sexual infantil. Este delito en algunos países es considerado tan solo una contravención, sin importar el dolor y sufrimiento de las víctimas que a veces siendo más chicos fueron engañados por los adultos aprovechando su ingenuidad e inocencia, trayendo como resultado el impedimento de su normal desarrollo psicosexual y probablemente, un proceso traumático que en ocasiones los expone a múltiples exposiciones al trauma, y se denomina polivictimización, sobre todo cuando hacen entrar a las víctimas a círculos de pedofilia en los que hay múltiples victimarios que abusan de una víctima o múltiples víctimas para múltiples victimarios. La humillación, el sometimiento, la vergüenza, el sentimiento de culpa son tan frecuentes como la violencia física y la sumisión química. Esto puede ocasionar el curso de un proceso postraumático con secuelas de trauma psíquico grave, incluyendo, como se puede dar en algunos sobrevivientes de abuso sexual infantil, una especie de conducta de apaciguamiento, llamada “reversión en retirada”, y que puede darse bajo la forma de la respuesta de complacencia (una cuarta respuesta a trauma psíquico, siendo las otras tres: lucha, huida o congelamiento). La complacencia es considerada por algunos autores como una estrategia supersocial de supervivencia: si bien en ocasiones les temen, en otras pueden aparecer emocional y positivamente conectados con sus abusadores para adaptarse afectivamente a las situaciones de amenaza vital calmando al perpetrador, como si de algún modo, buscaran correrse desesperadamente del lugar de víctimas. A los niños, los adultos perpetradores suelen haberles dicho que es un juego, un secreto, algo romántico, algo cándido o gracioso, muchas veces registran estos actos con fotos o filmaciones y las distribuyen a través de la venta o intercambio. Para nosotros, el resto de los adultos, es un delito y un claro signo de perversión, que considero, debería tener penas más duras por las graves consecuencias que experimentan las víctimas para el resto de su vida. Mi deseo, porque considero que las leyes no están a la altura de las circunstancias en la Argentina y porque las penas son laxas para los consumidores y distribuidores, es que se provea, al menos, una alternativa terapéutica preventiva para no pasar al acto de concretar un ataque sexual o evitar el consumo, y por ende, la distribución de MESI, alentando a que en Argentina se desarrolle un mecanismo protector de riesgo criminógeno como política pública y que han propuesto otros países como Alemania con el proyecto Dunkelfeld, para evitar más personas damnificadas, propiciando que los pedófilos o pederastas online, accedan a terapias especializadas orientadas al control de sus impulsos. La psicóloga Patricia Bosch comparte su experiencia.

—¿A qué te dedicás?

—Soy psicóloga especializada en el abordaje de la violencia sexual y tratamiento del trauma, he dedicado gran parte de mi vida a acompañar a personas que han sufrido violencia sexual y a personas que la han perpetrado, también he tenido la gran oportunidad de formarme junto a grandes profesionales de países europeos como Bélgica, Holanda y Reino Unido, especializados en materia de violencia sexual y durante muchos años, coordiné el proyecto Círculos de Soporte y Responsabilidad en Cataluña dirigido a delincuentes sexuales que presentaban un alto riesgo de reincidencia. Desde hace muchos años, también acompaño en el contexto de terapia grupal a mujeres que han sufrido violencia sexual en la infancia, y brindo espacios de atención y supervisión a profesionales en su práctica clínica. También soy formadora en materia de violencia sexual. En el año 2019, junto con otros colegas, fundamos la organización Ánge Blau, entidad no lucrativa que se dedica a la prevención de la violencia sexual infantil desde la raíz, y soy la portavoz y secretaria de la misma. Y a lo largo de los años, he desarrollado un método propio de abordaje de la violencia sexual para personas que la ha sufrido, llamado Mind Body Heart.

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—¿Por qué elegiste esta carrera?

—Pues bien, elegí estudiar Psicología cuando era muy jovencita, el motivo de mi elección es básicamente personal y prefiero preservarlo en la esfera de mi intimidad. Pero sí quiero compartir que me encanta mi profesión, me apasiona, la considero más un estilo de vida que un trabajo. Me resulta muy gratificante acompañar a personas que deciden iniciar un proceso de crecimiento personal, de afrontamiento y elaboración del trauma. Siento mucha admiración por su coraje y valentía. La verdad es que me siento muy afortunada de dedicarme a lo que me dedico.

