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domingo 7 julio, 2019

Trabajo no remunerado: la mayor parte está en manos de las mujeres

El Observatorio de la Deuda Social analizó cómo se da la división de tareas en el ámbito doméstico en el Conurbano. Aún se está lejos de la igualdad entre géneros.

por Pablo Helman

No reconocidas. Las tareas del hogar ocupan muchas horas. El mercado no las considera a la hora de la remuneración y el pago. Foto: shutterstock
domingo 7 julio, 2019

El Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica realizó una investigación en conjunto con la Defensoría de la Provincia de Buenos Aires que analiza el vínculo entre empleo, mercado del trabajo y trabajo doméstico. El resultado demuestra cómo las mujeres también aquí se encuentran con dificultades que son propias de la crisis económica, y de cuestiones culturales. Tendencias que se dan en toda la sociedad se reflejan en las familias del Conurbano de los estratos económicamente más bajos. Las mujeres no solo tienen mayor dificultad para conseguir empleo. También, el hecho de que ejerzan habitualmente muchas de las tareas de cuidado e higiene de su hogar es un elemento que complica la posibilidad de acceso.

Digamos que, en líneas generales en los hogares en los que el hombre trabaja y la mujer no, las tareas no remuneradas suelen estar en manos de las mujeres. En los que trabajan los dos, sucede lo mismo mayoritariamente. Y también pasa en aquellos hogares en los que es la mujer la única que tiene un trabajo remunerado.

Mandato. Agustín Salvia, el director del Observatorio de la Deuda Social explica que “efectivamente, el trabajo doméstico no remunerado puesto como imposición, como mandato hacia las mujeres es un tipo de trabajo que al reproducir en el hogar cuestiones que se dan en toda la sociedad, produce un enorme sufrimiento. Efectivamente, no siempre es una acción voluntaria. Y el contexto de crisis de toda la sociedad, agrava la cuestión. Digamos que estructuralmente, hay un mandato que se ve complejizado por el entorno económico y social”.

El estudio demuestra que: “En primer lugar y como es conocido tienen mayor carga de trabajo no remunerado que sus pares varones residentes en el mismo aglomerado. También es mayor la tasa de doble jornada y se destaca que ésta es muy cercana a la tasa de empleo, lo que conduce a decir que casi todas las mujeres ocupadas en el mercado de trabajo realizan también tareas de trabajo no remunerado. En cambio, en los varones la tasa de empleo en el mercado de trabajo remunerado es más del doble de su tasa de doble jornada, lo que conduce a decir que menos de la mitad de los hombres ocupados realiza, además, tareas de trabajo no remunerado. También, el análisis de la tasa de actividad integrada permite afirmar que, si se consideran dentro de la actividad tanto las tareas de trabajo no remunerado como la ocupación o búsqueda de un empleo en el mercado laboral, entonces la brecha de género se estrecha drásticamente e invierte su signo: las mujeres tienen mayores tasas de actividad que los varones. Se destaca también que estas brechas de género son más agudas en el Conurbano que en el conjunto del país”.

Salvia explica que es muy diferente la situación de los momentos de expansión que los de crisis. “Las expansiones –dice– tienden a favorecer la empleabilidad de la mujeres. Mientras que los momentos de retracción hacen que todo se complejice. Durante las crisis es más complejo salir a buscar empleo y también producir los espacios de doble jornada, el trabajo remunerado y no remunerado. Eso hace que en momentos de retracción la situación sea más compleja para las mujeres y aumenten los casos de angustia, estrés o depresión”.

Tipos de tareas. El estudio, que fue coordinado por Salvia, tiene como autoras a María Rosa Cicciari, Cecilia Tinoboras y Camila Weinmann, señala que “en primer lugar, se destaca la mayor carga de tareas domésticas intensivas entre las mujeres en relación a sus pares varones residentes en el mismo aglomerado. Lo mismo ocurre con las tareas de cuidado, mientras que se vuelven más estrechas si se consideran las tareas ocasionales dentro del hogar (tales como realizar las compras dentro del hogar)”.

Agrega que “de hecho, si dentro de esas tareas se considera de manera desagregada la realización de compras y de tareas de arreglos, en esta última, los varones pasan a mostrar mayor participación que las mujeres”.

