ELOBSERVADOR
Incógnita

¿Presidente imperial o impotente?

Especialista en opinión pública, el autor advierte que el respaldo contundente en segunda vuelta que recibió Javier Milei no es claro que se deba exclusivamente a su agenda de políticas.

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Discurso. Su mensaje en la noche de la victoria fue claro. Pero debe tener en cuenta que el apoyo del balotaje no se debe exclusivamente a su agenda de políticas. | cedoc

El resultado del balotaje 19N fue contundente: 55,6% de los electores votaron a Javier Milei. Semejante apoyo electoral no tiene una sola motivación y, en consecuencia, no lo explica una sola variable. Parece un lugar cómodo, pero no por ello menos verdadero: motivacionalmente diverso. Y eso mismo, si los nuevos gobernantes, no hacen la lectura correcta tendrá consecuencias institucionales muy fuertes.

Motivaciones del voto. Los motivos del voto son múltiples. El enojo con la situación actual que viene de una acumulación de años, es el primer factor. Desde la pandemia para acá, pese al subidón de aprobación que implicó al principio las decisiones de cuidado sanitario en la cuarentena, generaron un primer contexto donde el malestar psicológico, social y económico se acumuló. A eso contribuyó y retroalimentó la política, desde luego. Las internas a cielo abierto, que todos recuerdan y no se cansan de recordar, amplificaron el hastío. Saliendo de ese laberinto, la guerra de Rusia-Ucrania tuvo un impacto en el costo de la energía y el transporte, que hubo que atender. Y siguieron las internas. Y a principios de 2023 el impacto de la sequía mermó todos los recursos disponibles para atender las demandas rezagadas. El cóctel fue explosivo. Enojo, frustración, inflación, evaluación de mal desempeño del gobierno (siempre por debajo del 20% de aprobación). No hay que descartar, tampoco, que una proporción de electores además comparta la agenda política, social y económica del presidente electo. Pero muchos hartos y enojados, quizás no repararon en eso. O, mejor dicho, si lo hicieron no pesó tanto como el deseo de cambiar de gobierno. Cualquiera sea y después vemos, tengamos fe. Una buena parte del electorado, que llevó a Milei del 30% al 55%, quizás se vea reflejada en esa sintomatología. No le resultan cómodos los supuestos que sostienen que “la justicia social es una aberración, y la igualdad de oportunidades un robo”, pero sienten algo que los moviliza en el leitmotiv: “viva la libertad, carajo”; el significante vacío que logró producir la cadena de equivalencia de las demandas insatisfechas, a la Laclau.

Segunda vuelta y poder legislativo. Uno de los argumentos para introducir el balotaje en América Latina, allá por los años 90, fue darle al presidente electo un mayor respaldo/legitimidad electoral. Se creía que, con ello, las condiciones de gobernanza/gobernabilidad mejorarían, en vistas a las crisis institucionales de las décadas previas. Pero, como bien señaló Aníbal Pérez Liñán, el problema es que los balotajes, si bien neutros en el diseño, suelen generar una impresión falsa de respaldo programático al ganador. Esto es, asumir que todos esos le dan la legitimidad democrática para implementar su agenda, su programa de gobierno. Lo cierto es que el Poder Legislativo, sobre todo en los sistemas de presentación proporcional, con el que un presidente tendrá que contar o no, se reparte entre los diferentes actores según la proporción de votos que hayan obtenido en la primera vuelta. Proporción de votos que es inferior, y que en consecuencia da por resultado un contingente legislativo menor para el ganador. Esto es aún más contrastante en los casos donde hay reversión del resultado, de la primera a la segunda vuelta. Esto es, donde el que salió segundo en la primera gana en la segunda. Así las cosas, el presidente electo Javier Milei contará con 38 diputados de un total de 257 y con siete senadores de un total de 72. Para dar una idea más acabada de lo que esto significa, Javier Milei tendrá un contingente legislativo propio de menos del 15% en la Cámara de Diputados y del 9% en el Senado. Necesitará de los diputados y senadores de la fracción que responda a Macri y Bullrich, sus aliados necesarios ahora en la Legislatura. Pero aún así, no alcanzará, dada la inminente ruptura del bloque de Juntos por el Cambio.

Relaciones Ejecutivo-Legislativo. Bajo este panorama tendremos un Presidente que si bien obtuvo en segunda vuelta un 55,6% de los votos, su contingente legislativo resulta solo del 30% del respaldo que recibió en primera vuelta. Que, además, dada la elección por mitades de diputados y de tercios del Senado, es bastante menor institucionalmente. Pongamos en la balanza también que llega sin haber ganado ni una sola gobernación y algo similar a nivel municipal. Esta mezcla de respaldo electoral y debilidad institucional nos lleva directo a una situación muy bien estudiada por la política comparada. 

Gary Cox y Scott Morgenstern escribieron un influyente trabajo sobre los diferentes tipos de relación entre Ejecutivos y Legislativos en Latinoamérica. Para cada estrategia de Legislatura hay una respuesta dominante por parte del Ejecutivo; y, para cada estrategia del Ejecutivo, hay una respuesta dominante por parte de la Legislatura. En síntesis, lo que en teoría de juegos se reconoce como un equilibrio. 

Un tipo de relación, menos común de lo que se supone, es la de presidentes dominantes que están en equilibrio con legislaturas subordinadas, casos en los que el presidente manda el Congreso obedece porque el primero es el jefe del partido que tiene mayorías amplias en ambas cámaras, y estas aceptan las iniciativas presidenciales. Un segundo tipo de relación es aquella donde las cámaras, por su composición fragmentada y procedencia territorial diversa, reclama retribución para acompañar al presidente y este decide retribuir de modos diversos: desde políticas públicas hasta promoción de carreras personales. Un tercer tipo de relación, diferente a las anteriores, se da donde hay partidos nacionales estructurados con agendas programáticas nítidas, dispuestos a negociar agenda, políticas y poder, a lo que en equilibrio el Ejecutivo responde formando gobiernos de coalición y corriendo su agenda para alcanzar consensos. Finalmente, un cuarto patrón de relación se da donde hay una Legislatura que no tiene la agenda de presidente y no está dispuesta a seguir la agenda del presidente, a lo que usualmente le corresponden o bien presidentes impotentes, recursos institucionales ni partidarios para modificar la situación; o bien, presidentes imperiales, qué en ausencia de los recursos institucionales y partidarios, optan por pretender gobernar de manera unilateral. Situación que se ve más agravada cuando, adicionalmente, el presidente cree contar con el apoyo de un electorado que lo bendijo en segunda vuelta.

Escenarios futuros. El discurso del presidente electo del 19N dirigido a “los argentinos de bien” que anunciaba que será “implacable con los que se resistan” a su agenda de “cambios drásticos” nos da un punto de partida de la estrategia, e insinúa los métodos, que al menos por ahora dice tener el próximo presidente de los argentinos (de bien). Pero no hay que perder de vista, el respaldo electoral contundente en segunda vuelta que recibió no es claro que se deba exclusivamente a su agenda de políticas. Las motivaciones del voto fueron variopintas, como destacamos. Incluso, con cierta ingenuidad, de electores que votaron esperando que no ejecutara sus propuestas declamadas, en la confianza que sólo fueron una estrategia de campaña. El presidente electo tendrá que hacer una lectura adecuada del estado del clima de opinión pública y de los recursos institucionales y partidarios con los que cuenta. Un presidente imperial, genera conflictos institucionales no deseables; y un presidente impotente, no mantiene alineado el respaldo de la opinión pública.

*Investigador Conicet. Director de la Encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública de la Universidad de San Andrés. @dgreynoso.