—¿Cuál es origen de la pedofilia?

—La verdad es que no hay un consenso en la comunidad científica, sobre cuál es el origen de la pedofilia. Hay autores que defienden que las personas pedófilas nacen ya con esa inclinación, y otros defienden que se hacen a partir de factores y estímulos externos. Aunque siempre debemos ir al caso por caso, ya que no se puede generalizar en materia de pedofilia, en mi humilde opinión y a partir de mi experiencia clínica, sí puedo afirmar que lo más importante a tener en cuenta de cara al abordaje terapéutico de la pedofilia es que la mayoría de personas pedófilas suelen tomar conciencia de su inclinación sexual hacia menores de edad en la pubertad. Y en muchas ocasiones, y más si no se aborda y trabaja terapéuticamente, esta inclinación sexual les puede condicionar de por vida.

—Entiendo que orientación sexual por ejemplo son la heterosexualidad o la homosexualidad, quisiera preguntarte, ¿por qué hay psicólogos que sostienen que la pedofilia es una orientación sexual?

—No existe un consenso en la comunidad científica sobre si la pedofilia puede ser una orientación sexual. Lo que sí sabemos es que está relacionada con el deseo y con la atracción, sin embargo, que esté relacionada con el deseo y con la atracción, no quiere decir que se puedan justificar sus prácticas dado que los niños y niñas nunca pueden consentir. Desde mi punto de vista, y partiendo del enfoque desde el que trabajo, la pedofilia no es una orientación sexual, y concebirla como tal entraña riesgos importantes. Riesgos de minimización, justificación y normalización de la violencia sexual infantil, que podrían suponer el caldo de cultivo suficiente para que personas pedófilas que nunca han hecho daño a menores se animaran a pasar a la acción.

—Parecen lo mismo, pero tengo entendido que no lo son. ¿Cuál es la diferencia entre pedofilia y el trastorno de pedofilia?

—Según el DSM V, “Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales”, la pedofilia es el concepto que hace referencia a aquellas personas que presentan un impulso y preferencia sexual hacia menores de edad preadolescentes (generalmente menores de 13 años). En cambio, el trastorno de pedofilia y realizando un breve resumen, incluye ítems importantes como que la persona ha cumplido estos deseos sexuales irrefrenables (o lo que es lo mismo, ha cometido acciones de pederastia), o los deseos irrefrenables o fantasías sexuales le causan un malestar importante o problemas en la esfera interpersonal.

—Existe un mito que incluso me ha llevado a tener discusiones al aire en televisión con personas que afirman que todos los pedófilos y pederastas han sufrido abuso sexual infantil, algo incomprobable y estigmatizante para las mujeres u hombres que lo han padecido. Esta creencia genera rechazo o aislamiento social en el futuro hacia ellos y hacia las víctimas que lo están padeciendo hoy, te pregunto como experta, si lo que predomina, es la presencia de maltrato infantil de tipo físico o sexual, o la ausencia de estos.

—A la hora de responder a esta pregunta es importante tener en cuenta algunos matices. Por un lado, no existe un perfil único de agresor sexual o de pederasta, siempre debemos ir al caso por caso, aunque sí hay una serie de rasgos que se observan en mayor medida según el tipo de víctima: mujer adulta o menores. En relación al agresor sexual de menores o lo que es lo mismo pederasta, es fundamental que rompamos con el mito que sostiene que la mayoría de personas pederastas han sufrido abuso sexual en la infancia. Si bien el porcentaje no es pequeño, tampoco es suficientemente significativo como para hablar de una mayoría. Según los últimos datos, un  30% de personas que cometen violencia sexual infantil han sufrido violencia sexual en su infancia, no podemos hablar de una mayoría. Conviene romper con este mito, que de alguna manera estigmatiza a las personas que sí han pasado por el horror de haber sufrido violencia sexual infantil. En relación con la presencia de maltrato infantil de tipo físico, hay algunos estudios que nos dicen que suelen haberlo sufrido más bien agresores sexuales de mujeres adultas. Pero insisto, debemos ir siempre al caso por caso.

