Una huella de devastación quedó en la región: al menos treinta muertos, cientos de edificios destrozados, vehículos militares incendiados, servicios básicos que siguen sin funcionar mientras decenas de miles siguen desplazados.
La escalada entre las fuerzas gubernamentales sirias y las fuerzas de seguridad (Asayish), respaldadas por las Fuerzas Democráticas de Siria (SDF), se intensificó tras meses de tensiones entre ambos bandos. El jueves pasado, una oleada de personas corría hacia el cruce Al-Zahoor, a la salida del barrio de Achrafieh, el de mayoría kurda, buscando refugio. Algunos iban en autos privados, otros a pie, cargando pertenencias o a sus hijos pequeños en brazos. Los tiros de ametralladoras, el estruendo de morteros y el silbido de los misiles aterrorizaron a la población.
“Muchos se quedaron en sus casas, prefieren morir en ellas”, dijo Jina, una mujer kurda de 45 años. “Estamos sin agua, electricidad ni comida, tuvimos que irnos esta mañana cuando una bomba golpeó en nuestra casa; la pared externa quedó destruida. Sobrevivimos escondidos en el sótano. No nos queda nada”, dijo a PERFIL, recogiendo sus pertenencias y acomodando a sus hijas antes de subir a una furgoneta rumbo a Afrin.
“Estaba en la universidad cuando todo empezó el martes, no volví a casa desde entonces. Mi familia logró salir y ahora se está refugiando en Afrin”, cuenta Ahmad, un kurdo de 25 años residente de Sheik Maqsoud, donde viven alrededor de 500 mil personas. “Mi familia fue desplazada varias veces, en 2013 desde Alepo, luego a Tal Rifat en 2019, y a fines de 2024 nuevamente hacia Alepo. Estamos hartos”, agrega en relación con las guerras que azotaron al pueblo kurdo en Siria.
Al menos 150 mil personas fueron desplazadas hacia distintas regiones de acuerdo con la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (Unocha). “Para muchos la caída del régimen de Assad no significó paz, sino un conflicto de otras características. La situación de los kurdos no cambió, seguimos siendo discriminados”, dijo Ahmad a PERFIL.
A la 1.30 p.m. del jueves 8 de enero, los barrios de Sheik Maqsoud y Achrafieh fueron considerados por el ejército sirio como “zona militar cerrada”, y se les pidió a los civiles que no se acercaran a las posiciones de las SDF. Terminado el plazo, los corredores humanitarios para los civiles se cerraron, dando comienzo a una tormenta de proyectiles que resonó en toda la ciudad. Lanzacohetes, morteros, tanques, camionetas cargadas con cañones de infantería ingresaron a los barrios, pero se encontraron con una dura resistencia.
Los combates continuaron hasta la madrugada del viernes, antes de que se acordara un alto el fuego provisional a las 3 de la madrugada. Por la mañana del viernes, la situación seguía inestable. Se había abierto otro corredor humanitario, pero los enfrentamientos siguieron.
En el Hospital Al Razi, un coche se dirigió descontroladamente a la entrada de urgencias. Un hombre de rojo intentó desesperadamente sacar el cuerpo de una mujer del asiento trasero para colocarlo en la camilla ensagrentada que traían los enfermeros. El cuerpo de la mujer cayó al suelo y el hombre rompió a llorar desconsoladamente. Los pasillos del hospital estaban abarrotados de familiares preocupados, y cada cinco minutos un coche o una ambulancia llegaba a las puertas con civiles heridos.
La electricidad se cortaba poniendo en riesgo a los pacientes, cuando una munición de mortero alcanzó el techo del Hospital.
En la Unidad de Cuidados Intensivos yacía Ibrahim, de 7 años, quien fue alcanzado por una bomba del SDF en el barrio de Midan. “Jugaban en el balcón junto a Ghaith, su hermano de 4 años, pero él murió”, dijo Mustafa, su padre, mientras abrazaba al tío del pequeño.
Una red de albergues improvisados para desplazados se desplegó por Alepo para brindar refugio y ayuda a los miles de personas. La mezquita Zein Al-Abideen, en el barrio de Nueva Alepo, se ha convertido en refugio para 337 personas. Shahed Baki Zada, encargada de dirigir el centro, dijo a PERFIL: “La situación es muy difícil, pero nuestra prioridad es asegurarnos de que la gente esté segura, abrigada, cómoda y alimentada. El invierno es muy frío en Alepo”. “Tememos que esta situación se prolongue, pero esperamos que se resuelva. En caso contrario, no contamos con suficientes suministros por mucho tiempo”, lamenta.
El sábado en la mañana los enfrentamientos ya habían bajado en intensidad, mientras que el vocero del ejército declaró: “Anunciamos el cese de todas las operaciones militares en el barrio de Sheik Maqsoud, a partir de las 3 de la tarde”. Se comenzará “a ceder el control de todas las instalaciones sanitarias y gubernamentales a las instituciones estatales y se retirará gradualmente de las calles del distrito”. Las SDF se habían rendido en Alepo.
