lunes 20 de enero de 2020 | Suscribite
ELOBSERVADOR / VIOLACIONES
sábado 15 diciembre, 2018

Los delitos sexuales son los menos sexuales de los delitos

Una especialista en perfiles de criminales describe los rasgos generales de un violador y una asesora de menores pone en contexto el dolor de las víctimas y su derecho a hablar cuando sientan que es el momento.

Laura Quiñones Urquiza (*)

Ataque. No siempre la penetración es la norma, sino que se utilizan objetos para penetrar a las víctimas, para causarles el mayor daño, sin dejar rastros de ADN. Foto: cedoc
sábado 15 diciembre, 2018

El violador no viola porque está excitado, es violar lo que lo excita. Ciertos contextos, dinámicas de ataque, acciones, perfiles de víctima y palabras cuando interactúa con sus víctimas, son rituales que le dan satisfacción emocional, que es lo que busca. Entre un ataque y otro puede haber nuevos matices, pero en esas acciones y palabras hay huellas psicológicas fijas, y sin ellas no se completa ni concreta la fantasía que intenta recrear.

ADN. El ataque sexual denunciable no es únicamente aquel del que se pudo extraer ADN del líquido seminal o del semen. He analizado hechos en los que el agresor era eminentemente un “froteurista” que abordaba a sus víctimas en las escaleras de los halls de los edificios, las  intimidaba manoseándolas, y las obligaba a masturbarlo o practicarle una felación bajo amenazas.

En otros casos el agresor usó preservativos con los que huyó, o hasta iba depilado. No siempre la penetración es la norma, sino que se utilizan objetos para penetrar a las víctimas, para causarles el mayor dolor y daño posible, desgarros y pérdida de tejido, sin dejar rastros de ADN.

En algunas declaraciones he leído que inmediatamente después de un ataque sexual las víctimas se bañan por ignorancia, por el asco de tener impregnado el olor de su agresor o porque querían deshacerse de sus ropas, y, a veces, hasta de sus cuerpos.

Pese a eso, en sus relatos incluyen descripciones de señas particulares en el cuerpo del autor, y presentan las lesiones típicas de defensa. En ese contexto de indefensión, son heridas visibles que, con suerte, sanan.

El daño psíquico y la desconfianza les duran más tiempo y lo que perciben como vergüenza por no haber podido hacer o gritar, e incluso la vergüenza social, las inhibe de denunciar

El daño psíquico y la desconfianza les duran más tiempo y lo que perciben como vergüenza por no haber podido hacer o gritar, e incluso la vergüenza social, las inhibe de denunciar. A veces el silencio también se debe a que piensan que no tienen la astucia o el prestigio de su agresor, porque creen que la Justicia puede ser injusta, porque hablan pero no las escuchan, o porque el miedo a represalias las paraliza.

Tiempo. Aunque el tiempo que pasa es la verdad que huye, existen protocolos, medidas de prueba y especialistas de diversas disciplinas que intervienen con técnicas retrospectivas, por ejemplo el análisis de testimonios y evaluación de testigos, y el de exploración de la personalidad que, con los puntos de pericia correctos, podría llegar a la verdad detectando contaminaciones y simulaciones.

La doctora Alicia Poderti sugiere que en estos casos es muy útil hacer un test lingüístico forense al sospechoso, porque puede arrojar muchas pruebas sobre si hay o no algún tipo de personalidad perversa por cómo habla, cómo se refiere a los otros y a sí mismo. Nadie escapa de las palabras, son como su huella digital.

En casos de vieja data y donde la víctima habló como pudo y cuando se sintió fuerte (...) si el señalado es declarado culpable, su ADN indubitable debería ser ingresado a un registro de violadores

En casos de vieja data y donde la víctima habló como pudo y cuando se sintió fuerte, acompañada o contenida por otras víctimas para hacerlo, si el señalado es declarado culpable, su ADN indubitable debería ser ingresado a un registro de violadores, aunque no haya sido extraído del kit de abuso o recolectado en el lugar del hecho en aquel momento.

En otros escenarios, el violador las doblega con sumisión química al doparlas o les parte un ladrillo en la cabeza y las deja desmayadas, lo que las “relaja”, y por eso no presentan las lesiones defensivas características. Es así como muchas ni siquiera pudieron verle la cara a su agresor; simplemente cuando despertaron se vieron rodeadas de un lago de sangre, pedazos de un ladrillo foráneo en su dormitorio, sus ropas rasgadas y una ventana abierta con huellas de calzado.

Son ejemplos de situaciones dramáticas, con las que nos topamos casi todo el tiempo quienes analizamos la anatomía de un crimen violento.

Verosímil. Probablemente el modo o el tiempo de contar de una víctima no encaje con lo que algunos consideran verosímil, porque no coincide con lo instalado en la ficción, pero la realidad es que existen variables que incluyen amenazas e intimidaciones de todo tipo para controlar a la víctima. Especialistas en psicología del testimonio sostienen que, cuando se evoca un evento traumático de esa envergadura y se lo reconoce como propio, es muy difícil ponerlo en palabras, sino que se somatiza.

Cuando se evoca un evento traumático de esa envergadura y se lo reconoce como propio, es muy difícil ponerlo en palabras, sino que se somatiza

Cuando relata se pierde el hilo o se confunden los tiempos por el peso de la carga afectiva displacentera que irrumpe en la psique: el trauma de un ataque sexual fragmenta porque tiene el índice más alto de potencial traumatización. La huida y la lucha son respuestas defensivas ante el peligro, pero también lo es el congelamiento, la disociación en el momento del trauma.

Los eventos pueden evocarse en forma de blanco en el recuerdo pero con síntomas en el cuerpo, o como flashes desordenados, porque es tanta la angustia que se oprime la garganta y se experimentan cefaleas.

Sexo. El delito sexual es el menos sexual de los delitos, porque denigrar y aplastar la voluntad de otro es lo que está erotizado. El autor sabe que es un delito a “puertas cerradas”, juega con eso, y mientras más desprevenida esté o ingenua sea su víctima, mejor. Para otros, mientras más débil sea la víctima, más fácil de desacreditar será si denuncia. No son encantadores de serpientes, sino serpientes encantadoras.

Los delincuentes sexuales suelen estar bien integrados a la sociedad, y los más difíciles de detectar son los pedófilos y pederastas

Los delincuentes sexuales suelen estar bien integrados a la sociedad, y los más difíciles de detectar son los pedófilos y pederastas. Y en las cárceles son sobreadaptados y no generan ningún conflicto.

(*) Diplomada en Criminología, Criminalística y DD.HH. Especializada en Técnica de Perfilación Criminal.


Comentarios

RECOMENDAMOS...

Periodismo puro

© Perfil.com 2006-2018 - Todos los derechos reservados

Registro de Propiedad Intelectual: Nro. 5346433 | Edición Nº 4880

Domicilio: California 2715, C1289ABI, CABA, Argentina  | Tel: (5411) 7091-4921 | (5411) 7091-4922 | Editor responsable: Ursula Ures | E-mail: perfilcom@perfil.com | Propietario: Diario Perfil S.A.