Griselda Siciliani viajó a México para participar de los Premios Platino en uno de los momentos más singulares de su carrera. Mientras sigue recibiendo el impacto de lo que significó Envidiosa, la serie que se transformó en un fenómeno internacional y la convirtió en una figura reconocible mucho más allá de la Argentina, la actriz también atraviesa una etapa de expansión artística. Será ella quien diga a PERFIL: “Es difícil elegir solo un átomo de todo lo que pasó con Envidiosa. Pero ahora, estando acá con Emilio, pienso mucho en algo que me conmovió muchísimo: el reconocimiento masivo de mis colegas, de mis amigos, de actores, de técnicos. Como si todos se hubieran apropiado un poco de lo que pasó. Me da vergüenza repetirlo porque suena medio cursi, pero fue realmente un abrazo total de la propia comunidad”.
La repercusión de la serie se convirtió en uno de los fenómenos audiovisuales más comentados de los últimos tiempos. Más allá de las métricas de audiencia o de la velocidad con la que circulan hoy los contenidos en las plataformas, Envidiosa logró algo cada vez menos frecuente: instalar una conversación. El personaje de Vicky se volvió tema de discusión, de identificación y de análisis. Hubo espectadores que se sintieron reflejados, otros que la rechazaron y muchos que encontraron en ella una representación incómoda de ciertas obsesiones contemporáneas. La serie trascendió la pantalla para transformarse en parte de una conversación pública que atravesó generaciones y fronteras.
Y va a sumar, dejando en claro el alcance global de la producción de Netflix que acaba de finalizar: “Y después pasa algo muy extraño y muy emocionante con el alcance que tuvo. Estamos acá en México, pero también me pasó en Italia, en Brasil. Uno no se imagina eso hasta que está caminando por Calabria y de repente alguien te reconoce. Ahí entendés que pasó algo realmente enorme”.
PREMIOS. Su presencia en los Platino también confirma el peso que las producciones argentinas siguen teniendo dentro del panorama iberoamericano. Convertidos en uno de los principales puntos de encuentro de la industria audiovisual en español y portugués, los premios funcionan además como una vidriera para proyectos futuros y nuevas asociaciones creativas. Siciliani participa de ese escenario en un momento particularmente fértil de su carrera, con nuevos desafíos ya en marcha y varias posibilidades abiertas para los próximos años.
Pero quizás lo más interesante sea aquello que el fenómeno dejó puertas adentro. Porque más allá de la popularidad, de las repercusiones y de los viajes, la actriz encontró en Vicky una experiencia artística transformadora. Será ella quien hable del personaje desde un lugar más íntimo. ¿Qué le dejó profesionalmente una creación que marcó un antes y un después en su carrera?
Siciliani responde: “A partir del personaje descubrí una manera de trabajar, una capacidad de trabajo y de entrega que quizás no sabía que tenía. Y eso para mí fue muy personal, muy particular. También apareció algo muy fuerte con la danza y con el cuerpo, algo que siento como un verdadero hallazgo. Hay algo en esa mezcla entre actuación, movimiento y exposición emocional que para mí se abrió muchísimo con este proyecto”.
La relación entre actuación y cuerpo aparece como uno de los aprendizajes más importantes de esta etapa. A lo largo de los años, Siciliani transitó registros muy distintos, pero el proceso de Envidiosa parece haber profundizado una búsqueda particular ligada al movimiento, a la presencia física y a una exposición emocional más intensa. Son descubrimientos que muchas veces permanecen invisibles para el público, pero que modifican profundamente la relación de un intérprete con su oficio.
FUTURO. La actriz ya está inmersa en nuevos desafíos. En pocas semanas estrenará Boîte, el espectáculo que protagonizará junto a Carlos Casella en La Trastienda. La propuesta recupera el espíritu de las antiguas boîtes desde una mirada contemporánea, mezclando actuación, música, humor, sensualidad y performance. Para ambos artistas representa además un nuevo capítulo en una sociedad creativa que ya produjo experiencias tan inclasificables como celebradas.
Al mismo tiempo, Siciliani prepara una nueva etapa audiovisual que incluye un proyecto junto al director español Álex de la Iglesia. Aunque los detalles todavía son escasos, la posibilidad de trabajar con uno de los realizadores más personales del cine europeo suma un nuevo desafío a una trayectoria caracterizada por la diversidad de registros y formatos.
El presente parece resumir una característica que atraviesa toda su carrera: la imposibilidad de quedarse quieta. Y sostiene: “Ahora tengo ganas de hacer otras cosas también. Quizás algo más pequeño, más íntimo. Vengo de experiencias enormes y maravillosas, pero también siento la necesidad de encontrarme en otro tipo de espacio creativo”.
Después de un fenómeno tan grande como Envidiosa, la búsqueda parece apuntar en dirección contraria. Menos escala y más intimidad. Menos ruido y más tiempo para desarrollar procesos creativos propios. Es una inquietud que suele aparecer en artistas que atravesaron experiencias masivas y que sienten la necesidad de volver a encontrarse con zonas menos expuestas de su trabajo.
La escritura aparece entonces como una posibilidad concreta. No necesariamente como un abandono de la actuación sino como una extensión natural de la necesidad de crear. “Estoy escribiendo un poco y pensando mucho en eso. Me interesa poder dedicar tiempo real a crear algo, estar meses trabajando con alguien, componiendo algo desde otro lugar”.
La idea de contar historias propias lleva inevitablemente a otra figura fundamental en su vida. “Sí, me gustaría escribir y contar algo propio. Muchas veces hablo de eso con mi hermana Paulina, que es una persona a la que admiro muchísimo. Compartimos muchas ideas, muchas maneras de mirar las cosas y ojalá en algún momento podamos crear algo juntas”.