—Aunque a veces el disparador para pedir terapia adecuada fue la captura, ¿cuál es el índice de pederastas online que solicitan en forma voluntaria y comprometida al tratamiento antes de su posible detención o de pasar al acto?

—La verdad es que desconozco cuál es el índice de pederastas online que solicitan tratamiento antes de su posible detención. Sí puedo decir que desde Ángel Blau ofrecemos una línea de atención inmediata que respeta las condiciones de anonimato y que en ese sentido son muchos los hombres que llaman solicitando ayuda, terapia, pidiendo información y asesoramiento al respecto. En ese sentido es muy importante poner énfasis en la prevención desde la raíz. Qué quiero decir con eso… que es importante que empoderemos a los niños y niñas, que les brindemos herramientas para que aprendan a protegerse, a cuidar su cuerpo, a poner límites, pero no es suficiente. También debemos dirigirnos a la raíz del problema, es decir, a las personas que potencialmente podrían cometer estos abusos y brindarles herramientas para que aprendan a gestionar su impulso sexual de una manera adecuada. Es por ello que se necesitan servicios que puedan ofrecer esta atención especializada y este acompañamiento, de manera que evitemos nuevas víctimas.

—En ocasiones el arrepentimiento suele aparecer cuando son capturados al enfrentar las consecuencias legales de sus actos y el sentimiento de culpa, es por los resultados que experimentan sus seres queridos. ¿Es posible generarles una auténtica empatía por el daño hacia las víctimas? ¿De qué depende?

—Un punto clave en el abordaje de la pederastia, efectivamente, es el trabajo de la empatía. La empatía es uno de los elementos más estudiados en materia de prevención de la pederastia, y es uno de los principales factores de protección o de inhibición de cara a una posible nueva ofensa sexual. Desde mi experiencia profesional, creo que es fundamental trabajar la empatía con las personas pederastas aplicando el modelo multidimensional de la empatía, del que nos hablan las perspectivas teóricas actuales, y que de alguna manera prueban una definición de múltiples factores de empatía. A partir de las condiciones que incluyen el proceso gradual de la empatía, es clave entender en qué etapa la persona que ha cometido agresión sexual infantil presenta sus dificultades de empatía en concreto, para poder trazar un plan terapéutico lo máximo de particular y adaptado a las necesidades del pederasta en cuestión.

—¿En qué casos un pederasta no es necesariamente un pedófilo?

—En aquellos casos donde no presenta una inclinación sexual hacia menores. Como siempre digo, debemos ir al caso por caso, ya que no existe un perfil único de pederasta, y por tanto, debemos analizar la agresión sexual infantil cometida en cada caso particular. En ocasiones nos encontramos a un pederasta que ha producido material de explotación sexual infantil para conseguir beneficio lucrativo, o es alguien que ha mantenido lo que llamaríamos una relación disfuncional hacia sus hijos o hijas entendiendo que estos son de su propiedad y que puede hacer con ellas o ellos lo que quiera, o alguien que comete violencia vicaria agrediendo sexualmente a sus hijos propios o a los de su pareja. Estos casos son solo algunos ejemplos de la variedad de perfiles que existen de agresores sexuales infantiles.

—Entiendo que para el proceso terapéutico es importante la narrativa como herramienta. ¿Cómo se reorganiza terapéuticamente la identidad del pedófilo para asumir una identidad alternativa? ¿A través de la sensación de vergüenza y remordimiento?

—Una de las herramientas de intervención terapéutica que utilizo con personas pedófilas es el uso de la terapia narrativa. Es necesario promover una reorganización de la identidad que el pedófilo ha construido en torno a la pedofilia, la que le dice “soy pedófilo”, hacia un sentido de autosuficiencia que vaya más allá de la pedofilia. Las técnicas narrativas nos ayudan a potenciar una narrativa alternativa al relato primario de incapacitación, inadaptación, como pedófilo, y esta reconstrucción narrativa debe dar una alternativa a su situación actual de persona avergonzada por la pedofilia. La sensación de vergüenza que siente la persona pedófila es precisamente un punto de inflexión que permite esta reorganización de su identidad. En muchas ocasiones se cree que es más el sentimiento de culpa lo que entraña este punto de inflexión, pero en realidad tiene mucho más que ver con esta sensación de vergüenza. El hecho de sentir esta vergüenza es lo que nos permite empezar a trabajar en la construcción de una narrativa alternativa, que le ayude a identificarse más allá de la pedofilia.

