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ELOBSERVADOR / POMPA Y CIRCUNSTANCIA
domingo 15 diciembre, 2019

Los mensajes simbólicos de cada llegada del justicialismo al poder

Más allá de la lógica de los discursos, el peronismo es un movimiento de gestos. Una historia de los más recordados: la sonrisa del general, la torpeza de Néstor, el viaje en auto de Alberto al Congreso.

Sabrina Ajmechet

Militares. Perón nunca ocultó su origen castrense. Y fue parte de lo que lo acompañó, incluso, en su segunda asunción en 1952. Foto: cedoc
domingo 15 diciembre, 2019

Desde el 4 de junio de 1946 –día en el que Juan D. Perón llegó a la presidencia– hasta hoy fueron seis los presidentes peronistas electos por la ciudadanía para ocupar el cargo. A Perón lo siguieron Héctor Cámpora, Carlos Menem, Néstor Kirchner, Cristina Fernández de Kirchner y, desde esta semana, Alberto Fernández.

Esta nueva etapa presidencia nos habilita a preguntarnos sobre qué cosas tuvieron en común las diferentes ceremonias de asunción de los presidentes peronistas a lo largo de la historia. Además de las cuestiones formales, en el acto de dejar de ser un ciudadano más y convertirse en presidente hay una enorme cantidad de elementos simbólicos que, en muchos casos, terminan siendo el comienzo de la historia de una construcción de poder que imprimirá luego el tono que tendrá el gobierno. ¿Cómo fue cada uno de estos actos? ¿En qué medida la memoria histórica de aquellos gobiernos comenzó a construirse en aquellas fechas fundantes?

Militar. El ciclo de presidencias peronistas se abre, desde luego, con el propio Juan Perón. Asumió por primera vez el 4 de junio de 1946. La fecha elegida para el inicio de su gobierno fue un mensaje político: Perón se percibía a sí mismo como hijo y continuador del gobierno militar que había tomado el poder ese mismo día, tres años antes.

El encargado de tomarle el juramento fue el presidente provisional del Senado. Se siguió el mismo criterio que en 1932, la primera vez que asumió un presidente elegido democráticamente luego de un gobierno militar. Una particularidad de esa jura, que se llevó adelante en el Congreso Nacional, fue que estuvieron ausentes los diputados de la oposición.

La nota de color del acto la dio el locutor oficial. Al iniciar la transmisión de la ceremonia por Radio del Estado se refirió al período presidencial que se iniciaba como “1946-1956”, en vez de “1946-1952”. Un vidente, diríamos los que conocemos cómo siguió la historia.

Reforma constitucional mediante, Perón fue el primer presidente argentino reelegido de forma inmediata al terminar su primer mandato. El 4 de junio de 1952, al iniciar su segundo gobierno, prestó juramento en el Congreso y luego se dirigió hacia Plaza de Mayo, que estaba enmarcada con dos retratos monumentales de Perón y de Eva. La imagen más nítida de esa jornada es la de Eva Perón, visiblemente enferma, saludando a sus seguidores, de pie junto a su esposo,  desde el auto descapotable. Su imagen estuvo también en la plaza, en un enorme cartel, junto a otro de Perón. La pareja, el gobierno y el Estado se presentaban entremezclados.

La de Cámpora. Debido a la proscripción del peronismo y la sucesión de golpes militares, tuvieron que pasar 21 años para que otro peronista fuera elegido presidente. En mayo de 1973, Héctor J. Cámpora ganó las lecciones y, solo unos meses después, lo haría Perón.

La asunción de Cámpora es poco recordada, aún cuando fue la más violenta de la Argentina del siglo XX. La jornada de investidura presidencial comenzó temprano a la mañana con la jura en el Congreso y un discurso que, por sus más de tres horas de duración, obligó a realizar un cuarto intermedio. Mientras Cámpora enumeraba los sucesos ocurridos desde el golpe de Estado de 1955 y reivindicaba a Eva, a la juventud y a la resistencia, condenaba la proscripción y anunciaba sus primeras medidas, se comenzaron a producir actos violentos entre los militantes de diferentes sectores del peronismo presentes en la Plaza del Congreso. Los enfrentamientos –que resultaron en heridos, quema de autos y choques entre militantes y con las fuerzas de seguridad– impidieron cumplir con el programa oficial. El clima de violencia fue en aumento y, ya por la noche, una importante manifestación cercó la cárcel de Devoto reclamando la liberación de los presos políticos. Si bien la idea era otorgar la amnistía, la presión popular, combinada con un motín de los internos, terminó en la liberación de los presos sin mediar la presencia de un decreto institucional.

