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en el día de las infancias

Por qué cuidar en igualdad

El proyecto, que está en debate parlamentario, promueve la ampliación de derechos con una perspectiva de mayor corresponsabilidad. Ahora bien, ¿cuál es el punto de partida y sus progresos?, se pregunta la autora.

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Equitativo. El proyecto reconoce el derecho de todas las persnas a recibir y brindar cuidados. | shutterstock

En mayo de este año se presentó Cuidar en Igualdad, un proyecto de ley que tiene el propósito de reformar varios puntos de la normativa actual respecto a los cuidados. Desde Grow - género y trabajo celebramos que un tema tan esencial forme parte de la agenda legislativa, con un proyecto que promueve la ampliación de derechos con una perspectiva de mayor corresponsabilidad. Ahora bien, ¿cuál es el punto de partida y sus progresos?

Como puntapié inicial, podemos definir al cuidado como el conjunto de tareas, actividades y apoyos indispensables para la satisfacción de las necesidades de subsistencia y reproducción de las personas a lo largo de su vida. Implican la atención de requerimientos físicos, emocionales, sociales y materiales para el desarrollo de la vida diaria. No se trata del cuidado de bebés, niños y niñas exclusivamente sino que también contempla a personas con enfermedades, a personas mayores, con alguna discapacidad, y cualquiera que en algún momento necesite de cuidados.

En este mismo sentido, entendemos al cuidado como un derecho con múltiples dimensiones. Las personas tenemos derecho a cuidar de los nuestros, a ser cuidadas y también al autocuidado, es decir a realizar acciones que nos aportan salud y bienestar a nuestras vidas. Al hacerlo, queremos que sea en buenas condiciones, queremos disponer de los tiempos necesarios, la infraestructura adecuada, y las condiciones materiales para la realización de este cuidado. 

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El cumplimiento de este derecho es una responsabilidad colectiva en donde distintos actores sociales intervienen para garantizarlo, generando un esquema que tradicionalmente se denomina como el diamante del cuidado. En éste, familias, comunidad, Estado y mercado intervienen en su provisión: desde las leyes que regulan las licencias para cuidar, los sistemas educativos que establecen la universalidad del servicio, la oferta pública de guarderías y geriátricos, hasta los convenios colectivos de trabajo, las prácticas empresariales y los arreglos de cada familia y comunidad, todos tenemos un rol en este aspecto de la vida: del cuidado nadie se escapa. 

Por ello, es fundamental que estas 4 partes funcionen. La pandemia fue reveladora en este sentido: roto ese diamante con el cierre de las escuelas, sin espacios de cuidados, sin profesionales que lo ejerzan, la responsabilidad del cuidado recayó en las familias, y como era de esperarse de forma desigual en las mujeres.

Reparto desigual del cuidado y su impacto en el mercado laboral. Si analizamos el cuidado desde una perspectiva de género, lo que observamos es que en líneas generales esta responsabilidad recae sobre las mujeres. 

En el informe preliminar publicado en abril por el Indec, sobre el uso del tiempo en el 2021, vemos que, mientras que el 92% de las mujeres realizan tareas domésticas o de cuidado no remunerado, en los varones esto se reduce a 74%. Hablamos de mujeres y varones cis género (cuya identidad de género corresponde con el sexo biológico asignado al nacer) ya que no se cuenta con estadísticas oficiales sobre la comunidad LGBTIQ+.

Según una encuesta realizada por Grow - género y trabajo en 2021, las mujeres destinaban 7,5 horas diarias a las tareas de cuidado, frente a 3,9 que destinaban los varones. 

Como complemento, vale la pena detenerse y analizar cómo se va modificando la participación en el mercado laboral de varones y mujeres en relación a si tienen hijos/as y cuántos. Según las estadísticas del INDEC de la EPH del Tercer Trimestre 2021, la tasa de actividad de una mujer sin hijos es del 73%, con dos hijos/as del 72%, con tres hijos es de 61%, y con cuatro hijos ya es del 57%. Aquí estamos limitando las cifras únicamente a la presencia de menores en el hogar, imaginemos el impacto cuando hay personas mayores, o personas con discapacidad, o cualquier otro escenario donde se requiere más cuidado. 

Mientras tanto, la tasa de actividad de los varones se mantiene estable sin importar la cantidad de hijos: de los varones en Argentina sin hijos, el 90,6% son económicamente activos; con un hijo, el 95.6%; con dos hijos, 97%; y con tres hijos, el 98%. De hecho hay una relación positiva entre la cantidad de hijos y su participación económica. 

Es decir que más allá de la mayor participación laboral de las mujeres de unas décadas a esta parte, al momento de la crianza son ellas quienes abandonan -o al menos interrumpen- su vida profesional. Ahora bien, ¿qué podemos hacer para cambiar esta marcada distribución de roles asignados por el género?

Qué dice el proyecto que se está debatiendo.  Se trata de una iniciativa para la creación del Sistema Integral de Políticas de Cuidados de Argentina. Reconoce el derecho de todas las personas a recibir y brindar cuidados, así como también al autocuidado, para lo cual se estipula un conjunto de políticas y servicios y modifica el régimen de licencias público y privado. 

El proyecto no implica ningún incremento de costos para empleadores dado que se prevé que las nuevas licencias y la extensión de las vigentes sean financiadas por la seguridad social, ya que señala que el Ministerio de Obras Públicas debe destinar anualmente al menos el 8,5% de su presupuesto a la ampliación de la infraestructura pública de cuidados del país. 

Extiende las licencias por maternidad a 126 días (mínimo requerido por la OIT), y pasa a denominarse licencia para personas gestantes. Este término no deja de limitar a aquellas personas que cumplen el rol de cuidadora/or principal pero no han gestado como puede ser el caso de las parejas homosexuales. 

Por otro lado se extiende la licencia de paternidad y pasa a llamarse licencia para personas no gestantes. Dicha licencia se elevará a 15 días al momento de aprobarse, luego de dos años a 30, después de cuatro a 45 días, después de seis años a 60, y al cumplirse ocho años de la ley la licencia será de 90 días. 

A su vez, mejoran las licencias para quienes adoptan, tanto para el proceso legal como para la adaptación familiar, y aumentan los días de licencia para tratamientos de reproducción asistida o para nacimientos múltiples o prematuros. 

Un paso importante es que se establece que el Poder Ejecutivo debe crear un registro nacional de trabajadoras y trabajadores del cuidado remunerado con el fin de facilitar la instrumentación de las políticas y también un registro de espacios comunitarios de cuidado. Este punto es fundamental en el camino de una mayor formalización en este rubro tan feminizado y precarizado en el país.

*Co-Fundadora de Grow, Género y Trabajo. Directora del área de diagnósticos e implementación.

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