miércoles 30 de noviembre de 2022
ELOBSERVADOR Roxana Kreimer

Otra vez el dedo en la llaga

Con su nuevo libro, El fracaso de la derecha (Galerna), la filósofa y doctora en Ciencias Sociales aporta una mirada diferente a uno de los debates más calientes del presente: las distintas expresiones de derecha frente a una izquierda que oscila entre el identitarismo alejado de la lucha de clases y la defensa de modelos autoritarios.

01-10-2022 06:50

—¿Empezamos por el título? Contrariamente a lo que muchas voces locales, especialmente desde el oficialismo y la izquierda, aseguran sobre una derecha que estaría disputando exitosamente espacios políticos, tu libro se llama “El fracaso de la derecha”. …

—La multiplicación de los adeptos a la derecha, y su acceso a los espacios políticos, un fenómeno presente en todo el mundo, no implica que los argumentos en los que se basan sean válidos o respaldados por la evidencia empírica, ni que la derecha haya contribuido al bienestar humano. La filosofía busca examinar lo que muchos dan por establecido, y si es el caso cuestionarlo con espíritu crítico. Este fortalecimiento del espectro político de la derecha obedeció a las limitaciones de la izquierda socialdemócrata en el ejercicio del poder. Pero sus ideas son las mismas que aplicaron Reagan y Thatcher en los 80, y las que perjudicaron a la mayoría de las personas y contaminaron el planeta en los últimos cuarenta años. Esto no implica sostener que la nueva derecha no contenga novedades como su actitud antisistema o su afirmación de que los políticos no la representan, sino que sus pilares teóricos no están respaldados por la evidencia. La ideología liberal busca limitar el poder político, pero se olvida del poder económico, que es el que más afecta la vida de las personas. Supone que la corrupción y la ineficiencia son patrimonio exclusivo del Estado y no de la empresa privada.

—¿Podrías darme un panorama general o algunos ejemplos de las limitaciones de la izquierda de las que hablás?

—Uno de los problemas centrales de la izquierda progresista es que puso el foco en la cuestión identitaria: mujeres, gays, afroamericanos, etc. Si bien algunos de estos reclamos son legítimos, se dejaron de lado la lucha de clases y, en general, las condiciones materiales de existencia, que son prioritarias para la mayor parte de la población. La izquierda progresista cuestiona ciertas ideas que se suponen universales e inmutables, y a veces tiene razón en ese cuestionamiento, como cuando problematiza las ideas de locura, crimen, sexo, género y moral. Pero su abandono del ideal racional e ilustrado la llevó a cultivar un estilo ensayístico que no busca la precisión conceptual ni la vinculación con las investigaciones científicas. Por otra parte, la izquierda clásica sigue defendiendo modelos autoritarios como el chino, descalifica la posibilidad de que los derechos humanos puedan incluir los derechos sociales y no ser funcionales al capitalismo, se basa en la dialéctica hegeliana, que resulta poco precisa e incompleta como una teoría general del cambio, o defiende la idea poco democrática de “dictadura del proletariado”.

—Al igual que en tu libro anterior, “El patriarcado no existe más”, recurrís a bibliografía y datos provenientes de fuentes muy diversas. ¿Cómo fue la investigación previa a la escritura?

—La investigación de este libro comenzó cuando los videos que subía al canal de YouTube que abrí durante la pandemia empezaron a generar respuestas muy agresivas de jóvenes youtubers de derecha, que por entonces prácticamente monopolizaban esta red social. A partir del encuentro con las ideas que circulan también entre sus referentes políticos, empecé a buscar datos para evaluarlas a partir de una bibliografía científica actualizada sobre el tema. Algunas problemáticas como la de la desigualdad o la meritocracia ya las había investigado en libros anteriores, pero acá se sumaron la del índice de libertad económica, la engañosa afirmación de que en todo el mundo la pobreza bajó decisivamente, la “teoría del derrame”, que no se designa con ese nombre sino con el de “economía del lado de la oferta”, la supuesta desaparición de las clases sociales, la teoría conspirativa del marxismo cultural, la caracterización de las nuevas derechas en el mundo, el efecto Mateo y los estudios científicos sobre la tendencia humana a abusar del poder. Advertí que mi libro anterior y este tienen una línea de continuidad, ya que los errores del feminismo forman parte de la explicación de la fuerza con la que está renaciendo la derecha en todo el mundo.  

—¿Cuáles son las distinciones que vos establecés, por ejemplo, entre liberalismo, libertarismo, neoliberalismo?

