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el siglo de la mujer?

Víctimas y victimarias entre la barbarie y el machismo

Femicidio y trata, pero también infanticidio: la existencia de las mujeres en la segunda década del siglo XXI se desarrolla en un escenario contradictorio, en el que el patriarcado sigue dominando.

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Todo parecía indicar una marcha sin obstáculos hacia el futuro. Todo señalaba que se asistía a los mejores años del siglo de la mujer, que se estaba por alcanzar aquella buscada liberación femenina. Sin embargo, avanzada esta segunda década del siglo XXI, la existencia de las mujeres atraviesa acontecimientos que se desarrollan en las cercanías de la barbarie. Basta mirar las páginas de policiales de cualquier diario de la Argentina. Trata de mujeres realizada mediante el secuestro de personas para esclavizarlas en la prostitución, cuando no la muerte. Femicidios realizados con brutalidad pasmosa y hasta con nuevas técnicas. Infanticidios producidos por esas mismas mujeres sometidas a la oscuridad. ¿Asistimos a un retroceso de características históricas de los derechos de la mitad del mundo? ¿Qué significa que convivan mujeres presidentas con las grietas que acorralan a mujeres de todas las clases sociales? ¿Es una impasse solamente o la comprobación de la imposibilidad del avance femenino? ¿O hay posibilidad de que la cuestión de género se introduzca en los imaginarios y en las acciones del Estado para transformar este estado de las cosas?

Machismo y barbarie. “A la par del avance de las mujeres en la obtención de derechos, se agudizaron las manifestaciones no sólo del machismo, sino también de la barbarie que conlleva toda discriminación llevada al paroxismo, como el asesinato en los casos de femicidio –reflexiona Eugenia Zicavo, doctora en Sociología e investigadora–. La ‘violencia de género’ alude a un tipo específico de violencia que tiene sus raíces en las relaciones dominantes existentes en una sociedad, en este caso, la patriarcal. Una sociedad en la que, hasta no hace tanto tiempo, las mujeres tenían el estatuto legal de los niños, no podían votar ni ejercer la patria potestad sobre sus propios hijos, y eran propiedad de sus padres y/o maridos, siendo incluso moneda de cambio entre ellos. Hoy las mujeres tienen igualdad de derechos en el papel pero sus cuerpos siguen siendo un terreno de batalla: violaciones, casos de trata, maltrato sistemático, violencia doméstica y más en la que los cuerpos sexuados se muestran en su más plena desigualdad, unos sometidos, otros sometedores, situación que, lejos de estar determinada por la biología, se construye a partir de una socialización que minusvalora a unas y hace de la violencia un atributo de poder para otros”. Una violencia que se registra en todos los sectores, que se internaliza en la mujer y que puede llevar al hecho demencial del asesinato de los propios hijos. Así, Priscila Leguiza, de 7 años, fue asesinada a golpes por su madre en el popular barrio de Berazategui, pero también es cierto que Adriana Cruz había matado a su hijo de seis años en su casa ubicada en un country de San Vicente. Una barbarie que no parece detenerse ante los muros de clase.

“El derecho de pernada sigue existiendo –afirma la escritora Selva Almada, que retrató el interior en su celebrada novela Ladrilleros–. Pero no es necesario escarbar en las sociedades de las provincias para encontrar machismo y misoginia. Lugares tan contemporáneos como las redes sociales son espacios para una exhibición de los vicios del patriarcalismo. Me asombra leer a gente de treinta y pico de años, sobreeducados y seguramene criados por madres de la generación de los 60 o 70, que reproducen los tópicos del machismo más vulgares. La estructura de la sociedad es patriarcal, y esto se reproduce en sus instituciones. El otro día fui a un acto en la escuela de mi sobrino y las maestras contaban cómo los nenes habían aprendido las señales de tránsito, mientras las nenas habían jugado a ir de compras. Hubo grandes avances legales y de obtención de derechos, pero éstos confrontan con un imaginario patriarcal que rige la sociedad”.

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La filósofa Esther Díaz, especialista en Michel Foucault y los dispositivos de control de las comunidades contemporáneas, también se distancia de la aprobación de leyes como método para entender la sociedad: “Por más leyes que existan, si no hay un contenido que las refrende, no sirven. Si no cambian las estructuras profundas de la sociedad no habrá avances, sino que se retrocederá, y hay casos espantosos que son fruto de ese retroceso. Nietzsche decía que no hay peor sometedor que el sometido, y tal vez se pueda buscar en estas palabras un sentido a los casos de infanticidio producidos por madres tan cansadas del sometimiento cotidiano que perciben”.

—Sin embargo, hubo avances en los derechos de la mujer, ¿qué sucede hoy?
—Los cambios se dieron tristemente no por logros militantes, sino por cuestiones económicas. Las mujeres que eran encerradas para trabajar en las fábricas fueron liberadas porque no era beneficioso económicamente alimentarlas y hacerse cargo de ellas, a la vez que convenía que se hicieran consumidoras, además de obreras. Por eso digo que además de las leyes se debe recurrir a la micropolítica para lograr transformaciones, para derrumbar el sometimiento internalizado. Yo fui una mujer golpeada, alguna vez aquel marido me dejó la cara borrada. Cuando me vio mi madre, me dijo: “Te lo estabas buscando”. Esa violencia estaba naturalizada. La lucha debe ser desde abajo de la tierra, porque esas estructuras son muy duras de romper. Nietzsche hablaba de una filosofía del martillo, porque había mucho que quebrar. Marx decía que todo lo sólido se desvanecía en el aire, debemos pensar cómo desvanecemos el patriarcado, y para eso tenemos que verlo desde adentro.

“En cierto momento un sector del feminismo pensó que los cambios de la mujer corrían por una cuerda separada de los cambios sociales, hoy asistimos a la refutación de esa idea, a la comprobación de que es una ilusión –dice la periodista Olga Viglieca, investigadora de la cuestión de la mujer–. Más que nunca la situación de las mujeres demuestra que se vuelve apremiante cambiar las relaciones sociales. A diferencia de Hobsbawm, que planteó que era el siglo de las mujeres, podemos decir que asistimos a la época de la inmolación de Eva. Nunca las mujeres fueron tan asesinadas y extinguidas como en el siglo XX, tanto en las redes de trata como a través de los abortos preventivos de mujeres, tan comunes en China o India. Sin embargo, quienes se aterran de la situación de las mujeres en el mundo islámico deberían pensar cómo se planifica el mundial de Brasil con mujeres y niñas secuestradas para la trata. Deberían pensar en cómo la trata sigue la misma ruta de la soja o de la minería.

—¿Hay un retroceso del movimiento de la mujer?
—En los 70 hubo manifestaciones de un millón de mujeres en Italia que reclamaban, también, por el derecho al orgasmo. Hoy la idea del placer y del deseo desapareció del ámbito de las reivindicaciones del movimiento de la mujer. Sin embargo, la posibilidad de reclamar derechos en el campo del trabajo así como la lucha por el derecho al aborto y toda otra reivindicación de género sigue vigente. Sin embargo, se debe volver a aquella idea que indica que la mujer no podrá ser libre hasta que no se hayan abolido otras opresiones”.
La barbarie que aqueja al género femenino está intrínsecamente relacionada con la amenaza de barbarie que circunda al capitalismo.
Quizás la transformación social sea la clave para desvanecer en el aire las sinrazones del patriarcado y del machismo.