ESPECTACULOS
NAZARENO CASERO

“Empezás a ser vos en lo virtual”

Estrena por primera vez en castellano Bebé Reno, la obra de Richard Gadd, en el Paseo La Plaza. Un unipersonal intenso sobre acoso, vínculos y exposición digital que interpela los límites entre lo real y lo virtual.

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Se podría decir que la ductilidad de Nazareno Casero lo llevó a interpretar Cara de fuego de Marius von Mayenburg en el 2007 y mucho más cercana la comedia Jardines salvajes. Ahora enfrentará uno de los desafíos más buscados por los intérpretes: un unipersonal. Desde el 28 y todos los martes encarnará a Bebé Reno del dramaturgo y actor escocés Richard Gadd, en la sala Pablo Neruda de La Plaza, con dirección de Indio Romero. Varios conocen la historia ya que el mismo creador europeo la llevó a Netflix saltando a la fama gracias a la repercusión que tuvo esta ficción, basada en hechos reales.

—¿Habías visto la serie? ¿Te influyó a la hora de aceptar?

—Vi la serie en su momento y cuando me hablaron de esta historia que es anterior a la serie, porque primero fue obra de teatro, acepté. Me pareció que estaba buenísima y dije: “vamos para adelante.” Cuando llegó el libro la sentí muy intensa, desde la dramaturgia, cómo escribe el autor y lo que busca contar con la historia. Fue una propuesta muy seductora.

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—¿Te afecta pensar que fue una historia real?

—Creo que le da un marco de verdad en este momento en donde todo está tan inventado. Empezamos a perder noción de qué es verdad y que no. Mirás videos y es difícil saber si intervino la inteligencia artificial o no.

—¿Cuál es el mayor desafío como actor?

—Es saber que estaré solo en el escenario y la cantidad de letra que tiene la obra. También lo que cuenta desde la soledad de este relato y que debo ponerle el cuerpo y jugarla. En mi cabeza pienso en la gente que vio la serie y todo el tiempo tengo un espejo. Me parece un desafío enorme. Además hay que inventar un universo desde el unipersonal.

—La obra muestra a un actor que es acosado, víctima de una mujer…

—No deja de ser una relación, porque de alguna manera abre esa puerta él. ¿Hasta dónde uno permite? ¿En qué momento uno tiene que saber hasta dónde entra el otro? ¿Cuándo una relación se vuelve tóxica? ¿Hasta dónde vos sos cómplice? Después es muy difícil empezar a culpar a quién. ¿Quién es culpable? En ese juego empezás entre comillas a acusar. Creo que la obra te deja pensando. De alguna manera el texto también refleja las presiones que recibimos con las redes, con todo lo tecnológico, que fueron avances, pero al mismo tiempo nos han quitado libertades.

—¿Las redes cobran mucha importancia en este acoso?

—Ya son parte de nuestra vida. Lo que pasa en internet de alguna manera nos repercute directamente. Uno puede poner un límite, pero también la realidad es que sucede y es tu vida. Empezás a ser vos en un mundo virtual, pero no dejas nunca de serlo y te representa, te golpea y te significa.

—Aparecen muchas horas en mensajes y eso fue real: ¿le sucedió al actor y escritor?

—Sí, casi todo es cierto. Te lleva puesto y de golpe estás viviendo y sufriendo en carne propia. Es un llamado telefónico, un email, una presencia que no está en persona, pero que te repercute como tal.

—¿Sufriste alguna vez acoso de este tipo?

—No. Persecuciones, así directamente la verdad que por suerte no. También es ahí que empezás a entender y decir qué importante es poder poner un límite, saber hasta dónde y qué quiere uno. Hasta acá el juego, hasta acá no, esto no nos puede sobrepasar. Sí conozco relaciones tóxicas, enfermizas de gente que uno ve y no entiende cómo se hacen doler. No es sencillo, ni fácil. Entonces, sí me hace ver lo cerca que está y lo cerca que pican las balas.

—¿La sentiste en algún momento alejada en el sentido de que ocurre en otro país?