Perón e Isabel. El 12 de octubre de ese mismo año llegó por tercera vez a la presidencia Perón. Los episodios del día de asunción de Cámpora sumados a la violencia en Ezeiza el día del retorno obligaron a un acto breve y protocolar. Perón juró como presidente junto a Estela Martínez, su vicepresidenta, en el Congreso. La pareja presidencial salió de allí protegida por una caravana policial que los escoltó a toda velocidad hasta la Casa Rosada, donde Raúl Lastiri fue el encargado de hacer entrega de la banda presidencial y el bastón de mando. Luego de tomarle juramento a sus ministros, Perón dio un discurso de solo veinte minutos en el balcón de la Casa de Gobierno, protegido por un vidrio blindado. Los asistentes a la plaza únicamente pudieron entrar luego de ser revisados para asegurarse que no portaban armas. Al terminar su breve mensaje, el presidente no declaró feriado el día siguiente ni tampoco llamó a organizar una fiesta popular. En cambio, les pidió a todos que volvieran a sus hogares. Así hicieron. Hacia la media tarde, el tránsito en el centro se había restablecido normalmente y parecía una jornada más en Buenos Aires, como si allí no hubiera pasado nada.

Menem. Los años que siguieron fueron de dictadura militar y luego alfonsinismo. El tercer presidente peronista elegido por la ciudadanía para ocupar el cargo fue Carlos Menem. Asumió el 8 de julio de 1989, en la que fue descripta como la mayor crisis económica y social de la historia argentina. Su llegada al poder fue anticipada. Por eso, ese día comenzó con una sesión en la que el Congreso le aceptó la renuncia a Raúl Alfonsín y a su vicepresidente, Víctor Martínez.

Luego se produjo el juramento de Menem ante la Asamblea Legislativa. El dato llamativo fue la presencia del candidato radical, Eduardo Angeloz, al que el nuevo presidente había vencido en las elecciones. El gesto fue interpretado como un signo de la necesidad de la unidad nacional, idea explicitada en el discurso de asunción. Aquel día hubo poca gente en la calle. Sin embargo, cuatro años después, el 8 de julio de 1995, cuando Menem comenzó su segunda presidencia, el número de personas que acompañaron la ceremonia fue aún menor. Fue una asunción particular, ocurrida a pocos meses del fallecimiento de Carlitos Menem y los principales comentarios giraron alrededor del llanto de Zulemita en los diferentes momentos del día.

    

Néstor. Néstor Kirchner asumió el 25 de mayo de 2003. Se recuerda su poco apego al protocolo, su juego con el bastón en el momento en el que se lo traspasó Eduardo Duhalde, sus equivocaciones durante la jura de los ministros y el baño de multitudes que terminó con un corte en su frente. Néstor apeló a la espontaneidad y a mostrarse como un hombre común, característica que luego reforzó a lo largo de su mandato.

De hecho, fue un elemento recuperado por Cristina Fernández. Su asunción fue el 10 de diciembre de 2007. Eligió el 10 de diciembre, igual que Raúl Alfonsín, en homenaje a él y también recordando que el primer presidente de la transición democrática había impuesto ese día por ser el aniversario del día internacional de los derechos humanos. La inclusión de un vicepresidente proveniente de la Unión Cívica Radical, la promesa de un tiempo de transversalidad y el diagnóstico de que había llegado la hora de la institucionalización para el kirchnerismo le dieron el tono particular a las ceremonias de aquella jornada.

Completamente diferente fue el día que comenzó su segunda presidencia, el 10 de diciembre de 2011. Para aquel momento, el conflicto del campo y la división de la sociedad en dos partes que no compartían sentidos comunes reemplazaron la apuesta por la transversalidad. La presidenta asumió llevando el luto, luego de la reciente muerte de su marido. Néstor estuvo presente en el vestido negro y también en el juramento de Cristina. Juró por él, por Dios y por la Patria. A diferencia de las reelecciones anteriores en las que no hubo ceremonia de traspaso de los atributos, Cristina eligió volver a colocarse la banda presidencial y  fue su hija Florencia la encargada para que se la pusiera, un acto completamente por fuera del protocolo.

Alberto. Alberto Fernández asumió el último 10 de diciembre construyendo la imagen de hombre común desde la puerta de su casa. A diferencia de su vicepresidenta, Cristina Fernández, quien salió de su residencia rodeada de militancia, Alberto salió como si fuera un día más de su vida, frente a la mirada exclusiva de algunos vecinos curiosos. Fue el primer presidente que condujo solo hasta el Congreso. No fue llevado por nadie, llegó solito. Un mensaje fuerte para un presidente que fue propuesto para el puesto por su actual vicepresidenta. A él nadie lo conduce, quiso mostrarle a los argentinos.

Como decíamos al comienzo, las jornadas de asunción están llenas de elementos simbólicos y son una gran puesta en escena. Muchas veces muestran lo que cada presidente quiere comenzar a construir como imagen de su gobierno y, siempre, lo que puede hacer con la coyuntura que se le presenta. Hay un nuevo presidente peronista que nos demostrará en el futuro inmediato de qué se trata ésta vez ser peronista.

*Historiadora.


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