—El liberalismo clásico surgió entre el siglo XVII y XIX. Sus ideales eran la libertad individual, el respeto a la propiedad privada de los medios de producción, la libertad de expresión, la igualdad ante la ley, la distribución equitativa de impuestos, y el acceso a cargos públicos en base al mérito. El liberalismo social surgió en el siglo XX con Keynes, Churchill, Roosevelt y Rawls. En Estados Unidos, el término “liberal” quedó asociado al liberalismo social del New Deal del presidente demócrata Franklin Roosevelt, por lo cual se suele llamar liberal al Partido Demócrata, y conservador al Partido Republicano. Desde el siglo XIX existió el libertarismo de izquierda, que se opuso al autoritarismo político y económico. A mediados del siglo XX, Rothbard y otros empezaron a denominarse libertarios para diferenciarse del liberalismo social y retomar lo que consideraban el liberalismo auténtico. Los libertarios de derecha cuestionan el poder político, pero no el poder económico. Edward Cain los llamó “propietarianos”, porque usan la palabra “libertad” casi exclusivamente para referir a la propiedad privada de los medios de producción. El término “neoliberalismo” no es aceptado por los liberales, porque tuvo otros significados y porque es usado solamente por sus críticos. El término fue propuesto en 1938 por el economista Alexander Rüstow para designar una forma de liberalismo social. El significado actual surgió en los años 70, cuando los críticos de las políticas económicas de Pinochet lo usaron para designar al liberalismo de libre mercado de Friedman y von Hayek.

—El libro dialoga permanentemente con la coyuntura argentina, con sus personajes históricos y con nuevos personajes como Javier Milei. ¿No te preocupó que ese diálogo haga que en el futuro algunas cuestiones pierdan vigencia?

—De las 227 páginas del libro, solo unas veinte tratan sobre la coyuntura argentina. El fracaso de la derecha aspira a ser un libro filosófico, no de coyuntura. Esto implicó tomar los principales ejes teóricos del liberalismo y cuestionarlos de raíz a partir de una copiosa bibliografía científica. Por delante queda el desafío de aunar igualdad de derechos más libertad, ninguna a expensas de la otra. Evitar el “igualitarismo” de Cuba o Nicaragua al precio de la libertad, y la desigualdad desmedida que genera violencia y ruptura del lazo social.

 


 

Más libertad económica, más desigualdad *

“El fracaso de la derecha” examina los mitos de la derecha a la luz de la evidencia científica. Por ejemplo, que los países más prósperos son los que califican más alto en los índices de libertad económica de Heritage y Fraser. Pero esos índices miden variables institucionales como la igualdad ante la ley y la corrupción, que no son privativas del “libre mercado. Por otra parte, miden las libertades para los empresarios y no para la mayoría de las personas, que son trabajadoras y no tienen la opción de montar una empresa. Algunos subrayan las libertades para los empresarios porque creen que habría una torta más grande para repartir. Pero hay evidencias de que la “liberalización económica” aumenta la desigualdad. En países latinoamericanos que implementaron políticas de libre mercado entre 1980-2000, el porcentaje de quienes vivían con menos de 7,40 US$ por día aumentó del 62 al 68% (Kwon, 2018, Ostry y colegas, 2016). Otro mito liberal es que la desigualdad es positiva y estimula el progreso, y que lo único problemático es la pobreza extrema. Sin embargo, la desigualdad correlaciona con homicidios en un estudio que abarca la evolución de 59 países a lo largo de 160 años, el más grande hecho hasta el momento (Goda y Torres García, 2018). También constituye un mito liberal sostener que la pobreza bajó en el mundo gracias al capitalismo. Esto es engañoso. Vivir con 1,90 US$ a 3,10 por día no habilita una nutrición adecuada ni una expectativa de vida de 70 años. El lugar en el que más bajó la pobreza es China, que no posee una economía de libre mercado sino una economía mixta. El liberalismo niega cientificidad a la teoría del valor trabajo. Supone que lo único que da valor a la mercancía es lo que el comprador está dispuesto a pagar, y que el trabajo no juega ningún papel en el precio. Sin embargo, uno de los tantos estudios sobre el tema, que muestra evidencia de 42 países entre 2000-2017, publicado por Iıkara y Mokre en 2021, refleja que solo hay pequeñas desviaciones promedio respecto a las predicciones de la teoría del valor trabajo.

* Roxana Kreimer. Licenciada en Filosofía y doctora en Ciencias Sociales por la UBA. En sus libros, así como en su canal de YouTube, que está a punto de alcanzar el medio millón de seguidores, divulga filosofía basada en la evidencia científica. Fragmento de su libro El fracaso de la derecha.

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