—Tenemos nuestros espacios en Argentina, porque nosotros somos bastantes especiales, con las relaciones, los límites y la confianza. Hay algo de la idiosincrasia del autor, que tiene otra manera de comportarse, vivir y relacionarse. Pero refleja la vida de un comediante, que trata de sobrevivir de una profesión que todos sabemos que es muy inestable. Él puede transformar todo lo que le sucede y contarlo en una obra, plasmarlo, abrirlo y hacer la confesión: de alguna manera lo salva el arte.

—¿Crees que la ficción ayuda a la vida?

—Sí, el arte ayuda a la vida. Él pudo transformar lo que le pasó en una obra que no solamente contó lo que le estaba pasando, sino que lo hizo triunfar y lo catapultó al mundo. Pudo transformar lo que lo estaba enfermando en la cura.

—¿Sentís algún paralelismo con Richard Gadd?

—No directamente. Creo que puedo poner un límite antes en otro momento, de otra manera. No sé hasta dónde podría vivir algo similar, pero en realidad me parece que uno lo ve lejos, pero no está tan lejos. Una situación así te puede llevar puesto, pero hay algo también de la idiosincrasia, en la forma de ser nuestra y en cómo vivimos nuestro día a día.

—Interpretaste otro texto muy fuerte junto a Belén Blanco en Cara de fuego en el 2007. ¿Te gustan los desafíos?

—Me parece que hay algo atractivo en las historias que por ahí están alejadas de la vida de uno. Es lo que más me gusta de actuar o de jugar en un escenario o en una película, hacer otra vida totalmente diferente a la mía. Atreverse y ver qué sucede, es como de golpe abrir una ventana y mirar por un paisaje que no es el tuyo, pero tenés que habitarlo.

—¿Cómo es el trabajo con el director?

—Romero además de ser director, es maestro de teatro. Cada ensayo es una búsqueda muy intensa, fuerte y estoy aprendiendo. Viendo recursos que por ahí uno no tiene en cuenta o no sabe. Siento que habrá modificaciones a partir de las funciones, iremos probando. Hay algo experimental en esta obra. Hay que subrayar que hasta ahora este texto sólo lo hizo Richard Gadd en esa ocasión que la presentó y después nadie más la interpretó en ningún lugar del mundo. Se estrenó en un festival en Edimburgo y después saltó a la serie.

—¿Qué es lo que pretendés en esta etapa de tu vida?

—Seguir disfrutando, aprendiendo y haciendo lo que me gusta, además de poder elegir. De alguna manera la responsabilidad es otra, pero en principio la matriz es más o menos la misma, seguir para adelante, desarrollándome como actor, como artista, disfrutando y divirtiéndome.

—Hay una cartelera con comedias, musicales y esta propuesta no parece responder a esas líneas…

—La plaza teatral que es Buenos Aires me parece que es una bomba, de alguna manera hay muchas propuestas. No sé en cuántos lugares del mundo sucede esta cantidad de ofertas. Se le da mucha importancia a lo que pasa en la avenida Corrientes y sus alrededores, pero hay mucho más teatro en toda la ciudad y es muy pujante. Creo que es muy bueno que haya todas estas opciones, para poder participar.

—¿Te faltó interpretar textos clásico universales o argentinos?

—Siento la falta de no haber tenido una formación académica real. Algunas herramientas con las que no cuento, de golpe las estoy aprendiendo ahora. Mi director me da clases intensivas para que pueda contar con esos recursos

—¿Tenés cábalas?

— (Se ríe) No, sólo no rompo las que existen en el teatro. No voy a llegar con una remera con una serpiente amarilla, ni silbando a la escena o entre camarines. Sólo eso.

—¿Cómo sobrevive un intérprete en la Argentina?

—Trabajando, adaptándose, reinventándose, explorando distintos canales de expresión, para mostrarse. Creo que nadie escapa de la realidad de todos los argentinos que tienen que sobrevivir de alguna manera entre algunas vicisitudes que hasta a veces se nos hacen cotidianas, aunque las naturalizamos. Tengo la suerte de que me gusta la actuación y la conducción. Pude explorar otros medios de comunicación. Hay que sabe reinventarse.