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IDEAS / Venezuela
viernes 25 enero, 2019

Romper la opresión chavista a kilómetros de distancia

¿Cómo viven la crisis los venezolanos que se fueron de su país? Un periodista que dejó su tierra para instalarse en Argentina relata su experiencia.

por Yordi Piña

venezolanos reunidos en la plaza del teatro colon Foto: Noticias argentinas

¿Cómo puede un ciudadano venezolano en el exterior expresar su deseo por un urgente cambio político en su nación? ¿Qué pueden hacer quienes, víctimas de una crisis social, política y económica, construyen hoy en otros países una nueva vida y demandan soluciones a una crisis estructural? ¿Cuánto pueden sumar ahora como migrantes a las decisiones tan cruciales que por estos días tiene al mundo entero en vilo?

Sobran ejemplos de cómo diáspora venezolana diseminada hoy en todo el mundo, y en especial la radicada en Argentina -vale decir, la misma de quien esto redacta-, ha alzado su voz para rechazar la gestión de Nicolás Maduro en los últimos años. Pero la expresada este 23 de enero cobró una dimensión distinta a la habitual, luego de que el opositor Juan Guaidó asumiera como Presidente encargado, respaldado en el artículo 233 de la Constitución del país.

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Ese día, en la Plaza del Vaticano de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires al menos 10 mil ciudadanos se movilizaron para acompañar las multitudinarias marchas registradas en Venezuela y otras ciudades del mundo: representó el inequívoco deseo por librarse del régimen de Maduro y avanzar hacia una transición democrática por la vía electoral, tal como lo indica la carta magna. Desde la capital porteña, los símbolos de una herencia cultural e histórica fueron las única herramientas de los venezolanos para exigir libertad, y gritar con brío 'muerte a la opresión y abajo cadenas', tal como reza el himno nacional del país.

La jura de Guaidó como jefe de Estado interino, justo al conmemorarse 61 años de haber caído la última dictadura del siglo XX en Venezuela, si bien permite a los ciudadanos recobrar la esperanza, también hubo unos pocos que a las afueras de la embajada del país suramericano en Argentina desconocieron las acciones del Poder Legislativo y defendieron la gestión de Maduro. Este escenario, aún por aislado en distancia a Caracas, es la expresión fiel de una nación que hoy mantiene poder bicéfalo.

Pero ahora la incertidumbre crece. Los continuos asesinatos en protestas antichavistas a manos de las fuerzas de seguridad van en escalada en Venezuela; desde el 23 hasta el cierre de este artículo al mediodía de este 25 de enero, el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social contabilizó 26 manifestantes asesinados, la mayoría ultimados en Caracas. Las fuerzas de seguridad aún leales al régimen de Maduro no han abandonado la línea de represión, lo cual mantiene preocupados a la comunidad venezolana congregada en otros países.

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El país cambió por completo

Una de las últimas coberturas que realicé como reportero en Caracas en 2015 fue sobre las condiciones de vida de familias con ingresos por debajo del salario mínimo, en medio de una generalizada escasez de alimentos e hiperinflación. En la comunidad los Balgres, ubicada en la barriada Hoyo de la Puerta, en Miranda (centro), conversé con Yesmeli Altuve, una venezolana desempleada y madre de dos niños, que sorteaba su cotidianidad con los ingresos que ocasionalmente proveía al hogar su esposo, un albañil por encargo.

En el living de su humilde hogar me contó entre lágrimas: “El lunes salí a buscar comida, pasé todo el día en la fila y no traje nada, y llegué llorando, con dolor de cabeza. Los niños me decían ‘mami, ¿qué tienes? Y yo, hijo… nada. El más grande me decía ‘no me gusta verte así, mami’. Son cosas que trato de mejorar con ellos, pero es una carga tan grande, no tengo palabras cómo decirlo. El país cambió por completo, ya no es el mismo país libre”.

El 23 enero, mientras cantaba el himno Gloria al Bravo Pueblo a las afueras del Teatro Colón junto a miles de compatriotas, pensé en Yesmeli y en cómo no podía encontrar la forma de expresar la carga en sus hombros. Era la de su hogar, sí, pero también la de un régimen que redujo su cotidianidad a una fila diaria por alimentos, a un “carnet de la patria” que controla sus movimientos y a vivir bajo una crisis económica interminable generada por gobierno que no eligió e insiste en mantenerse en el poder, con la pretensión de asesinar a quien se le oponga.

Será complejo romper la opresión chavista a kilómetros de distancia, pero por compromiso patrio, vale la pena intentarlo.

* Por Yordi Piña - Periodista venezolano residente en Argentina.


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