Con Plateada, su flamante disco, Florencia Ruiz tiende un puente hacia el pasado y celebra su larga y fructífera historia con la música. Ya pasaron 25 años del lanzamiento de Centro, un álbum debut de apenas 17 minutos que alcanzaron para dar una prueba contundente de la aparición de una voz muy singular y de un talento indiscutible en el universo gigante de la música popular argentina. Aquella primera obra, breve y concentrada, condensaba una sensibilidad que con el tiempo se expandiría en discos, colaboraciones y búsquedas estéticas siempre inquietas.
“El punto de partida fue el espejo entre este nuevo disco y aquel que grabé en el 2000 –cuenta ella–. Entrar y salir, darlo vuelta, mirarme e intentar encontrar aquella que fui en esta que soy hoy. Centro me proporcionó la estructura con sus tres líneas instrumentales y temáticas. Me subí a eso, intenté copiarlo, algo que me facilitó el proceso de composición y grabación. La idea de encontrar formas de contar y componer distintas sobre esa misma estructura fue un gran motor. El valor agregado es el de haber podido contar con músicas y músicos con quienes siempre soñé tocar y que son parte vital de mi historia con la música”, completa. Esa idea del espejo no es sólo un recurso conceptual: funciona como método, como disciplina y también como desafío personal frente al paso del tiempo.
Plateada presenta un auténtico seleccionado de invitados y es el primer disco de Florencia Ruiz donde su voz no es la única en las canciones. En Calandria (2023), su trabajo anterior, también tuvo socios de lujo (Hugo Fattoruso, Mono Fontana, Claudio Cardone, entre otros), pero abocados únicamente a la instrumentación. Esta vez, artistas como Fernando Cabrera, Liliana Vitale y Mavi Díaz aportan sus voces para sumar bellos matices a un repertorio inspirado, heterogéneo, muy sólido. La decisión de abrir el canto implica también abrir el sentido: cada timbre amplía la emoción y transforma las canciones en diálogos.
Mariano “Tiki” Cantero y Antonio Druetta integran el “power trío” que Florencia armó para los cuatro temas con mayor energía sonora del álbum. Y en el resto colaboran amigos como Hugo Fattoruso, Caro Cervetto, Ariel Minimal, Elizabeth Ridolfi, Quique Sinesi, Seba Landro, Claudio Cardone y Leo Maslíah, el primer ídolo de la anfitriona de este disco pensado como ritual de celebración. Más que una lista de nombres propios, el álbum traza una red afectiva que da cuenta de un recorrido sostenido, de vínculos construidos en escenarios, estudios y giras.
Florencia también recurrió a YouTube, el gran archivo de la memoria cultural de esta era digital, para reencontrarse con Rosa… de lejos, la famosa telenovela de los años 80 protagonizada por Leonor Benedetto que marcó a toda una generación de argentinos. De esa experiencia atravesada por la nostalgia nació “El tropiezo”, el track 3 de Plateada. “Se me ocurrió que podía hacer un bolero en el que también pudiera desplegar el humor que caracteriza a Leo Maslíah, mi primer ídolo –explica–. A mí me gusta reírme, hacer chistes, pero en general eso no aparece en mis canciones. La música me suele salir más solemne. La idea original era hacer un tema con guitarra y voz, pero Leo le sumó un Rhodes mortal y quedó precioso”. Esa mezcla entre memoria popular y refinamiento musical confirma su capacidad para transformar referencias personales en materia artística.
Ahora se viene la presentación oficial de Plateada: el sábado 21 de marzo en el Cultural Thames (Thames 1426), un show con varios invitados, claro, para el que ya están a la venta las entradas. “La premisa de este concierto y de este disco es celebrar, agradecer –sintetiza Flor–. Es el que más disfruté planificar, componer y grabar de toda mi carrera”. La escena en vivo será la extensión natural de ese espíritu colectivo, con arreglos que prometen nuevas capas y momentos de encuentro entre generaciones de músicos.
Y después llegará una gira europea de doce fechas que incluye presentaciones en Madrid –donde estuvo hace poco y brilló en un coqueto bar del popular barrio La Latina–, Berlín y Lisboa, además de dos festivales, espacios que son valiosos para un artista independiente argentino que llega a España porque equivalen a la posibilidad de encuentro con un público numeroso y diverso: primero el “Barnasants” (10 de abril), dedicado a la canción de autor y organizado por Casa América Catalunya, donde tocará con el gran guitarrista Quique Sinesi, hoy radicado en Alemania, y apenas unos días después, el “Abrilparavivir”, también centrado en la canción de autor, pero en Granada, en el sur español.
El camino de Florencia Ruiz con la música continúa. Ya lleva 25 años. Plateada es nada más y nada menos que una nueva estación para partir hacia nuevas aventuras. Un disco que mira hacia atrás para proyectarse hacia adelante, que celebra lo recorrido sin renunciar al riesgo. El tiempo no para, conviene aprovecharlo así.
Un momento difícil para la cultura
A.L.
En lo que va del gobierno de Javier Milei, todo el ámbito cultural ha entrado en crisis. La estrategia libertaria está basada en ataques en redes sociales, desfinanciamiento, vaciamiento de instituciones importantes, desaparición de espacios… La cultura pensada como un enemigo. Y la música no es la excepción: el apoyo estatal para que los artistas independientes puedan desarrollar sus carreras menguó notablemente mientras un ejército de trolls paradójicamente financiados con recursos públicos (y con algunos colaboradores voluntarios cuyo único combustible es un enfermizo resentimiento, claro) monta insólitas campañas de desprestigio contra figuras que justamente no son las que más necesitan esas ayudas (los casos de Lali Espósito y Pablo Echarri, por citar dos elocuentes, están entre los más significativos).
“Es una tremenda desgracia tener que tolerar esta realidad que nos golpea a todos, no solo a la cultura –opina Florencia Ruiz–. Todo está desmembrado. Pero creo que no hay que bajar los brazos, hay que seguir haciendo. Hay una ignorancia muy grande en este gobierno, por eso se desató esta crisis. Me apena ver que proyectos artísticos que podrían funcionar muy bien no funcionan tanto porque no hay público, no hay turismo. Se nota mucho que la gente recortó sus gastos en consumos culturales. El acceso a la cultura está cada vez más complejo. Pusieron el foco en esto de ‘la guita que se robaban’, que es una pavada y una mentira. Pero yo no me dejo vencer. Insisto: hay que seguir haciendo. Yo voy a seguir teniendo mi conexión con la música y el deseo de alimentar el deseo”.