Mazloum Abdi, líder de las SDF, dijo que se había llegado a un acuerdo a través de la mediación internacional, asegurando la evacuación segura de “los mártires, los heridos, los civiles atrapados y los combatientes” de la ciudad. Los autobuses que transportaban a los últimos miembros de las SDF salieron del barrio Sheik Maqsoud hacia el Noroeste. Esto fue coordinado gracias a la mediación internacional sobre un alto el fuego y la evacuación segura de civiles y combatientes, según aseguró Abdi.
Lentamente, los residentes vuelven a sus casas, muchas de ellas destruidas, saqueadas e incendiadas. Ambos lados han denunciado ataques a zonas residenciales y civiles ampliamente documentados. En cinco días, al menos treinta personas murieron en los enfrentamientos, mientras que más de 150 mil fueron desplazadas dejando un rastro de nuevas heridas que serán difíciles de sanar.
De fondo. La caída de Bashar al-Assad en Siria en 2024 dejó a las fuerzas que tomaron el poder, lideradas por Ahmad al Shara, una difícil tarea de reunificar el territorio sirio tras 14 años de guerra. El país permaneció como un mosaico de territorios divididos en liderazgos locales con aliados extranjeros solapados. Es el caso de la Administración Autónoma del Norte y Este de Siria (Aanes), liderada por los kurdos, que construyó desde hace más de una década un proyecto político propio mientras luchaba contra Estado Islámico con apoyo estadounidense.
En marzo de 2025, Al-Shara y Abdi firmaron un primer acuerdo para desarrollar durante el resto del año y culminar así con la integración territorial, militar y política del noreste. Sin embargo, las negociaciones naufragaron y las tensiones aumentaron. El gobierno de Damasco no acepta otra idea que no sea una Siria centralizada, mientras las SDF esperan que se les reconozca su estatus de autónomas. La coexistencia imposible de dos visiones políticas irreconciliables, con fuerzas armadas, ya anunciaba un desenlace trágico.
El giro internacional. Estados Unidos mantiene una alianza estratégica con las SDF desde 2015, cuando se formó la coalición internacional contra Estado Islámico. Desde entonces, diversas administraciones estadounidenses han apoyado al grupo kurdo-árabe con armas, inteligencia y ayuda humanitaria. Durante la guerra civil siria, las SDF consolidaron su territorio en el norte y el este del país, una zona del valle del Éufrates que representa la mayor parte de la producción de petróleo, gas, materias primas y energía de Siria.
Donald Trump comenzó a redibujar el mapa sirio desde su llegada. Inicialmente, adoptó una postura inesperada hacia Ahmad al-Shara, un exmilitante de Al Qaeda que gobernó tras derrocar a Al-Assad. Comenzó a ver al gobierno de Damasco como un aliado antiterrorista, en lugar de depender únicamente de las SDF. Con la intención de integrar ambas fuerzas, supervisó la firma del acuerdo del 10 de marzo de 2025, pero la violencia perpetrada por el gobierno contra alawitas en Latakia y contra drusos en Suweida generó desconfianza entre las SDF.
A pesar de las masacres denunciadas por organismos como Amnistía Internacional, Estados Unidos y Europa sostuvieron su posición de liberar sanciones económicas y restablecer lazos con Siria. Un punto de inflexión clave en este cambio se produjo durante una reunión entre Al-Shara y Trump en el Salón Oval en noviembre de 2025, donde se formalizó el progreso estratégico. Un mes después, tres soldados estadounidenses fueron asesinados en Palmira por un exmilitante de Estado Islámico.
Los aliados regionales de Estados Unidos también jugaron sus cartas. Israel, que había avanzado en los Altos del Golán, mantuvo una reunión de alto nivel con representantes sirios en París, con la mediación de Estados Unidos, para alcanzar un acuerdo sobre cooperación en inteligencia y seguridad. Horas después comenzaron los enfrentamientos en Alepo. Ahora, sentado en ambos lados de la mesa, Trump solo se preocupa en salvaguardar los intereses estadounidenses en materia de petróleo.
Por otro lado, Turquía, uno de los principales aliados de Damasco, considera a las SDF como una extensión del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), un grupo kurdo que lucha por la autodeterminación con el que ha librado una durísima insurgencia durante cuarenta años.
¿Cómo sigue? Con estas piezas alineadas, la batalla de Alepo fue el comienzo de una campaña militar no declarada más amplia, golpeando el punto más débil de las SDF. Para el nuevo gobierno, lograr el control territorial total es vital. Es evidente que el avance sobre Alepo contaba con la aprobación de Trump, pero la pregunta sigue siendo si permitirá que Al-Shara avance hacia el Este.
Mientras el ejército sirio movilizó tropas desde varias regiones de Siria hacia las zonas rurales de Alepo, las SDF fortalecieron sus posiciones sobre el Éufrates. En su retirada, volaron los puentes que conectaban ambas orillas del río complicando a los civiles escapar.
Durante la noche del jueves 15, el ejército atacó el poblado de Deir Hafer, dando señales de que las cosas recién comienzan, pero sin saber dónde terminan, arruinando cualquier acuerdo futuro.
A pesar de que la coalición internacional liderada por Estados Unidos ubicada en el noreste de Siria movilizó vehículos militares blindados hacia la ciudad intentando poner límites al avance del ejército, en la noche del viernes continuaron los ataques. Tras más de un año de transición política en Siria, los fantasmas de la guerra siguen acosando al país.