Nuevamente, las diferencias entre las clases sociales y la edad también inciden: “en segundo lugar, las mujeres de 18 años y más del Conurbano Bonaerense enfrentan también mayor carga en tareas domésticas intensivas y en tareas de cuidado que el conjunto de mujeres a nivel de todo el país”.

Realización y bienestar. El vínculo entre la obligación del trabajo no remunerado y la sensación de bienestar de las personas es otra de las conclusiones del estudio. “Entre las mujeres del Conurbano Bonaerense que solo desarrollan actividades en el mercado de

trabajo remunerado (y no tienen carga de tareas de trabajo no remunerado) todos los déficits mejoran, e incluso, son menores a los que muestran sus pares varones de igual condición de actividad. Al contrario de lo que pasa con los indicadores a nivel agregado (las mujeres se sienten peor que los varones) cuando se controla la condición de actividad y considerando solamente a la población ocupada en el mercado remunerado, las mujeres se sienten mejor que los varones”.

Y agregan que: “Asimismo, si se comparan los indicadores de bienestar subjetivo de estas mujeres con los de las que solo realizan actividades de trabajo no remunerado se verifican brechas más que significativas, las mujeres que solo se dedican a tareas de trabajo no remunerado en el hogar tienen indicadores de déficit de malestar subjetivo que llegan a triplicar a los que muestran aquellas que solo se ocupan en el mercado remunerado”.

A partir de ello se infiere también que “aquellos grupos de mujeres que han mostrado menores oportunidades de ingresar al mercado laboral y mayor carga de trabajo no remunerado en cualquiera de sus formas, serán también las más vulnerables a padecer déficits en el espacio de la subjetividad y por tanto también mayores limitaciones en el ejercicio pleno de los derechos”, concluyen.

Cambio. Agustín Salvia señala que “hay un proceso de cambio que no puede omitirse. Especialmente en las jóvenes, de participar en el mercado laboral y en mundo social e institucional. El tema es que ve cortado en sus opciones. Generalmente es el varón es el que tiene la responsiabilidad de buscar un trabajo, generar una changa. Aquí también aparece una distinción relevante desde el punto de vista sociológico: que son las mujeres las encargadas de obtener las Asignaciones Universales, las Pensiones No Contributivas. También la gestión con lo público es habitualmente una tarea femenina, mientras que conseguir ingresos suplementarios suele estar en manos de los hombres, así como el trabajo y el empleo en el campo privado es una tarea exclusivamente masculina. Esto más que producir equidades o actuar para converger, en un camino de igualdad de derechos y obligaciones, produce una forma particular de división del trabajo en los contextos de crisis. Y esta situación produce efectivamente nuevos conflictos privados en el mundo de la vida cotidiana”.

Así aparecen otro tipo de sitaciones en los sectores populares. “El hombre que no consigue trabajo es considerado poco útil. Y la mujer es la que más fáclmente accede a recursos alternativos. Incluso, a trabajos alternativos, lo cual aumenta aún más su doble jornada. Y se convierte en la gestionadora ante lo público, y al mismo tiempo, quien también debe gestionar ante el mundo del trabajo y del empleo”.

Agrega que “cuando esto no ocurre en el ámbito de lo privado, se produce una gran desazón. Allí es cuando aparece un nuevo umbral en el mundo de los derechos. Y fenómenos como las marchas de mujeres para conseguir y tener beneficios sociales. Esto está instituido, y la Anses canaliza esta cuestión. Todo esto hace que la mujer sea una fuente importante de ingresos en los hogares pobres, al mismo tiempo que queda enclaustrada en la vida doméstica”.

Maternidad y realización

Agustín Salvia matiza algunas cuestiones sobre el trabajo no remunerado. “No es que a una mujer el cuidar a su bebé y amamantarlo en el espacio privado le produzca sufrimiento. Esto es productor de una gran satisfacción. Pero cuando no es obligatorio hacerlo. Y si a eso se suman todas las tareas domésticas familiares, se constituye como una situación de mucho estrés y presión”.

“Esto nos habla –dice– de la necesidad de un cambio sobre ciertos mandatos, especialmente en las clases populares, porque las clases medias y altas van avanzando más en este sentido que las clases populares”.

Las clases medias y altas van avanzando en tareas no remunerativas como parte de las tareas del varón, como su responsabilidad o del compartirlas como partes de la necesidad del conjunto familiar de hacer justicia con aquellas tareas que el mercado no valora, pero son necesarias. Esto es algo que no avanza en los sectores populares.


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