Dr. Federico Quintana, ¿Cómo fueron los inicios en tu profesión?
Durante varios años trabajé en terapia intensiva, una experiencia que me dio una formación clínica muy sólida, pero también me permitió observar que muchas veces la medicina se concentra en resolver una enfermedad puntual sin alcanzar a comprender todo lo que ocurre alrededor de la persona.
Mi acercamiento a la geriatría también nació de una experiencia personal. Mi abuela tuvo demencia y, como familia, atravesamos distintas etapas de cuidado, primero en su casa y luego en residencias, muchas veces con la incertidumbre y la angustia de no saber cuál era la mejor decisión. Fue mi madre quien me sugirió acercarme a la geriatría. Al comenzar a recorrer ese camino comprendí que no estaba eligiendo simplemente una especialidad: estaba descubriendo mi verdadera vocación y la forma en la que quería ejercer la medicina.

¿Cuáles son los servicios que brindas a tus pacientes?
Realizo atención geriátrica integral en consultorio, domicilio e instituciones. La consulta no se limita a revisar enfermedades o medicación: evaluamos memoria, estado de ánimo, movilidad, nutrición, autonomía, riesgo de caídas y contexto familiar y social.
También acompaño a las familias en la toma de decisiones y coordino el trabajo con otros profesionales cuando el paciente lo necesita. En geriatría, una indicación puede ser técnicamente correcta y, aun así, no ser adecuada para la vida concreta de esa persona. Por eso intento construir tratamientos posibles, personalizados y con objetivos claros.
¿Cuáles son tus diferenciales en el rubro?
Principalmente, el tiempo dedicado a escuchar y una mirada centrada en la persona. Prefiero atender menos pacientes y poder comprender mejor qué necesita cada uno. Dos personas con el mismo diagnóstico pueden requerir abordajes completamente diferentes según su funcionalidad, sus deseos, su entorno y el momento vital que atraviesan.
No intento adaptar a la persona a un tratamiento; intento construir un tratamiento que tenga sentido para su vida. Escuchar más permite indicar mejor, evitar intervenciones innecesarias y acompañar también a quienes sostienen diariamente el cuidado.
¿Cómo te proyectas de cara al futuro?
Quiero continuar impulsando en Tucumán una forma diferente de comprender el envejecimiento. Todavía existen muchos prejuicios y se atribuyen a la edad problemas que pueden evaluarse, tratarse o prevenirse.
Mi objetivo es fortalecer un modelo de atención interdisciplinario, formar equipos y contribuir a que las personas mayores reciban cuidados de calidad sin perder autonomía, identidad ni capacidad de decisión. Envejecer no debería significar volverse invisible.