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Climatización de ambientes: los errores más comunes al utilizar persianas en verano

Bajar las persianas alicantinas a primera hora de la mañana parece lo lógico, pero muchas veces se consigue justo lo contrario de lo que se busca.

Persianas alicantinas
Guía | Aguacate

El problema no está en el tipo de persiana, sino en cuándo y cómo se maneja. Como las de cualquier fachada del Levante, las persianas alicantinas de Puntogar comparten un mismo diseño pensado para una lógica de aire y sombra que casi nadie aprovecha del todo. Saber a qué hora actuar puede cambiar varios grados la temperatura de casa sin tocar el aire acondicionado.

El error que comete casi todo el mundo

Cerrar la persiana entera nada más levantarse y no volver a tocarla en todo el día es el fallo más extendido. La intención es buena: bloquear el sol antes de que apriete. El efecto, en cambio, suele ser el contrario.

Una persiana baja frena la radiación directa, sí, pero sellar la casa desde las ocho de la mañana corta la ventilación en el único momento en que el aire de fuera está más fresco que el de dentro. El resultado es un ambiente cargado, con el calor de la noche anterior atrapado y sin vía de escape.

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Conviene recordar algo básico: la persiana no enfría. Lo que hace es gestionar la luz, la sombra y el paso del aire. Si se usa como una tapa hermética, lo que se guarda dentro es el bochorno.

Primero, entender por dónde entra el calor

El calor llega a una vivienda por dos caminos. Uno es el sol que golpea directamente el cristal; el otro es el aire caliente del exterior. La clave de todo está en saber en qué momento del día domina cada uno.

De madrugada y a primera hora, la calle está más fresca que el interior. Ese es el momento de abrir de par en par y provocar ventilación cruzada: ventanas enfrentadas abiertas para que la casa expulse el aire caliente acumulado y entre el fresco de la noche.

En cuanto la temperatura de fuera empieza a superar a la de dentro, a media mañana, se invierte la regla: hay que cerrar para conservar ese fresco que se metió. El ritmo correcto, es casi al revés del instinto. Se abre temprano, cuando refresca, y se cierra a medida que el día calienta.

¿A qué hora bajar las persianas alicantinas según la orientación?

No todas las ventanas se cierran a la vez, y acá está el matiz que marca la diferencia. Las persianas alicantinas se bajan siguiendo el recorrido del sol, no de golpe a la misma hora.

Las ventanas orientadas a levante reciben el sol fuerte entre las ocho y las once: son las primeras que conviene bajar a media mañana. Las que dan al sur sufren el mediodía. Y las de poniente son las peores, con el sol más castigador entre las cinco y las ocho de la tarde.

El error habitual es reaccionar tarde. Si esperas a notar el cristal ardiendo para bajar la persiana de poniente, la habitación ya ha absorbido ese calor y te costará horas sacarlo. Lo eficaz es anticiparse: dejar esa zona en sombra antes de que el sol llegue, no cuando ya está dentro.

La posición a media altura: el truco que solo permite este tipo de persiana

Acá es donde la persiana de lamas de madera y cuerda saca ventaja a una enrollable convencional. Una persiana maciza obliga a elegir entre todo o nada: o tapas y te quedas a oscuras y sin aire, o abrís y entra el sol.

La persiana tradicional, en cambio, permite dejarla a media altura con las lamas inclinadas. Así bloquea el sol directo pero deja pasar una corriente de aire por debajo y entre las tablillas. Es la posición ideal para las horas en las que querés sombra sin convertir la habitación en una caja cerrada.

Hay un detalle extra que casi nadie usa: separarla unos centímetros del cristal crea una pequeña cámara de aire que frena buena parte del calor antes de que entre. Sombra sobre la fachada y ventilación al mismo tiempo, justo para lo que se diseñaron estas persianas hace generaciones.

Un gesto pequeño con un efecto grande

Lo mejor de todo esto es que no cuesta dinero. No hace falta cambiar nada ni instalar nada nuevo: basta con leer la orientación de cada ventana y ajustar la hora a la que se actúa sobre cada persiana.

A lo largo de un verano entero, ese cambio de rutina se traduce en varios grados menos dentro de casa y, de paso, en una factura de aire acondicionado más baja. Pequeños hábitos, gran diferencia.

La próxima ola de calor será la prueba: dirá si las persianas alicantinas de tu casa están trabajando a tu favor o, sin darte cuenta, en tu contra.