—¿Cómo se logra que puedan contener sus impulsos de consumo y descarga de MESI?

—Para que la persona aprenda a controlar y a gestionar sus impulsos en relación con el consumo y descarga de MESI, hay que llevar a cabo varias acciones que trataré de resumir por aquí. Es clave que el consumidor de MESI aprenda técnicas de regulación y autorregulación emocional basadas en el MBSR o Mindfulness Based Stress Reduction (reducción del estrés basada en la atención plena). También es importante realizar una aproximación al fenómeno de la violencia sexual infantil y entender de qué hablamos cuando hablamos de MESI. Otro aspecto fundamental es promover la empatía con las víctimas de violencia sexual infantil, identificar y desmontar los mecanismos de defensa y las llamadas distorsiones cognitivas (afirmaciones que excusan, explican, justifican y/o minimizan la gravedad de una agresión sexual, serían conclusiones ilógicas o equivocadas que se vinculan a errores del pensamiento sobre una realidad objetiva consensuada, NDR). También debemos entender, además, en el caso por caso, cuál ha sido la función que ha cumplido el consumo de MESI en cada sujeto en particular, y trazar un plan de prevención de recaídas e introducir el trabajo desde el modelo de Buenas Vidas… entre otros aspectos.

—Si bien algunos psicópatas que tienen estas parafilias refieren como argumento que fueron abusados en la infancia para manipular y equipararse con sus víctimas, ¿cómo es el abordaje terapéutico con los psicópatas?

—Esta pregunta entraña su complejidad… desde mi experiencia coordinando el proyecto Círculos de Soporte y Responsabilidad dirigido a delincuentes sexuales que presentaban un alto riesgo de reincidencia, uno de los criterios excluyentes para poder participar en este programa era presentar un nivel alto de psicopatía. Cuando las puntuaciones en la valoración de la psicopatía nos indicaban nivel bajo o moderado, entonces sí podíamos acompañar a esa persona en el marco del proyecto. No obstante, en estos casos, no hablaríamos del psicópata de manual, sino que hablaríamos de personas que presentaban rasgos psicopáticos. En las personas que presentaban un nivel alto de psicopatía, observábamos un área muy afectada que era la de la empatía. En este sentido, desplegaban muchas dificultades para poder empatizar y entender el daño, de forma genuina y emocionalmente conectada, que una agresión sexual suponía para la víctima. En el contexto clínico, no acompaño a psicópatas ya que no suelen llegar a mi consulta y solicitar terapia, entre otras causas porque no suele haber ni coincidencia de problema, ni voluntad de cambio.

* Diplomada en Criminología Criminalística y DD.HH.

 

Ir más allá de los miedos

Patricia Bosch**

Este libro nos propone ir un paso más allá, vencer nuestros propios miedos, cuestionar el statu quo de un tema tan sensible y delicado como el abuso sexual infantil. Testimonios de víctimas de abusos sexuales, pedófilos, pederastas y familiares, constituyen un relato único, agudo, penetrante, que nos invita a transitar recovecos personales, pero desconocidos en un plano emocional.

¿Funciona el método que Ánge Blau (Francia) propone? Ofrecer terapia especializada a los pedófilos ¿sirve de verdad para prevenir que pasen a la pederastia? Las víctimas hoy adultas de abuso sexual infantil ¿pueden compartir el “grupo de palabras” con pederastas de otras víctimas y experimentar un gran avance en su proceso de sanación? Probablemente al abrir este libro, te vengan a la mente esta y otras preguntas más.

Estos mismos interrogantes te acompañarán en la tarea de reflexión y cuestionamiento de lo establecido en materia de prevención de abuso sexual infantil, o lo que es lo mismo en palabras más sencillas: ¿podemos hacer algo distinto, innovador y pionero, para evitar que el abuso sexual infantil llegue tan siquiera a suceder? Latifa Bennari consigue que le dediquemos unos minutos de nuestras vidas a indagar sobre estos interrogantes.

**Psicóloga.