El aprendizaje de inglés en Argentina ha estado en los últimos años estrechamente vinculado a las oportunidades laborales. Un segundo idioma se considera una herramienta clave para acceder a mejores salarios. El auge del trabajo remoto y la exportación de servicios basados en el conocimiento profundizaron esta tendencia. En la actualidad, la inteligencia artificial (IA) aparece como un nuevo actor en este proceso.
Las herramientas basadas en IA permiten practicar conversación, corregir textos en tiempo real y simular entrevistas laborales sin necesidad de asistir a clases presenciales. En un contexto económico en el que la capacitación continua es casi obligatoria, estas tecnologías reducen costos y barreras de acceso al conocimiento. La posibilidad de entrenar habilidades lingüísticas desde el celular o la computadora representa, además, una ventaja competitiva.
En este sentido, especialistas en educación recomiendan utilizar la IA como complemento y no como sustituto del aprendizaje activo. Entre los consejos más frecuentes se destacan: escribir primero en inglés antes de traducir, solicitar explicaciones sobre los errores y practicar situaciones reales, como reuniones o presentaciones. También advierten sobre qué evitar: depender exclusivamente de traducciones automáticas o prescindir de la interacción humana, factores que pueden limitar la fluidez y la comprensión cultural.
Para utilizar la IA de manera eficiente en la práctica del idioma, se recomienda escribir primero en inglés —aunque sea con errores— y corregir después. Traducir desde el español y copiar el resultado final desaprovecha el potencial de la herramienta. En cambio, solicitar correcciones y explicaciones promueve un uso activo de la IA, fortalece la memoria y mejora la comprensión. Reescribir la versión corregida permite consolidar el aprendizaje.
La regla general es clara: cuando la IA realiza la mayor parte del trabajo, el aprendizaje se reduce; en cambio, cuando la producción es mayormente propia y la tecnología cumple un rol de guía y corrección, el progreso resulta más significativo.
Desde una mirada social, el acceso desigual a la tecnología y a la conectividad continúa marcando diferencias. Sin embargo, la expansión de los dispositivos móviles amplió las posibilidades de formación autónoma. En 2026, la pregunta ya no es solo cómo aprender inglés, sino cómo aprovechar herramientas como la IA para transformar trayectorias laborales. Y en ese cruce entre idioma, tecnología y economía, todavía queda mucho por aprender.
Mariana Lorenzi
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